El grupo rebelde M23 rechaza su desarme si RD del Congo no dialoga con ellos

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Kinsasa, 14 abr. El grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23) señaló la pasada noche que no se desmovilizará ni desarmará si el Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) no acepta un diálogo político con ellos, pocas horas después de que el presidente congoleño descartarse las conversaciones con los insurgentes.

"Mientras no exista un diálogo político directo entre el M23 y el Gobierno de Kinsasa, tampoco habrá acantonamiento, desarme y desmovilización", indicó el portavoz del ala política del M23, Lawrence Kanyuka, a través de su cuenta en la red social de Twitter.

El grupo rebelde respondió así a las declaraciones del presidente congoleño, Félix Tshisekedi, que aseguró este jueves que "ya no habrá ninguna cuestión de negociación política con grupos armados que utilicen medios militares contra la RDC".

"Lo digo y quiero dejarlo claro, nunca habrá ninguna duda al respecto", zanjó el mandatario en Kinsasa durante una rueda de prensa conjunta con el presidente de la Confederación Suiza, Alain Berset, quien se encuentra de visita oficial en el país africano.

"Sabemos cómo proceden los que nos desestabilizan. Se aprovechan de la situación, apoyándose en el diálogo, para infiltrar elementos que luego crearán afirmaciones falaces y justificarán su agresión contra la RDC", dijo Tshisekedi en referencia de las demandas del M23, que exige el regreso a la RDC de sus excombatientes, refugiados en otros países de la región, y la integración de los insurgentes en el Ejército nacional.

Durante las últimas semanas el M23 se ha retirado de algunas zonas ocupadas en el este de la RDC y, sin combatir, ha entregado esos territorios a la nueva Fuerza Regional de la Comunidad del Este de África (EACFR), en la que participan tropas de Kenia, Burundi, Uganda y Sudán del Sur con el objetivo de pacificar el extremo oriental congoleño.

Antes de esta progresiva retirada, los insurgentes tenían en sus manos tres de las cuatro carreteras que conectan Goma, la populosa capital de la provincia de Kivu del Norte, con el resto del país, así como numerosas áreas y localidades estratégicas.

Además, desde la reactivación de sus intensos combates en marzo de 2022 después de varios años de calma, el temor de sus avances han obligado a más de 800.000 civiles a abandonar sus hogares, según las Naciones Unidas.

También han desencadenado una crisis diplomática en la que las autoridades congoleñas acusan a la vecina Ruanda de apoyar al M23, algo que Kigali ha negado rotundamente pese a que al menos dos informes de la ONU confirmaron la colaboración.

Al mismo tiempo, Ruanda y el M23 acusan al Ejército congoleño de cooperar con las rebeldes Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), fundadas en 2000 por cabecillas del genocidio de 1994 y otros ruandeses exiliados en RDC para recuperar el poder político en su país de origen.

Esa colaboración también ha sido confirmada por la ONU.

El M23 se creó en 2012, cuando soldados congoleños se sublevaron por la pérdida de poder de su líder, Bosco Ntaganda, procesado por la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra; y debido a supuestos incumplimientos del acuerdo de paz del 23 de marzo de 2009, que da nombre al movimiento.

El grupo exigía renegociar ese acuerdo firmado por la guerrilla congoleña Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) para su integración en el Ejército, a fin de mejorar sus condiciones.

El CNDP, formado principalmente por tutsis (el grupo contra el que estuvo dirigido el genocidio ruandés de 1994), se constituyó en 2006 para -entre otros objetivos- combatir a los hutus de las FDLR.

Desde 1998, el este de la RDC está sumido en un conflicto alimentado por las milicias rebeldes y el Ejército, pese a la presencia de la misión de paz de la ONU en el país (Monusco). EFE

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