
El segundo ataque registrado por las autoridades ocurrió en Baalbek, en el valle de la Becá, donde los bombardeos afectados alcanzaron instalaciones de Hezbolá identificadas como bases para la coordinación de operaciones contra Israel. Según informó la agencia estatal libanesa NNA, los ataques en esta región y en las localidades cercanas de Qasr Naba y Tamnin al-Tahta resultaron en la muerte de seis personas y al menos 25 heridos durante una serie de bombardeos. Este episodio agrava la situación en Líbano tras la ofensiva inicial en el campamento de Ain al Hilweh, en las inmediaciones de Sidón, que dejó un saldo de al menos tres fallecidos en el mayor asentamiento de refugiados palestinos del país, según consignó el medio NNA y reportaron fuentes militares citadas por distintos canales internacionales.
De acuerdo con lo publicado por NNA, la ofensiva se dirigió, en primer término, contra un “cuartel general” del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), ubicado en el corazón del campamento de Ain al Hilweh. El Ejército israelí reconoció la operación, alegando que su objetivo fue neutralizar una posición utilizada, según sus propios términos, “por el grupo terrorista para perpetrar ataques contra Israel”. El comunicado militar detalló que la infraestructura llevaba meses operando como un enclave donde se organizaron entrenamientos y se planeaban acciones armadas hacia el territorio israelí.
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El ejército israelí afirmó que el objetivo bombardeado se emplazaba en áreas densamente pobladas, señalando que Hamás utilizaba a la población civil como escudo humano para ocultar sus instalaciones y actividades. Según publicó el ejército en sus canales oficiales y reiteró en declaraciones a medios, estas acciones representan una “violación de los entendimientos entre Israel y Líbano” alcanzados tras el pacto de alto el fuego implementado a finales de 2024. Israel sostiene que “trabajamos para evitar el establecimiento de la organización Hamás en Líbano y seguiremos actuando enérgicamente contra los terroristas de Hamás dondequiera que operen”.
La dirección de Hamás respondió a la operación calificando el ataque como “un nuevo crimen añadido a la serie de continuos ataques contra nuestro pueblo palestino y una violación de la soberanía del hermano Líbano”. En una reacción registrada por diversas agencias noticiosas, Hamás acusó a Israel de buscar ampliar el conflicto y desestabilizar la seguridad y estabilidad regional. La organización chií Hezbolá, también blanco de bombardeos en Baalbek, denunció el uso militar de zonas habitadas y criticó la continuidad de operaciones armadas israelíes sobre suelo libanés.
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NNA reportó que la escalada de enfrentamientos se produce aún tras la vigencia del alto el fuego firmado entre el gobierno israelí y Hezbolá en noviembre de 2024. Ese acuerdo, alcanzado después de meses de hostilidades desatadas tras los sucesos del 7 de octubre de 2023, estipuló la retirada tanto de fuerzas israelíes como de combatientes de Hezbolá del sur de Líbano. A pesar de la entrada en vigor del pacto, Israel ha mantenido presencia militar mediante cinco puestos en territorio fronterizo, lo cual ha sido reiteradamente criticado por autoridades libanesas y voceros de Hezbolá.
El ejército israelí ha defendido la continuidad de sus operaciones aduciendo que actúa en defensa propia frente a amenazas de Hezbolá y Hamás, y afirma que dichas acciones no constituyen una violación formal del acuerdo. Por su parte, tanto el gobierno de Beirut como el grupo armado chií rechazan esa interpretación y demandan el retiro total de las tropas israelíes, además de denunciar recurrentes ataques aéreos, que han sido condenados por representantes de Naciones Unidas debido al peligro que representan para la población libanesa.
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El despliegue de fuerzas y la reanudación de choques armados en zonas residenciales han provocado nuevos desplazamientos y el aumento de víctimas civiles en Líbano, según información publicada por NNA. Organizaciones humanitarias y organismos internacionales han advertido sobre los efectos de la violencia sobre los residentes, especialmente en campos de refugiados como Ain al Hilweh, donde mujeres y niños figuran entre los afectados directos por los bombardeos.
El ciclo de ataques y respuestas motivó llamados de organizaciones internacionales para evitar la ampliación del conflicto y salvaguardar la estabilidad en la frontera entre Israel y Líbano. Por el momento, la situación permanece tensa y se mantiene la expectativa ante la posibilidad de nuevos incidentes, mientras las partes involucradas intercambian acusaciones sobre el uso de zonas civiles para fines militares y la legitimidad de las operaciones armadas en ese territorio.
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