Mikaela Viqueira
Los Ángeles (EE.UU.), 16 ene (EFE).- David Lynch, fallecido este jueves a los 78 años, trabajó el arte de la pintura antes de catapultarse como un visionario cineasta atraído por el surrealismo y el retrato de una América bucólica con la que planteaba más preguntas que respuestas a los espectadores.
La muerte del cineasta estadounidense fue confirmada por sus familiares en un comunicado en redes sociales en el que no señalaron las causas de su muerte, aunque Lynch ya había avisado el pasado agosto que sufría de enfisema pulmonar, un trastorno crónico que obstruye los pulmones y dificulta la respiración.
Nacido en Missoula, en el estado de Montana, en 1946, exploró las artes en su sentido más amplio: se adentró en la pintura, la música, el diseño y la fotografía antes de asentarse en los años setenta como un cineasta movido por la curiosidad y lo macabro.
Debutó en el séptimo arte pisando fuerte con 'Eraserhead' ('Cabeza borradora'), un largometraje de culto estrenado en la medianoche del 19 de marzo de 1977 con el que jugó con el terror corporal y atrajo el favor de un público atraído por su desconcertante perspectiva de la realidad.
Pero no fue hasta la inquietante y oscura historia de Joseph Merric y su monstruoso rostro en 'The Elephant Man' ('El hombre elefante', 1980) que su enfoque surrealista, filmada en blanco y negro, obtuvo su éxito comercial además de ocho nominaciones al Óscar, aunque no ganó ninguno.
Reconocido como uno de los creadores más vanguardistas y originales de Hollywood, era un director que combinó el Estados Unidos más popular con un tratamiento más personal, cercano al cine de autor europeo.
A base de surrealismo, misterio, siempre a caballo entre lo real y lo onírico, Lynch creó atmósferas inquietantes y se caracterizó por su tendencia a indagar en el lado oscuro de la mente: la muerte, la violencia y el erotismo son una constante en sus temáticas.
Pocos como él han conseguido que una frase se hiciera popular en el mundo entero. ¿Quién mató a Laura Palmer? fue la pregunta que millones de espectadores trataron de responder viendo su serie 'Twin Peaks', que demostró en 1989 que la televisión podía estar al mismo nivel que el cine.
La serie, que fue todo un fenómeno en su momento, supuso un punto de inflexión y demostró que el mundo de Lynch podía conectar con el gran público y no solo con las élites a las que parecía ir dirigidas sus películas.
Versando en la filosofía de lo absurdo de escritores como Franz Kafka, su obra magna, 'Mulholland Dive' (2001), dibujó un retrato de Hollywood con tintes de cine negro que dejó más preguntas que respuestas.
"Cuando la vi por primera vez pensé que era la historia de los sueños, la ilusión y la obsesión de Hollywood. Toca la idea de que nada es lo que parece (...) La segunda y la tercera vez que la vi, pensé que trataba sobre la identidad. ¿Sabemos quiénes somos?", dijo hace años Laura Harring, una de las protagonistas, según recoge The Hollwood Reporter.
Esa pregunta ya nunca más se va a poder responder. EFE
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