La Selvaggio Blu de Cerdeña, una ruta para recorrer con guía

Los talones cuelgan sobre el acantilado mientras ambas manos se aferran a la cuerda. Al mirar hacia abajo por sobre el hombro se vislumbra el mar turquesa. Unos 40 metros por debajo, los barcos avanzan sobre el agua y los veraneantes saludan.

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Infobae

Los talones cuelgan sobre el acantilado mientras ambas manos se aferran a la cuerda. Al mirar hacia abajo por sobre el hombro se vislumbra el mar turquesa. Unos 40 metros por debajo, los barcos avanzan sobre el agua y los veraneantes saludan.

No queda otra que respirar profundamente, concentrarse en el salto hacia atrás sobre el borde del acantilado e ir deslizándose hacia abajo agarrándose bien de la cuerda. Hay que prestar atención para no cometer errores. Es el último y más profundo rapel, un final digno para este recorrido de cinco días a lo largo del golfo di Orosei. Un viaje por un paisaje salvaje con acantilados de cientos de metros, un patrimonio natural en el este de Cerdeña. Se trata de una ruta conocida en todo el mundo como Selvaggio Blu.

Hoy en día es considerada una de las rutas de trekking más hermosas de Europa, y quizá también una de las más duras. Ya solo encontrar la ruta es bastante complicado.

"La Selvaggio Blu no es una ruta fija", dice el guía de montaña Ivan Pegorari. Añade que hay muchas variantes, pero todas siguen la misma filosofía: pasar lo más cerca posible del mar.

Esta ruta se puede reservar en varias oficinas de turismo de montaña, incluyendo un guía y un bote diario para recibir provisiones. Recorrerla por cuenta propia sería un grave error, entre otras cosas porque a lo largo de la cadena montañosa calcárea de Supramonte apenas hay fuentes de agua.

El punto de partida no se ve muy salvaje que digamos: un estacionamiento por debajo del pueblo de Baunei, lleno de autos y caravanas. La mayoría de las personas llega hasta allí para escalar la Pedra Longa, una formación rocosa sobre el mar.

Los cascos y cinturones quedan dentro de la mochila al principio del recorrido. Un camino de arena conduce a través de la maquia y las encinas que se abren paso entre las rocas. De los arbustos de lentisco cuelgan bayas rojas. Lagartijas de color azul metálico se escabullen entre el romero silvestre.

Cuanto más asciende el camino, más tupido se vuelve el bosque. Hay que atravesar rutas pedregosas, sortear ramas bajas, desenganchar la mochila que por momentos queda atrapada entre los árboles. "El verano pasado desaparecieron dos senderistas", cuenta Ivan Pegorari. "No los encontraron hasta el día de hoy. Si te pierdes aquí, estás acabado", asegura.

El largo descenso termina en un fiordo estrecho. Cuando llega el barco con provisiones todos ayudan a descargarlo. Hay comida, tiendas, bolsas de dormir y agua fresca. Y un colchón grueso para Pegorari. "Este verano estaré aquí cuatro semanas", explica sonriendo y encogiéndose de hombros.

Antes, los senderistas dormían en la playa, aunque por ese entonces ya estaba prohibido. Pero eran pocos. La Selvaggio Blue se volvió famosa en 2011, cuando canales de televisión y la revista de la sociedad alpina CAI informaron sobre ella. "Había días en que acampaban aquí unas 150 personas", cuenta Pegorari. "Era un caos", añade.

Junto con otros guías, les propuso a las autoridades una serie de reglas. Hace seis años, la autoridad de parques nacionales creó campamentos en los que pueden acampar un máximo de 40 senderistas por día. Aunque quizá la palabra campamento sea un poco exagerada. Se trata de claros en el bosque en los que se quitaron ramas y piedras. Mientras más se aleja el senderista del mar, más huele a cabra.

El ánimo sigue siendo excelente. Más tarde, el guía sirve algo de pasta, regada por un vino de una botella de plástico. El postre es la guitarra de Pegorari. Algunos viajeros toman un sorbito de mirto, un licor típico de arrayán de Cerdeña. Otros se van a descansar a la tienda. Es apenas la primera noche.

Por la mañana, el ascenso continúa a través de arbustos densos. No hay viento. El clima es sofocante y hace calor. "Nunca había sudado así", dice Martina, de Múnich, que forma parte de la excursión.

Unos cuantos cerdos se alejan del camino y se adentran en el bosque, mientras cabras peludas observan a los senderistas desde una distancia prudencial. En algunas rocas todavía se pueden ver las marcas originales, unas líneas de color azul pálido. Hoy en día, marcan el camino piedras colocadas sobre las horquillas de las ramas o colocadas sobre ramas más robustas.

El camino continúa por una roca. Por debajo de los caminantes se encuentra la Cala Goloritze, la bahía de ensueño fotografiada un millón de veces: paredes rocosas escalonadas y moteadas de verde, una flota de barcos blancos viajando por el mar turquesa y, directamente sobre la playa, la colosal de roca conocida como Aguglia.

Al descender, sale al encuentro una colonia de veraneantes en bañador y bikini. La playa está llena, como si se tratara de una piscina al aire libre. Pero la grava es blanca y fina, el mar claro y el paisaje gigantesco.

Lo aventurero que puede ser este recorrido queda claro a la mañana siguiente. Hay que emprender la vuelta porque un desprendimiento bloqueó el camino. "El camino cambia año a año", dice Pegorari. "Aquí llueve mucho en invierno", añade. A diferencia de los senderos oficiales, el Selvaggio Blu no tiene mantenimiento. De no contar con un guía, la cosa podría ponerse muy complicada. Además, aún queda por delante el primer desafío del día: hacer rapel.

El descenso transcurre en medio de numerosas medidas de seguridad. Con los días, los viajeros van mejorando la técnica y el miedo deja paso al disfrute. Descender comienza a ser divertido.

Para que los viajeros no se aburran, los guías los llevan hasta una cueva. Es posible encontrar miles de ellas en las montañas calcáreas del Supramonte. Una simple soga permite descender hacia una de ellas. Las luces de las lámparas ajustadas sobre las frentes parpadean sobre las estalactitas. El camino atraviesa distintas cuevas hasta que se vislumbra la luz. Y el mar.

Hacia el final, el gran premio, la más linda de todas las bahías: Cala Biriola. Algunos aprovechan para tirarse desde una de las rocas hacia el mar. Por su parte, Ivan Pegorari saca su guitarra y toca una canción por última vez.

Información: Selvaggio Blu

Cómo llegar: Se puede volar a Cagliari. También se puede tomar un tren a Génova o Livorno y luego un ferry a Olbia. Desde Cagliari y Olbia se puede viajar con autobuses hasta Baunei.

Mejor época para viajar: los mejores meses son mayo y junio, así como septiembre y octubre, cuando el mar aún está tibio y es posible bañarse. En el verano el clima es demasiado caluroso para caminar por este sendero, mientras que en invierno llueve mucho.

Guías y viajes organizados: muchas empresas ofrecen recorridos guiados por la ruta Selvaggio Blu, que incluyen el aprovisionamiento con los botes. Los tours en italiano con Ivan Pegorari se pueden reservar en www.valmalencoalpina.com .

Informaciones: www.sardegnaturismo.it

dpa