En la ciudad china de Xiamen (este), frente a las costas de Taiwán, la despreocupación predomina a pesar de las tensiones provocadas por la visita a la isla de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi.
Pelosi, la mayor autoridad estadounidense que visita la isla en los últimos 25 años, llegó a Taiwán el martes por la noche y se marchó menos de 24 horas más tarde.
Una provocación para China, porque Estados Unidos no tiene relaciones oficiales con el territorio insular de 23 millones de habitantes, que Pekín considera como una de sus provincias a reunificar con el resto del país.
En represalia, China anunció ejercicios militares de envergadura muy cerca de sus costas.
En la playa bordeada de palmeras de Xiamen, lado oeste del estrecho de 200 km de ancho que separa la isla de China continental, nadie está preocupado.
"¿Un conflicto? No, no me preocupa", declara a la AFP Huang, joven empleado del sector informático, mientras pasea durante su pausa para el almuerzo. "Nosotros, los habitantes de Fujián, estamos acostumbrados a las tensiones en el estrecho de Taiwán. Vivimos así desde hace décadas", explica refiriéndose a las tensiones recurrentes entre las dos orillas desde los años cincuenta.
La provincia de Fujián, en el este de China, se encuentra justo enfrente de Taiwán, con la que comparte una cultura similar y un dialecto chino común.
- Tienda de campaña y binoculares -
"Algo puede pasar en cualquier momento. Pero la probabilidad es baja, así que no estamos preocupados", señala Huang. "Pero es cierto que la visita de Pelosi rompe el equilibrio que había", comenta.
A pesar de las noticias, parejas de recién casados se toman fotos, la gente pasea a sus perros y los niños se divierten en la arena.
"Pienso y espero que no haya guerra", declara a la AFP Zheng Dahai, treintañero que llegó a la playa con su hijo para montar una tienda de campaña y comer algo.
"Un conflicto afectaría nuestras vidas. Habría incluso heridos", destaca.
Seis kilómetros mar adentro, se encuentra la isla de Kinmen, con una población de poco más de 100.000 habitantes.
Rareza de la historia, las fuerzas comunistas nunca lograron conquistarla ni durante ni después de la guerra civil china. Por lo tanto, permanece bajo el régimen que gobierna Taiwán en la actualidad.
Si bien la situación es estable, este es uno de los pocos lugares donde las fuerzas militares del continente y de la isla están enfrentadas en una distancia tan corta.
Desde Xiamen, un hombre observa Kinmen con sus binoculares "para mirar las instalaciones militares, los agricultores y la vida de la gente allí", explica a la AFP cerca de un antiguo búnker, testigo de los bombardeos pasados.
"No quiero una guerra. Debemos vivir en paz y respetarnos mutuamente", declara un jubilado que viene a nadar como todos los días, ya sea verano o invierno.
"Por otro lado, si no me respetan, si vienen a intimidarme, es otra historia. Que el otro sea fuerte o no, incluso yo, un viejo, ¡pelearé!", afirma.
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