Nuaman, 29 ago (EFE).- Nuaman es una aldea imposible. Atrapada entre las fronteras de Jerusalén y Belén, sus habitantes no son ni israelíes ni palestinos, y ahora, tras décadas luchando para que se reconozcan sus derechos, se enfrentan al mayor desafío de su historia: Israel quiere demoler sus casas.
"Nos hemos dado cuenta, después de todo, de que el racismo sionista quiere quedarse con toda nuestra tierra", dice Yamal Darawi, el jefe del consejo de la aldea, durante una reciente visita para la prensa internacional organizada por la ONG israelí Ir Amim.
Nuaman es poco más que una fila de casas viejas, algunas construidas hace más de seis décadas. Hay una pequeña mezquita, pero el enclave no cuenta con colegios, tiendas de comestibles ni infraestructuras.
Y, con todo, la aldea está mucho mejor conservada que la gran mayoría de poblados palestinos que se enfrentan a la amenaza de la expulsión. Las casas son grandes, están bien construidas, y la mayoría de los vecinos son de clase media.
Darawi explica que diplomáticos y ONG de todo el mundo han tratado de interceder por ellos ante las autoridades israelíes, pero nadie ha conseguido ayudarles.
Sus problemas se remontan a 1967, cuando Israel, tras conquistar el este de Jerusalén, incorporó la aldea de Nuaman a las fronteras municipales, pero registró a sus residentes como ciudadanos de Cisjordania.
La decisión no trajo apenas cambios para los habitantes del pequeño poblado hasta que, en la década de 1990, con los Acuerdos de Oslo, Israel calificó a los vecinos de Nuaman de "residentes ilegales" y les impidió edificar.
"Después de los Acuerdos de Oslo, algunos de los residentes de la aldea pensaron que al fin habría paz, y la zona pasaría a ser parte de Palestina, bajo el control de la Autoridad Nacional Palestina (ANP)", confiesa Darawi.
En su lugar, las autoridades israelíes entraron en el pueblo y demolieron algunas viviendas, informando a los vecinos de que no tenían permiso para construir. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que su pequeña aldea formaba parte de las nuevas fronteras de Israel, y no de Cisjordania, como pensaban.
Al mismo tiempo, las autoridades impidieron a los habitantes de Nuaman cruzar al resto de Jerusalén sin un permiso especial, y les prohibieron acceder a los servicios municipales de la ciudad, a pesar de que el enclave se encuentra, técnicamente, dentro de los límites de su área municipal.
Después, con la construcción del muro de separación en 2003, el poblado quedó aislado también del resto de Cisjordania, y sus habitantes empezaron a tener que cruzar puestos de control militares simplemente para ir a hacer la compra, a trabajar o al colegio.
Darawi recita los nombres de todos los abogados israelíes que han contratado para hacer frente a una sucesión interminable de problemas: detenciones nocturnas de los residentes, restricciones para entrar o salir del pueblo, límites a la cantidad de alimentos que pueden introducir por los puntos de control...
Su principal reivindicación: que se reconozca a los residentes de Nuaman como ciudadanos de Jerusalén Este, con derecho a desplazarse en Israel, o que se incorpore definitivamente la aldea a Cisjordania, echando abajo la parte del muro de separación que los aísla del territorio.
Todo ha sido en vano. En 2019, las autoridades municipales les exigieron el pago del impuesto sobre la vivienda (conocido en Israel como 'arnona'), con efecto retroactivo, a pesar de que Nuaman no disfruta de ningún servicio público.
Y hace solo unos meses, en enero, emitieron órdenes de demolición para todas las casas de la aldea. "Esperamos que las demoliciones se produzcan en cualquier momento", reconoce Darawi.
A pesar de las dificultades, el hombre no se plantea una vida fuera de Nuaman. "Esta es la tierra de mi padre, de mi abuelo y de mi bisabuelo. Ha sido nuestra tierra desde hace 200 años", dice.
"Es imposible que me saquen de aquí, salvo que sea a la tumba", sentencia el hombre.
En la distancia, a unos pocos metros, se levanta el asentamiento israelí de Har Homá, construido para bloquear la expansión de la cercana ciudad palestina de Belén y considerado ilegal por el derecho internacional.
Los planes para expandir el asentamiento, apoyados por las autoridades municipales, amenazan con borrar Nuaman del mapa por completo.
Jorge Dastis
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