El dilema de la filial de Al Qaeda en el Sahel: la expansión territorial conlleva beneficios y riesgos

Mientras gana terreno en regiones estratégicas, la rama de Al Qaeda en el Sahel enfrenta tensiones internas, amenazas externas y el riesgo de debilitarse por diversificarse, según advierte un informe de Crisis Group sobre la compleja situación actual

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A pesar de que los países costeros del golfo de Guinea son considerados por el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) como áreas secundarias para sus operaciones, estas zonas resultan estratégicas por servir como corredores de abastecimiento, logística y descanso para los combatientes que operan en el Sahel. La estructura interna del grupo, con una dirección central y autonomía operativa local, enfrenta el desafío de equilibrar la creciente dispersión territorial y el riesgo de fragmentación. Según informó Europa Press a partir de un informe reciente de Crisis Group, esta diversificación en la presencia territorial implica tanto oportunidades materiales y de reclutamiento como tensiones internas que podrían poner en peligro la cohesión de la organización.

JNIM nació en 2017 tras la unión de varias organizaciones yihadistas en la región, instaurando a Iyad ag Ghali como su líder. Desde sus inicios en Malí, el grupo expandió rápidamente su radio de acción a Burkina Faso y Níger, y posteriormente extendió su actividad a Costa de Marfil, Benín y Togo. En Costa de Marfil, los últimos ataques reportados ocurrieron en 2022, y desde entonces no se han detectado nuevas acciones. De acuerdo con el análisis de Crisis Group recogido por Europa Press, el crecimiento territorial del grupo no responde únicamente a un plan prediseñado por sus fundadores, sino a la combinación de factores internos y externos.

En los territorios de Malí, Burkina Faso y Níger, JNIM ha desarrollado una administración ligera que le permite ejercer control social, impartir justicia según su interpretación de la ley islámica y recaudar impuestos en distintas regiones: norte, centro, sur y oeste de Malí; norte, centro-norte, oeste y este de Burkina Faso; y suroeste de Níger. Según reportó Europa Press, la presencia del grupo se ha fortalecido en estas zonas, donde su capacidad para presentarse como alternativa a las autoridades estatales cobra especial peso dado el contexto político de juntas militares que han derrocado gobiernos civiles con el argumento de luchar contra la amenaza yihadista. La conformación de la Alianza de Estados del Sahel (AES) por estos tres países ha convertido a la AES en el principal objetivo de JNIM en la región.

El proceso de expansión hacia nuevos países se articula en dos fases: primero, una etapa donde agentes no combatientes promueven la ideología, crean redes logísticas y, en ocasiones, inician el reclutamiento; y una segunda fase en la que se suceden ataques militares sin establecer necesariamente bases permanentes ni imponer su sistema a la población local. Crisis Group señaló, según recogió Europa Press, que Benín y Togo se encuentran en etapas tempranas de este proceso, aunque la evolución de la situación en el norte de Benín podría cambiar y asemejarse a lo ocurrido en países de la AES.

La administración del grupo cuenta con un órgano central (shura), instancias intermedias para la gestión territorial y pequeñas unidades de combate distribuidas localmente. Esta estructura está pensada para coordinar de manera eficiente la actividad en áreas principales y espacios secundarios pero, según Crisis Group, la presión de mantener la expansión sin perder cohesión representa un reto significativo para sus dirigentes. Los comandantes locales promueven con frecuencia la presencia en nuevos territorios, lo que puede dificultar el control central y generar discrepancias sobre la estrategia a seguir.

Entre los beneficios atribuibles a esta expansión figuran el reclutamiento de nuevos combatientes, el control de rutas comerciales entre fronteras, la apertura de frentes para diluir la presión militar adversa y la creación de áreas de repliegue seguras. Sin embargo, estos avances conllevan la obligación de movilizar efectivos que serían necesarios para la defensa de los núcleos del Sahel, además de aumentar la probabilidad de incorporar reclutas con intereses ajenos a la organización, situación que podría derivar en tensiones internas o deserciones.

Crisis Group resaltó, según Europa Press, la inclinación de JNIM a mantener la discreción en ciertas partes fronterizas. Ahí, la prioridad radica en integrarse en la economía local antes que realizar acciones armadas que susciten represalias o vigilancia intensificada de las fuerzas de seguridad. Como resultado, en espacios como el norte de Ghana no se han registrado ataques, ya que se consideran áreas de reposo y reorganización para quienes operan principalmente en Burkina Faso. El documento elaborado por Crisis Group sostiene que los combatientes de JNIM no sobrepasan fronteras sin considerar el riesgo que implicaría activar la respuesta de estados que cuentan con capacidades de seguridad robustas, como Guinea o Senegal.

La rivalidad con Estado Islámico Sahel (ISS) influye en las prioridades geográficas de JNIM. La competencia con ISS focaliza la atención de JNIM en el norte de Benín y Togo, áreas de sobreposición operativa, en detrimento de otras como el norte de Costa de Marfil o el este de Senegal, donde la influencia de ISS resulta menos relevante. Según Europa Press, esta dinámica de competencia condiciona la expansión y la distribución de recursos de la filial de Al Qaeda en la región.

Hasta la fecha, JNIM ha evitado grandes escisiones como ha ocurrido con otros grupos yihadistas. Crisis Group observa que, aunque han surgido fricciones internas en parte debido al crecimiento territorial, el grupo ha tratado de privilegiar la consolidación de sus posiciones sobre una expansión descontrolada, buscando evitar la fragmentación y el surgimiento de facciones autónomas que puedan alinearse con organizaciones rivales como ISS. El informe consultado por Europa Press concluye señalando que la expansión mal gestionada podría aumentar el peligro de división y, por tanto, la dirigencia prioriza la unidad y estabilidad interna frente a una diversificación excesiva.

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