
Fuentes oficiales de Estados Unidos han afirmado que sus fuerzas marítimas mantienen una vigilancia activa sobre embarcaciones sancionadas y operadores en aguas del Atlántico, según reportó ‘The Wall Street Journal’. Esta declaración emitida por el Mando Sur estadounidense (SOUTHCOM) subraya que los servicios marítimos de ese país permanecen en alerta para rastrear y, en caso necesario, interceptar buques identificados como parte de redes sancionadas. En ese contexto, la tensión diplomática y militar se centra actualmente en el petrolero ruso ‘Bella 1’, que recientemente se ha convertido en epicentro de disputas entre Moscú y Washington tras un intento fallido de abordaje por parte de fuerzas navales de Estados Unidos.
Tal como publicó ‘The Wall Street Journal’, Rusia ha desplegado varios medios marítimos, incluyendo un submarino, para escoltar al ‘Bella 1’. Estados Unidos ha puesto bajo vigilancia a este petrolero por considerarlo parte de la denominada ‘flota fantasma’, empleada supuestamente por Moscú para eludir las sanciones relacionadas con el sector energético venezolano. De acuerdo con la información del medio estadounidense, el ‘Bella 1’ fue interceptado hace semanas por unidades navales estadounidenses mientras intentaba entrar en puertos de Venezuela. Tras ese incidente, el navío, que en ese momento no llevaba carga, evitó el abordaje, se dirigió hacia aguas abiertas del Atlántico y modificó tanto su registro como su nombre, pasando a denominarse ‘Marinera’ y operando ahora bajo bandera rusa.
En un mensaje divulgado en redes sociales, la división del Ejército estadounidense asignada al Mando Sur reiteró su disposición a colaborar con las agencias federales en los esfuerzos encaminados a identificar y bloquear a los buques que, según su criterio, forman parte de redes sancionadas o constituyen activos estratégicos sujetos a restricciones internacionales. "Nuestros servicios marítimos están alerta, ágiles y preparados para rastrear buques de interés. Cuando llegue la llamada, estaremos allí", citó ‘The Wall Street Journal’ en referencia a la postura oficial de la unidad.
Según consignó el mismo medio, tanto Estados Unidos como la Unión Europea han centrado su atención en la ‘flota fantasma’ operada por Rusia. Estas embarcaciones, muchas de ellas petroleros, se emplean para esquivar los límites impuestos por las sanciones globales tras la invasión de Ucrania. Actualmente, alrededor de 600 navíos conforman la ‘lista negra’ internacional, con restricciones que abarcan desde la prohibición de entrada a puertos hasta la negativa de acceso a servicios logísticos y de mantenimiento relacionados con actividades marítimas. Pese a estas medidas, las estimaciones de diversas autoridades, citadas por ‘The Wall Street Journal’, sugieren que el número real de buques involucrados podría duplicar ampliamente esa cifra, debido a la sofisticación de las estrategias utilizadas para camuflar la identidad y la propiedad de estos activos.
La implicación de embarcaciones rusas en la exportación de crudo venezolano ha intensificado la vigilancia estadounidense, especialmente en el marco de los intentos recientes por consolidar un bloqueo al sector energético de Venezuela. Según detalló ‘The Wall Street Journal’, en jornadas previas a una intervención militar que llevó a la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, Estados Unidos reforzó las acciones de intercepción contra petroleros sospechosos de colaborar con el Kremlin.
Las sanciones internacionales, impuestas a raíz de la invasión rusa a Ucrania y extendidas a sectores clave de la economía venezolana, buscan restringir el flujo de recursos energéticos que puedan alimentar a regímenes señalados por Washington y Bruselas. El medio estadounidense relató que tanto la oposición venezolana como altos funcionarios occidentales han denunciado el uso sistemático de identidades ficticias, registros cambiados y pabellones de conveniencia para burlar los mecanismos de control establecidos por la comunidad internacional.
Según reportó ‘The Wall Street Journal’, la reciente maniobra del ‘Bella 1’, que incluyó la modificación de su identidad y la sustitución de bandera antes de refugiarse bajo protección de una flotilla naval rusa, destaca la escalada de este tipo de prácticas consideradas por las autoridades occidentales como actos deliberados para frenar la eficacia de las sanciones. Mientras tanto, el despliegue militar ruso en el Atlántico refuerza la percepción de una confrontación abierta con los intereses estratégicos de Estados Unidos y sus aliados en una región clave para el suministro global de crudo.
La disputa por la circulación de embarcaciones como el ‘Bella 1’ refleja el desafío constante al régimen de sanciones impuesto tras la guerra en Ucrania y reaviva la pugna por el control de los recursos energéticos en el Atlántico. Según los cálculos recabados en los despachos del medio estadounidense, a pesar de las restricciones, el volumen de operaciones y la flexibilidad de la red de embarcaciones fantasma permiten a Moscú mantener flujos sostenidos de exportaciones petroleras, dificultando el acceso a información precisa sobre los trayectos y operaciones de estos navíos.
El impasse marítimo y el cruce de acusaciones han puesto el foco internacional sobre el Atlántico como uno de los principales escenarios externos de la pugna geopolítica entre Rusia y Estados Unidos. Según subraya ‘The Wall Street Journal’, la vigilancia a este tipo de tráfico y los despliegues militares asociados a la escolta de buques podrían marcar el ritmo de nuevas tensiones, cuyos efectos se extienden tanto al mercado energético global como a la seguridad en rutas transatlánticas de gran valor estratégico.
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