Una neuróloga desmiente el mito de que las personas con síndrome de Asperger no tienen empatía

Gloria López, especialista en neurología infantil, advierte sobre interpretaciones equivocadas al respecto de esta condición, rechaza falsas creencias sobre la supuesta falta de sensibilidad social y destaca la urgencia de un apoyo clínico personalizado y comprensivo

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López destacó que muchas personas dentro del espectro autista experimentan malestar importante causado por la incomprensión social, el aislamiento y la sobrecarga sensorial. Según informó Europa Press, la neuróloga infantil del Hospital Ruber Internacional ha insistido en la urgencia de proveer un acompañamiento clínico, educativo y familiar personalizado, así como de propiciar un entorno comprensivo que tenga en cuenta la manera particular en que quienes presentan este perfil perciben y procesan los estímulos del mundo.

La especialista refutó las creencias extendidas sobre el síndrome de Asperger, entre ellas la falsa idea de que quienes lo presentan carecen de empatía. De acuerdo con Europa Press, López señaló: “Las personas con Asperger no carecen de empatía. A veces tienen dificultades para interpretar las emociones de inmediato, pero sienten con gran intensidad y profundidad”. Esta declaración apunta a matizar una de las imágenes sociales más distorsionadas sobre el trastorno y resalta la dimensión emocional que caracteriza a muchas personas con este diagnóstico.

Europa Press detalló que otra confusión frecuente consiste en asociar el síndrome de Asperger exclusivamente con capacidades excepcionales en áreas específicas. López resaltó que esta generalización responde también a un estereotipo, ya que “no todas las personas con Asperger tienen talentos extraordinarios. Existen tantos perfiles como personas, y los estereotipos distorsionan la realidad”. Sus palabras buscan que la sociedad entienda la gran diversidad de manifestaciones dentro del espectro.

La neuróloga también subrayó la necesidad de distinguir síntomas visibles que no necesariamente se explican por el autismo, ya que la ansiedad y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) aparecen con frecuencia como condiciones asociadas. Según publicó Europa Press, López recomendó evaluarlas de forma independiente para ofrecer una respuesta adecuada, donde la combinación de intervenciones —desde la psicoeducación, ajustes en el entorno hasta, en ocasiones, el uso de medicación— puede resultar fundamental para el bienestar cotidiano de estas personas.

En España, los datos del Centro Español sobre el Trastorno del Espectro del Autismo estiman que existen cerca de 450.000 personas con algún diagnóstico dentro del trastorno del espectro autista (TEA), con una prevalencia en torno al 1 por ciento de la población. Europa Press explicó que, dentro de la heterogeneidad propia de este espectro, el perfil tradicionalmente denominado síndrome de Asperger se calcula que representa entre el 18 y el 27 por ciento de los casos, según diversos estudios epidemiológicos recientes.

La doctora contextualizó la categoría diagnóstica al señalar que, desde la revisión del DSM-5 en 2013, Asperger dejó de considerarse un trastorno independiente y pasó a entenderse como un perfil dentro del TEA. El término Asperger describe un patrón frecuente dentro del espectro, caracterizado por la ausencia de discapacidad intelectual y un desarrollo del lenguaje conservado, junto a intereses muy intensos y una manera singular de entender las normas sociales no explícitas. Según López, todo ello corresponde a un continuo con elevada variabilidad individual, tal como reportó Europa Press.

La experta profundizó en el modo de procesamiento de la información propio del Asperger: el cerebro prioriza ciertos estímulos y encuentra mayores dificultades para captar e integrar automáticamente convenciones sociales, mientras puede exhibir una gran destreza para el detalle, la memoria o la lógica. Europa Press subrayó que la especialista insistió en que estas diferencias no indican una menor gravedad del cuadro. Muitas personas sufren por la incomprensión y el entorno desfavorable, lo que demuestra que requieren una atención específica y sostenida para mejorar su calidad de vida.

El medio consignó que, para López, el objetivo del acompañamiento clínico y educativo no reside en modificar la identidad o naturaleza de la persona diagnosticada, sino en apoyarla para que alcance su potencial dentro de un contexto frecuentemente poco preparado para comprender su forma de pensar y relacionarse. La doctora concluyó que “el objetivo no es cambiar quiénes son, sino acompañarlos para que puedan desarrollar plenamente su potencial en un mundo que a menudo no está preparado para comprender su forma de pensar y relacionarse”.