Alejandra Arredondo
National Harbor (EE.UU.), 21 feb (EFE).- La mesa redonda empezó con una oración: "Dios, ayúdanos a unificar este increíble movimiento que se ha expandido por el mundo", rezó el presidente de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) de EE.UU., Matt Schapp, mientras los asistentes agacharon sus cabezas.
"Vamos a proteger nuestros valores, nuestra libertad y nuestros derechos divinos", apuntó Schapp, frente a una veintena de representantes de la ultraderecha de varios países del mundo, incluyendo Japón, Argentina, Reino Unido y Australia, que se reunirán con sus aliados estadounidenses en los próximos días a las afueras de Washington durante la convención anual de la CPAC.
A modo de un macrofestival político, en la CPAC, que se extiende por poco menos de una semana, convergen legisladores, analistas, blogueros, cabilderos, activistas y funcionarios de dentro y fuera de EE.UU..
La conferencia inaugural sirvió como una celebración de lo que los líderes llamaron la "diplomacia global" y la internacionalización de la ultraderecha, en un panel donde participaron figuras como el político británico Nigel Farage, la ministra de Seguridad de Argentina Patricia Bullrich o el politólogo húngaro Miklos Szantho.
Los políticos hablaron duramente en contra de la migración e intercambiaron ideas para luchar contra el "Estado Profundo", un concepto conspiranoico popularizado por Trump para señalar a una supuesta maquinaria que controla el Estado en las sombras.
Moderando la conversación junto a Schapp estuvo Steve Bannon, el principal ideólogo del movimiento que catapultó al expresidente Donald Trump a la Casa Blanca y quien ha servido de asesor a figuras políticas de la extrema derecha en Europa y Asia.
Este encuentro, subrayó Bannon, de 70 años, sirve precisamente como un escenario para dar "muerte al globalismo" y para unir a movimientos "nacionalistas y populistas" en distintos países.
El exasesor de Trump argumentó que estos movimientos se posicionarán como una "solución" en el futuro cuando los gobiernos occidentales "caigan" ante una inflexión económica, la presión de los conflictos en Ucrania e Israel y el aumento en la migración, que calificó de "invasión".
Estas ideas antiinmigración y la defensa de una "identidad nacional" fueron replicadas por las demás figuras políticas que participaron en el evento y recibidas con vítores por el público.
"Sin fronteras no se puede tener un país (...) si se pierden las fronteras, se pierde una parte importante de nuestra cultura", señaló el británico Farage, promotor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea.
De manera más directa, Szantho, quien dirige un centro de pensamiento conservador en Hungía, aseguró que "el mejor número de inmigrantes ilegales es cero".
"Debemos proteger los valores judeocristianos", agregó agitado el politólogo, en medio de aplausos de las decenas de asistentes al conversatorio.
Por su parte, la ministra argentina pidió el apoyo de la comunidad internacional a los esfuerzos de su Gobierno, encabezado por el presidente Javier Milei, para "destruir la economía coperativista" heredada de la Administración anterior.
"Los cambios que estamos llevando a cabo son enormes, necesitamos su ayuda", dijo la funcionaria.
Tras aprobar a viva voz una serie de comunicados "comunes" para dar apoyo a Israel y a los expresidentes Donald Trump y el brasileño, Jair Bolsonaro, los líderes se levantaron a aplaudir animados por Merecedes Schapp, esposa de Matt Schapp y exdirectora de comunicación de la Casa Blanca bajo el gobierno republicano.
"Tenemos que acabar con los comunistas, con la ONU, con la Organización Mundial de la Salud (OMS)", vociferó Schapp, "gracias por apoyar la verdad". EFE
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(foto)(vídeo)
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