Bangkok, 12 jul (EFE).- Enterradas entre arrozales o cubiertas de lodo en el fondo de ríos, miles de artefactos explosivos estadounidenses sin detonar permanecen sepultados en Camboya, un explosivo legado de hace más de medio siglo que la nación asiática pide evitar en Ucrania.
El polémico plan anunciado la semana pasada por Estados Unidos de enviar bombas de racimo a Ucrania para su uso contra las tropas invasoras rusas ha sido criticado por varios países, incluido el Gobierno de Nom Pen.
"Supondría un enorme riesgo para los ucranianos durante décadas o siglos si se utilizan bombas de racimo en áreas ocupadas por Rusia en el territorio de Ucrania”, advirtió el primer ministro camboyano, Hun Sen.
"Ha pasado más de medio siglo y todavía no ha habido manera de destruir todos los restos" de los explosivos, remarcó el dirigente.
Durante la Guerra de Vietnam, las tropas estadounidenses lanzaron toneladas de bombas de racimo, un dispositivo que al abrirse en el aire libera una gran cantidad de bombetas, sobre Camboya y su vecino Laos, donde se refugiaban los comunistas vietnamitas.
Muchas de estas pequeñas bombas, del tamaño de una pelota de tenis, quedaron atrapadas por el fangoso terreno camboyano que al amortiguar su caída evitó su deflagración, a la que se suman miles de minas antipersona colocadas durante la Guerra Civil de Camboya (que terminó en 1998).
Desde 1979 hasta mayo de este año, 65.024 personas han perdido la vida por la explosión de estos artefactos ocultos, que han dejado más de 30.000 heridos, incluidas 9.000 personas que han sufrido amputaciones, según el último informe de la Autoridad Camboyana de Acción contra las Minas y Asistencia a las Víctimas.
Además, la amenaza de pisar, golpear o, por desconocimiento, agarrar uno de estas bombetas ha frenado el desarrollo de la empobrecida nación.
Camboya ha logrado detectar y desactivar más de 2,4 millones de bombas sin explotar y ha limpiado alrededor de 2.500 kilómetros cuadrados de terreno desde que comenzara con esta ardua tarea en 1992, según los datos oficiales.
Gracias a este titánico esfuerzo, la víctimas mortales han pasado de miles al año durante la década de los setenta a los 41 registrados el año pasado.
No obstante, los accidentes siguen siendo frecuentes y entre enero y mayo de este año se han notificado 19 decesos.
Un grupo de ucranianos visitó Camboya en enero para aprender del experimentado personal que acomete esta peligrosa labor, con detectores de metales e incluso con ratas entrenadas para localizar explosivos, que avanza con sumo cuidado a un ritmo lento y que pretende completar para 2025.
LAOS, UN BOMBARDEO CADA OCHO MINUTOS
Al igual que Camboya, la escarpada Laos sufrió siendo un país neutral las duras consecuencias del conflicto entre la nación norteamericana y los rebeldes comunistas de Vietnam.
Desde 1964 hasta 1973, se acometieron sobre el país unas 580.000 misiones de bombardeo, el equivalente a una carga de avión cada 8 minutos durante 9 años ininterrumpidos.
Se estima que a lo largo de Laos, especialmente en el sur por donde discurría la "Ruta Ho Chi Minh" -un conjunto de senderos usado por las tropas norvietnamitas para suplir a la insurgencia en Vietnam del Sur-, cayeron 270 millones de bombas de racimo.
Según estimaciones del gubernamental Programa Nacional de Artefactos Explosivos sin Detonar de Laos, el 30 % de esta inmensa carga explosiva (unos 80 millones de bombas) arrojada por los aviones estadounidenses no detonó.
Entre 1996 -cuando el hermético país abrió sus puertas a la ayuda internacional- y febrero de 2023, más de 1.8 millones de artefactos han sido inhabitados y se han limpiado unas 80.000 hectáreas de terreno.
Más de 1.000 personas han perdido la vida o han resultado heridas desde 2008, cuando el gobierno de Vientián comentó a recopilar datos, hasta 2022, veinte de ellos el año pasado.
CONDENA INTERNACIONAL
Washington confirmó el pasado viernes que enviará bombas de racimo a Ucrania pese a las críticas varios países aliados de la OTAN, como Alemania, Francia y España, que han ratificado la Convención sobre Municiones en Racimo -que prohíbe todo tipo de uso, producción, almacenamiento y transferencia de municiones en racimo-.
"España, desde el compromiso firme que tiene con Ucrania, tiene también un compromiso firme en que determinadas armas y bombas no se pueden entregar en ningún caso", remarcó el sábado durante un acto público la ministra española de Defensa, Margarita Robles.
Ni Estados Unidos ni Ucrania, al igual que Rusia que ya ha usado este arma en Ucrania, son firmantes de este tratado.
Las bombas de racimo se incluyen en un nuevo paquete de ayuda militar de EE.UU. a Ucrania para sustituir temporalmente el gasto de munición de artillería convencional durante la contraofensiva de Kiev para recuperar las zonas ocupadas por Rusia.
Noel Caballero
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