Las consecuencias de la obesidad infantil no sólo inciden en la niñez, sino que pueden mantenerse hasta la vida adulta, reforzando la necesidad de comprender los factores que la originan desde etapas tempranas. Según reportó Europa Press, un equipo del Centro de Investigación en Nutrición de la Universidad de Navarra identificó que las alteraciones en la microbiota intestinal podrían ofrecer señales tempranas del riesgo de desarrollar obesidad en niños pequeños, apuntando a nuevas estrategias para prevenir y tratar esta enfermedad durante la infancia.
El estudio, publicado en la revista 'Clinical Nutrition' y citado por Europa Press, incluyó a 1.134 niños españoles con edades entre 3 y 6 años. La investigadora Natalia Vázquez-Bolea explicó que una menor diversidad de bacterias, la cantidad de determinados microorganismos y modificaciones en las funciones de la microbiota muestran una estrecha relación con la aparición de obesidad infantil. Estas diferencias en la composición bacteriana intestinal podrían servir como biomarcadores para detectar el riesgo de obesidad desde una etapa muy precoz, según lo detallado por el medio.
De acuerdo con lo consignado por Europa Press y el Plan Nacional Estratégico para la Reducción de la Obesidad Infantil (2022-2030), cuatro de cada diez niños en España presentan exceso de peso. Esta cifra resalta la importancia de abordar el problema desde el entorno escolar y familiar. Vázquez-Bolea subrayó la trascendencia de entender los mecanismos responsables de la enfermedad desde la infancia para desarrollar estrategias de prevención que resulten eficaces a largo plazo.
El equipo de investigación del Centro de Investigación en Nutrición, que pertenece al Instituto de Nutrición y Salud, analizó la composición y funcionalidad de la microbiota intestinal en los niños participantes. La investigación, citada por Europa Press, concluyó que la obesidad infantil corresponde a una reducción de la diversidad alfa de las bacterias intestinales y a cambios en la diversidad beta. Además, se detectaron modificaciones notables en la composición taxonómica de estos microorganismos en niños con distintos estados de peso.
Marta Cuervo y Santiago Navas-Carretero, miembros del equipo e investigadores de la Facultad de Farmacia y Nutrición, colaboraron en la identificación de “firmas bacterianas” específicas que están relacionadas con una mayor o menor probabilidad de sufrir obesidad, según publicó Europa Press. Según los datos obtenidos, niveles elevados del género Segatella se vinculan con un riesgo más elevado de obesidad, mientras que abundancias elevadas de bacterias como Akkermansia o Alistipes corresponden a un perfil metabólico considerado saludable.
La obesidad infantil repercute no sólo en la diversidad, sino también en las funciones de la microbiota. Tal como explicó Europa Press, cuando se presenta esta enfermedad, disminuyen las rutas metabólicas responsables de la producción de vitaminas esenciales y la capacidad de los microorganismos para descomponer carbohidratos complejos. Esto afecta directamente la manera en que el organismo de los niños utiliza la energía y asimila los nutrientes.
Los análisis desarrollados en el marco de este estudio revelaron que la microbiota intestinal de los niños con obesidad posee patrones diferenciados en el metabolismo de nucleótidos y carbohidratos, un dato señalado por Europa Press. Estas particularidades subrayan la posible función de la microbiota como moduladora de la salud metabólica infantil, abriendo la posibilidad de diseñar intervenciones específicas para modificar la composición bacteriana intestinal como parte del abordaje terapéutico y preventivo.
Los autores del trabajo señalaron que todavía se requiere ampliar y validar estos hallazgos con investigaciones futuras. Este planteamiento incluye la exploración del potencial de estrategias dirigidas específicamente a la microbiota para la prevención y el tratamiento de la obesidad en la infancia, según detalló Europa Press.
Santiago Navas-Carretero hizo hincapié ante Europa Press en la importancia de una dieta rica en frutas, verduras, legumbres y fibra como factor que puede contribuir al desarrollo y mantenimiento de una microbiota variada y saludable en niños pequeños. El proyecto formó parte del estudio longitudinal CORALS (Childhood Obesity Risk Assessment Longitudinal Study) y fue promovido por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), según especificó el medio.
La información recogida en este trabajo muestra el valor de profundizar en las comunidades microbianas intestinales y su relación con distintas enfermedades metabólicas desde edades tempranas, reforzando la propuesta de intervenciones personalizadas y preventivas en el ámbito de la nutrición infantil.
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