La política comercial de Trump: un año de vaivenes arancelarios y judiciales

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Marta Garde

Redacción Internacional, 29 mar (EFE).-  El presidente de EE.UU., Donald Trump, cumplió el 2 de abril de 2025 su promesa electoral de imponer aranceles a gran escala. Desde entonces, su política comercial ha sufrido un año de vaivenes, frenada en parte por los tribunales estadounidenses y por sus efectos en la economía nacional.

Aunque Trump había anunciado ya nuevos gravámenes el 1 de febrero contra China (10 %), México y Canadá (25 %), ese 2 de abril, que el mandatario bautizó el "Día de la Liberación", extendió los aranceles a países que, según Washington, mantenían barreras comerciales contra productos y servicios estadounidenses, acusándolos de prácticas desleales.

El mínimo, previsto para agosto de ese año, era del 10 %, que en algunos casos rozó el 50 %. Esto dio lugar a una guerra comercial librada en la práctica tanto entre gobiernos como en los tribunales.

El Supremo declaró el pasado 20 de febrero que el Ejecutivo estadounidense se había extralimitado en los poderes de emergencia invocados por Trump para imponer gran parte de sus gravámenes.

Esa histórica sentencia obligó al presidente a reconfigurar su arquitectura arancelaria. En respuesta, el líder republicano anunció un nuevo arancel del 10 % vigente durante 150 días, a expensas después de una prórroga del Congreso.

La nueva tarifa, aplicada bajo la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, estará en vigor técnicamente hasta el 23 de julio. Aunque más tarde el presidente anunció que se elevaría al 15 %, miembros de su Ejecutivo supeditaron después ese aumento a la evolución de la negociación de acuerdos bilaterales.

Alex Durante, economista senior en el 'think tank' de políticas fiscales Tax Foundation, ve un patrón claro en estos últimos 12 meses.

"El presidente anuncia aranceles y luego los suaviza o en ocasiones ni los aplica. Esta dinámica es negativa por sí misma. Incluso dejando de lado el impacto real de los aranceles, el mero hecho de mencionarlos y amenazar con nuevos genera incertidumbre. Las empresas no saben a qué atenerse y los mercados reaccionan de forma muy sensible", señala a EFE.

Lo que no fue invalidado por el Supremo fueron los aranceles contemplados bajo la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que permite restricciones a las importaciones que amenacen con debilitar la seguridad nacional.

Esta sección contempla gravámenes del 50 % al cobre y del mismo porcentaje al acero, aluminio y sus productos derivados; del 25 % a los automóviles y autopartes o de esa misma cifra para ciertos semiconductores.

De forma paralela, a mediados de este marzo, Washington, bajo la sección 301 de la Ley de Comercio, inició investigaciones sobre prácticas y políticas de ciertas economías que generan un exceso estructural de capacidad productiva en sectores clave. Entre ellas, según el Registro Federal, China, la UE, México, Japón y la India.

Thiemo Fetzer, profesor de Económicas en la Universidad de Warwick, teme los efectos inesperados de esta política "muy agresiva y cortoplacista".

"EE.UU. tiene dificultades para explicar de manera coherente sus acciones a sus aliados. Esto pone en riesgo esas alianzas. La falta de claridad podría incluso provocar dinámicas de fragmentación entre socios estratégicos", apunta a EFE.

Otro riesgo es que estas situaciones escalen, con represalias cada vez más firmes.

"El orden internacional en el ámbito comercial ha afrontado dificultades durante décadas para adaptarse a los cambios". No obstante, según Fetzer, "las decisiones de EE.UU. han debilitado de manera significativa muchos de sus logros más emblemáticos".

"El impacto económico de estas medidas sigue siendo incierto", explica a EFE Daniel Mullaney, investigador en el centro de pensamiento Atlantic Council.

En los bolsillos de los ciudadanos sí se ha notado. La Reserva Federal elevó en marzo su previsión de inflación al 2,7 % este año, tres décimas más que en sus cálculos de diciembre, y una más para 2027, hasta el 2,2 %. Para su presidente, Jerome Powell, esto refleja principalmente los efectos de los aranceles.

Pero aunque se logró el objetivo de superar tasas arancelarias "nulas o muy bajas", no está claro que hayan impulsado la manufactura en EE.UU.. "Tampoco se ha conseguido reducir los déficits comerciales de forma significativa", añade Mullaney.

Este economista fue el negociador jefe de EE.UU. para el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) entre su país y la UE y ha ejercido de subrepresentante de Comercio en distintas Administraciones, incluida la del primer mandato de Trump (2017-2021).

La principal implicación de la política comercial del líder republicano, en su opinión, es que se ha pasado de una época en la que se eliminaban aranceles para impulsar la agenda económica a una en la que se utilizan como palanca para alcanzar objetivos. EFE

(Infografía)