
Durante la noche del viernes al sábado, representantes del Movimiento 23 de Marzo (M23) comunicaron datos preliminares que detallan la gravedad de la avalancha de tierra ocurrida en Rubaya, en la provincia de Kivu Norte, República Democrática del Congo (RDC). Según publicó Actualité, al menos 226 personas fallecieron tras el deslave que sepultó una mina de coltán el jueves. La zona, catalogada como una de las principales reservas de minerales estratégicos del país, se ha visto envuelta en un contexto de conflicto armado que complica la atención a las víctimas y el acceso a los lugares afectados.
El portavoz del M23, Kambere Muyisa Lumumba, confirmó a Actualité que los fallecidos incluyen mineros, comerciantes y familias que se encontraban en la zona de la mina al momento del desastre. La mina se localiza en Rubaya, dentro del territorio de Masisi, donde la presencia del Ejército congoleño y milicias rebeldes se mantiene desde hace meses como uno de los epicentros de la confrontación armada en el este de RDC. El mismo portavoz del grupo armado indicó que, además de los muertos verificados, aún existen personas desaparecidas cuyo número exacto no ha podido determinarse debido a la magnitud del desastre y las dificultades de las tareas de rescate.
Según consignó Actualité, la operación de rescate enfrenta serios desafíos por las condiciones climáticas, ya que las intensas lluvias han obstaculizado los trabajos en la zona y provocaron el deslave que dio origen a la emergencia. Las carreteras saturadas y los cuerpos de agua desbordados ralentizan los movimientos de las brigadas de asistencia. Además, varios heridos, muchos de ellos en estado grave, se encuentran en proceso de ser trasladados a centros médicos locales y a otros ubicados en Goma, la capital provincial, la cual permanece bajo control rebelde desde el año pasado. De acuerdo con testimonios recabados por Actualité entre los habitantes y las autoridades locales, existe temor de que la cifra de víctimas mortales siga aumentando en las próximas horas, ante la dificultad de las operaciones en el terreno.
La mina de coltán que colapsó es una de las instalaciones más productivas de la zona, con una producción mensual estimada en cerca de 120 toneladas, según datos de Naciones Unidas citados por Actualité. El coltán, mineral fundamental para la industria tecnológica a nivel global, suele exportarse hacia Ruanda, país vecino, desde el que se distribuye a otros mercados internacionales. La importancia económica del yacimiento ha sido acompañada por la inestabilidad, ya que desde abril de 2024 Rubaya se encuentra bajo dominio del M23, una de las principales facciones armadas en la región.
La administración de la mina permanece suspendida luego de que el gobernador miliciano del Kivu Norte, Bahati Musanga Erasto, decretó el cierre inmediato de la instalación tras el accidente. De acuerdo con reportes de Actualité, las autoridades rebeldes atribuyen la catástrofe a la acumulación de lluvias en jornadas previas, lo que generó condiciones inestables en la ladera que terminó cediendo sobre la explotación minera. Las labores de rescate cuentan con recursos limitados dada la compleja realidad logística y la inseguridad reinante, que restringen la llegada de personal médico, periodistas e integrantes de organizaciones humanitarias.
El reporte de Actualité subraya que las restricciones para ingresar a Rubaya y otras zonas de Masisi no solo dificultan la llegada de socorro, sino que también impiden la documentación precisa de los hechos por parte de actores independientes. El control político y militar múltiple sobre la región limita la circulación y la transmisión de información, según organizaciones no gubernamentales citadas por el medio congoleño. Ante la imposibilidad de establecer un balance definitivo, los voceros del M23 admiten que el número total de víctimas podría crecer conforme se desarrollen los trabajos de búsqueda y se identifiquen a los desaparecidos.
El contexto del desastre se enmarca en la prolongada crisis humanitaria y de seguridad en el este de República Democrática del Congo, donde la pugna entre fuerzas gubernamentales, grupos rebeldes y milicias armadas ha generado cientos de desplazamientos y múltiples víctimas en los últimos años. Asegura Actualité que la tragedia añade presión sobre la frágil infraestructura sanitaria y logística en la región, al tiempo que expone la vulnerabilidad de los trabajadores de la minería artesanal y de las comunidades aledañas, quienes dependen en gran medida de esta actividad económica a pesar de los riesgos.
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