La incorporación de una alimentación con restricción horaria mostró resultados notables entre las participantes del estudio, ya que cerca del 80 por ciento de las mujeres asignadas a este grupo manifestó su intención de continuar con la dieta, según consignó la Universidad de Illinois en Chicago (UIC). Este hallazgo se enmarca en la investigación publicada en 'Nature Medicine', que analizó los efectos de limitar la ventana de comida a un periodo de seis horas en comparación con otras estrategias alimenticias en mujeres con síndrome de ovario poliquístico.
De acuerdo con la información difundida por la UIC, el equipo de investigación, encabezado por la profesora Krista Varady, planteó como objetivo del estudio determinar si el ayuno intermitente ofrecía ventajas sobre la reducción calórica convencional en el manejo de los desórdenes hormonales y metabólicos característicos del síndrome de ovario poliquístico (SOP). Esta condición afecta a mujeres en edad reproductiva y se caracteriza por la producción excesiva de andrógenos, especialmente testosterona, lo que se traduce en síntomas como menstruaciones irregulares, desarrollo de quistes ováricos, incremento de peso, acné, crecimiento de vello facial e incluso problemas de fertilidad.
Las opciones de tratamiento habitual para esta patología suelen centrarse en anticonceptivos hormonales, que si bien pueden resultar efectivos para regular el funcionamiento ovárico y los ciclos menstruales, también se asocian con posibles efectos secundarios que abarcan alteraciones del estado de ánimo, variaciones en la libido y alteraciones metabólicas, junto con un riesgo aumentado de accidente cerebrovascular en algunos casos, reportó la UIC.
Frente a estos posibles inconvenientes de la terapia farmacológica, la pérdida de peso ha sido considerada como una alternativa relevante para reducir el impacto hormonal del SOP. La profesora Krista Varady explicó a la UIC: "Si una mujer pierde alrededor del cinco por ciento de su peso corporal, puede ayudar a reducir los niveles de testosterona y evitar cualquier tipo de tratamiento farmacológico".
El estudio, al que hace referencia la UIC, incluyó a 76 mujeres premenopáusicas con diagnóstico de síndrome de ovario poliquístico. El seguimiento se prolongó durante seis meses y se dividió a las participantes en tres grupos: uno adoptó la alimentación restringida entre las 13:00 y las 19:00 horas; otro siguió una pauta de reducción calórica del 25 por ciento; y un tercero no modificó su dieta habitual. Ambos regímenes dietéticos (el de ventana horaria y el de restricción calórica) lograron que las mujeres consumieran un promedio de 200 calorías menos al día, lo que se tradujo en una pérdida de peso media de 4,5 kilogramos al cabo de seis meses.
Además de la reducción del peso corporal, el análisis detallado de los resultados por parte del equipo de la UIC mostró que las concentraciones de testosterona descendieron en los tres grupos sometidos a dieta. No obstante, solo la alimentación con restricción horaria logró recortar el índice de andrógenos libres, un parámetro que cuantifica la fracción activa de la testosterona disponible para actuar en los tejidos tras ser liberada de su proteína transportadora. La variabilidad de este índice resulta especialmente relevante para la expresión de los síntomas clínicos del SOP, ya que la testosterona activa interviene directamente en los procesos vinculados a la aparición de acné, alteraciones menstruales y otras manifestaciones.
Adicionalmente, la intervención basada en ventana de alimentación impactó favorablemente en la hemoglobina glicosilada (HbA1c), marcador utilizado para estimar el riesgo de desarrollar diabetes, lo que según la UIC abre la posibilidad de que esta estrategia tenga beneficios metabólicos más amplios para las mujeres con SOP.
A pesar de estos avances, la investigación no constató cambios significativos en la frecuencia de los ciclos menstruales dentro del periodo de observación. Según explicó Varady a la UIC, la permanencia a largo plazo en la dieta y la consiguiente pérdida de peso adicional podrían llegar a influir en mejoras en la regularidad menstrual, lo que requeriría estudios de mayor duración.
La profesora Varady destacó el alcance de estos resultados dentro del contexto de trabajos previos dirigidos por su equipo y otros grupos, señalando: "Este estudio, junto con otros publicados por nuestro laboratorio y otros, demuestra que el ayuno intermitente puede mejorar los niveles hormonales femeninos, especialmente en mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP)". El seguimiento de las participantes reveló una aceptación alta de la dieta con horario restringido.
La UIC remarcó que ninguna de las estrategias dietéticas empleadas en el estudio provocó efectos adversos graves, lo que permite considerar la alimentación con restricción horaria como un enfoque seguro y potencialmente útil para muchas mujeres con SOP. Según detalló la universidad, la motivación expresada por la mayor parte de las mujeres del grupo de ayuno intermitente refleja la viabilidad de esta modalidad como opción de manejo a mediano y largo plazo, aunque persiste la necesidad de mayor investigación para confirmar los efectos en otros aspectos de la salud reproductiva y metabólica.