Trib.Un afectado por el 'caso ataúdes': "Lo de menos es el féretro, lo grave es no saber si cenizas son de tu padre"

Familias comparecen en el juicio contra la funeraria El Salvador y relatan dolorosos testimonios sobre supuestas irregularidades en las incineraciones, denunciando engaños y el profundo impacto emocional de no tener certeza sobre la identidad de las cenizas entregadas

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El testimonio de Amadeo N durante el juicio por el denominado “caso ataúdes” puso en evidencia la angustia que ha vivido al desconocer si las cenizas entregadas por la funeraria El Salvador realmente pertenecen a su padre. Según publicó Europa Press, este afectado acudió a la Audiencia de Valladolid para declarar en el proceso que se sigue contra la familia Morchón, propietaria del grupo funerario El Salvador, así como contra varios de sus empleados, quienes enfrentan acusaciones por supuesto fraude en el proceso de cremación de cadáveres y la sustitución indebida de féretros.

De acuerdo con lo detallado por Europa Press, el juicio se realiza tras la investigación abierta gracias a la denominada ‘Operación Ignis’, que salió a la luz en enero de 2019. Fue en ese momento cuando muchos familiares fueron informados, por los medios de comunicación, de que sus difuntos podrían haber sido objeto de las irregularidades denunciadas. Los declarantes han manifestado una combinación de indignación e impotencia por los hechos que se investigan, denunciando un impacto emocional significativo más allá de la posible estafa material.

Amadeo N relató que sufrió la pérdida de sus padres en 2001 y 2002 con apenas meses de diferencia. Las ceremonias de velatorio se realizaron en el antiguo tanatorio de El Salvador, situado en el Camino Viejo del Cementerio, y las incineraciones tuvieron lugar en el cementerio de Santovenia de Pisuerga. Según su testimonio, no presenció la cremación directamente, pero, al conocer las denuncias, aseguró que lo esencial no era la calidad del féretro, sino la imposibilidad de tener certeza absoluta sobre la identidad de las cenizas recibidas. Europa Press recogió sus palabras: “Lo de menos es el féretro, lo grave es no saber si las cenizas son de tu padre”.

La declaración de Fernando S.A., empresario del sector inmobiliario y administrador de una lotería en Valladolid, también fue recogida por Europa Press. Fernando denunció haber sido víctima al contratar los servicios funerarios del grupo El Salvador con motivo del fallecimiento de su padre Fidel, en marzo de 2002. Acusó a los responsables de la funeraria de haber engañado a las familias y de haber afectado emocionalmente a los familiares, manifestando: “El comportamiento de esta gente ha sido carroñero, los muertos no se merecían esto”.

Entre los relatos de los testigos, José Antonio F.L. expuso una experiencia similar tras el fallecimiento de su padre en enero de 2004. La familia decidió trasladar el cuerpo desde Villajoyosa hasta Valladolid para el entierro. En su intervención, precisó su origen mestizo, hijo de padre payo y madre gitana, haciendo hincapié en el profundo respeto por los muertos en la cultura gitana: “En la cultura gitana a los muertos se les adora, venera y respeta”. Explicó que la familia prefirió no informar del caso a su madre, de más de 80 años, para evitarle más sufrimiento. En su declaración ante la sala, explicó que los hechos conocidos después de la investigación dieron sentido a situaciones extrañas que vivieron, como la negativa de la funeraria a abrir el ataúd para que su hermana, recién llegada desde Tenerife, pudiera ver por última vez a su padre antes de la cremación. Según su versión, solicitaron repetidas veces poder despedirse y ver el cuerpo, pero el personal de la funeraria se negó, alegando que la caja se encontraba herméticamente cerrada.

José María C., otro de los comparecientes, explicó ante la audiencia que la última vez que vio el féretro de su padre fue cuando salió directo hacia el cementerio para la incineración. Su experiencia estuvo marcada por la larga enfermedad de su progenitor y la noticia posterior de que podrían haber sido víctimas del presunto fraude. Manifestó sentirse especialmente afectado al enterarse de que formaban parte de los perjudicados, según informó Europa Press.

Otros afectados, como Carlos A.P. e Inmaculada C.A., también declararon que sus padres fallecieron el 3 de enero de 2003, enfrentando posteriormente situaciones similares a las relatadas por los demás testigos. Finalizaron sus testimonios señalando las difíciles circunstancias en las que llevaron a cabo los funerales de sus familiares.

Fermín Lucas F. y Rosa María S. comparecieron en el juzgado para dar cuenta de la muerte de sus padres en enero de 2004 y en 2009, respectivamente. Rosa María S. expresó que la revelación del caso por televisión le generó incredulidad. Inmediatamente se puso en contacto con los investigadores y le confirmaron que tanto su padre como una tía estaban potencialmente entre los afectados. Al respecto, expresó: “Me pregunté entonces, ¡pero a quién estamos velando!”. Dijo que no le preocupa la posible indemnización económica futura y manifestó su intención de que cualquier compensación recaiga en una hermana con síndrome de Down.

Según recogen diversas declaraciones publicadas por Europa Press, los afectados coincidieron al remarcar que la mayor herida tiene que ver con la incertidumbre acerca de la identidad de las cenizas y el daño moral ocasionado. Los testimonios dieron cuenta de un sentimiento generalizado de traición y dolor, resaltando cómo la falta de claridad en los procedimientos funerarios puede generar un impacto emocional que trasciende la esfera legal o económica.

El juicio, que se celebra en la Audiencia de Valladolid y prevé extenderse hasta junio, ha permitido que familiares de los presuntos afectados relaten en público los hechos y las consecuencias derivadas de la investigación por la ‘Operación Ignis’. Según Europa Press, el proceso judicial apunta a esclarecer si la funeraria El Salvador y parte de sus trabajadores incumplieron con sus deberes profesionales y legales al alterar el procedimiento de incineración, cambiando féretros y generando una gran inseguridad entre las familias sobre la identidad de los restos recibidos tras la cremación.