VÍDEO: Tres semanas de guerra: Israel escala el conflicto y EEUU reclama ayuda ante posible nueva fase en Irán

El enfrentamiento en Oriente Medio alcanza un punto crítico tras las muertes de altos mandos iraníes, ofensivas a instalaciones clave y un aumento de la tensión global, mientras Washington busca respaldo internacional y considera nuevas acciones según fuentes oficiales

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Las primeras reacciones internacionales tras el ataque israelí al yacimiento de gas South Pars, compartido con Qatar en el golfo Pérsico, han puesto de manifiesto una fractura en el sistema de alianzas y una presión nueva sobre rutas energéticas estratégicas. De acuerdo con Europa Press, la ofensiva sobre esta infraestructura desencadenó inmediatamente una serie de ataques de represalia por parte de Irán, que dirigió misiles contra instalaciones energéticas en Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudí, generando inquietud por la seguridad del suministro energético global. Este escenario se suma al incremento de la tensión, después de que Israel intensificó las hostilidades, asesinando a miembros de alto rango del círculo político y militar de Irán, lo que marca una nueva fase en el conflicto en la región.

Europa Press reportó que la guerra iniciada tras la ofensiva coordinada entre Estados Unidos e Israel contra Irán, lanzada el 28 de febrero, ha alcanzado su tercera semana en una escalada significativa. A lo largo del último fin de semana, Israel dirigió ataques tanto a la estratégica isla de Jark, un punto clave en el tráfico marítimo de crudo iraní, como a figuras centrales del liderazgo iraní. Entre los fallecidos en un ataque aéreo israelí figuran Alí Lariyani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y considerado un posible interlocutor para eventuales negociaciones de paz, y Golamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij. En bombardeos posteriores resultaron muertos el ministro de Inteligencia de Irán, Esmaeil Jatib, junto a otros altos mandos de sectores militares próximos al régimen.

Las autoridades iraníes, según relató Europa Press, acusaron a Tel Aviv de buscar una “guerra económica total” y de elevar la presión no solo sobre la cúpula militar, sino sobre las infraestructuras estratégicas de energía, con el objetivo de paralizar la capacidad exportadora de la nación persa. En respuesta al ataque sobre South Pars, Doha y Mascate calificaron esta acción como “peligrosa e irresponsable”, advirtiendo que pone en entredicho la seguridad energética global. Arabia Saudí, por su parte, advirtió sobre la posibilidad de responder militarmente, indicando que su tolerancia tiene un límite ante los ataques que comprometen su soberanía y la estabilidad regional.

La escalada bélica trajo consecuencias económicas inmediatas. Tal como publicó Europa Press, los precios internacionales del petróleo llegaron a ubicarse en 114 dólares el barril, con el gas incrementando su valor al triple en tan solo unos días. Este aumento ha generado inquietud en los mercados y entre los gobiernos que dependen de estos recursos, mientras las divisiones entre Washington y Tel Aviv se hacen evidentes. El presidente estadounidense, Donald Trump, manifestó públicamente su desconcierto por no haber sido notificado anticipadamente del ataque israelí sobre South Pars. En palabras recogidas por Europa Press, Trump afirmó: “Le dije que no hiciera eso y no lo hará. No lo discutimos. Somos independientes, pero nos llevamos muy bien y estamos coordinados”, refiriéndose a su comunicación con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Tal como consignó Europa Press, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, reconoció que los objetivos de ambos países difieren. Según Gabbard, Israel centra sus operaciones en neutralizar al máximo liderazgo iraní, en particular al líder supremo y figuras de influencia militar, mientras que Washington declara buscar principalmente el debilitamiento de las fuerzas armadas y la Armada de Irán.

La fase actual del conflicto, superando los veinte días de combates ininterrumpidos, está marcada por la presión de Estados Unidos sobre sus aliados internacionales. Trump ha reiterado su solicitud para que otras naciones contribuyan con la operación, orientada a garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz, punto clave en la navegación para el comercio energético global. Hasta el momento, la mayoría de los países europeos ha declinado responder afirmativamente a esta solicitud, mientras que Japón y Corea del Sur han preferido adoptar una postura neutral. Esta negativa avivó críticas de la Casa Blanca hacia la OTAN, tildando a la organización de “tigre de papel” y acusando a sus miembros de falta de compromiso en la defensa de las rutas energéticas, de acuerdo con los informes de Europa Press.

Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón expresaron su disponibilidad para cooperar en los esfuerzos por asegurar el tránsito marítimo por Ormuz, pero subrayaron que cualquier operación naval tendría lugar únicamente cuando cesaran las hostilidades. En este contexto, el Pentágono mantiene planes de incrementar sustancialmente el presupuesto destinado a la campaña militar en Irán. Según detalló Europa Press, la administración estadounidense planea solicitar al Congreso 200.000 millones de dólares (174.100 millones de euros) para financiar la ofensiva. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, subrayó la necesidad de recursos al declarar: “Hace falta dinero para eliminar a los malos”.

La magnitud del conflicto se refleja también en el despliegue militar estadounidense, compuesto ya por cerca de 50.000 efectivos en operaciones relacionadas con la campaña contra Irán, mientras se evalúa el envío de más tropas. Europa Press añadió que Israel prepara al menos tres semanas adicionales de ataques y contempla la posibilidad de una incursión terrestre, incluyendo la toma de puntos estratégicos en la costa del golfo Pérsico y la eventual ocupación o neutralización de instalaciones nucleares iraníes. Estados Unidos no ha descartado estas operaciones, lo que podría significar un cambio profundo en la naturaleza y alcance del conflicto.

En el terreno político y comunicacional, según detalló Europa Press, Washington ha modificado sus mensajes y objetivos declarados conforme avanza la ofensiva. Al principio, se enfatizaba la posibilidad de provocar un cambio de régimen en Irán, instando a la población iraní a rebelarse contra el liderazgo religioso. Posteriormente, la retórica pasó a enfocarse en la “degradación” de las capacidades militares de Irán y la destrucción de su Armada. Más recientemente, el presidente Trump ha resaltado el supuesto peligro de las ambiciones nucleares iraníes, argumentando que Irán habría estado a escasas semanas de lograr armarse nuclearmente antes del inicio de las hostilidades el 28 de febrero.

En el ámbito de la información pública, el Departamento de Defensa ha insistido en que Estados Unidos “está ganando la guerra”. Hegseth explicó en declaraciones recogidas por Europa Press que el Ejército está logrando sus objetivos de forma decisiva y conforme al plan, desmintiendo que Washington busque involucrarse en una guerra sin fin. “Nadie puede ofrecer perfección en tiempos de guerra, pero informen de la realidad. Estamos ganando, de manera decisiva y en nuestros propios términos”, expresó. Exigió también a los medios de comunicación que reporten la información según los hechos y no se centren en “especulaciones” sobre posibles cambios de estrategia. Hegseth defendió que los objetivos estadounidenses en Irán se mantienen constantes y no responden ni a la agenda mediática ni a las expectativas internacionales o iraníes.

La tensión latente en la región se extiende al replanteamiento de la seguridad en torno a las vías marítimas y los recursos energéticos del golfo Pérsico. Los ataques a infraestructuras energéticas han suscitado preocupación entre países que dependen de la estabilidad de estas rutas, mientras crece la amenaza de una escalada militar mayor. Por ahora, el conflicto sigue provocado un alza de los precios energéticos y un reacomodo diplomático, tanto en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos e Israel como en los lazos con aliados europeos, asiáticos y actores regionales del Medio Oriente.