MOSCÚ (AP) — Cuando Estados Unidos y la OTAN rechazaron los reclamos del Kremlin sobre Ucrania la semana pasada, los temores de un ataque ruso inminente crecieron abruptamente, pero en lugar de lanzar sus vanguardias blindadas a través de la frontera ucraniana, Moscú bombardeó las capitales occidentales con cartas diplomáticas acerca de un acuerdo internacional que el Kremlin considera un argumento fuerte a favor de su posición.
Aunque el presidente Vladimir Putin dijo hace un mes que quería una respuesta rápida a los reclamos rusos y advirtió que no aceptaría “palabrería ociosa”, días atrás indicó que estaba dispuesto a mantener más conversaciones con Washington y la OTAN.
De tal manera, hay un destello de esperanza.
Aunque más de 100.000 soldados rusos siguen acechando a Ucrania y las semanas de conversaciones no han dado lugar a concesión alguna, Rusia y Occidente siguen conversando y, según algunos expertos, eso le da alguna razón para ser optimistas.
“Por un lado, Putin lanzó sus dardos retóricos contra Occidente y destacó los desaires percibidos; por el otro, al mismo tiempo dejó abierta la posibilidad de seguir hablando en detalle sobre al menos algunos de los asuntos en los que Occidente ha estado dispuesto a negociar”, dijo el exdiplomático Jeff Rathke, presidente del Instituto Estadounidense de Estudios Alemanes Contemporáneos en la Universidad Johns Hopkins.
“De alguna manera, nos encontramos en el mismo lugar que hace algunas semanas”, dijo Rathke. “Putin mantiene abiertas todas sus opciones. No descarta seguir hablando ni reduce su retórica estridente”.
Sigue habiendo una amplia brecha entre Rusia y Estados Unidos sobre los asuntos cruciales y no está claro cómo se podría llegar a un acuerdo, pero el hecho de que el Kremlin habla ahora de diplomacia reflejaría la esperanza de Putin de alcanzar sus objetivos mediante negociaciones, con la presencia de sus tropas cerca de Ucrania como palanca de negociación.
“Rusia se mostrará intransigente mientras indica que no cierra la puerta a las negociaciones”, opinó Fyodor Lukyanov, titular del Consejo de Políticas Exteriores y de Defensa, con sede en Moscú, quien sigue de cerca el pensamiento del Kremlin. “No se llega a acuerdos tan complejos en un clima distendido y tomando el té, de manera que se usan todos los medios de persuasión, entre ellos la demostración de fuerza”.
Rusia dice que no tiene intenciones de atacar a su vecino, pero exige que la OTAN le prohíba el ingreso a Ucrania y a otras exnaciones soviéticas y que se comprometa a no instalar armas en ella. También quiere que la OTAN retire sus fuerzas del este de Europa.
Estados Unidos y sus aliados rechazaron de plano esos reclamos en una serie de conversaciones el mes pasado, pero Moscú exigió una respuesta por escrito, lo que generó sospechas de que esperaba un rechazo formal de sus reclamos para justificar una invasión de Ucrania.
En su respuesta a Moscú del 26 de enero, Estados Unidos y la OTAN descartaron cualquier concesión a los principales reclamos rusos, pero mantuvieron la puerta abierta para mantener conversaciones sobre otros asuntos, como los límites a la instalación de misiles ofensivos, una mayor trasparencia sobre los ejercicios militares y otras medidas destinadas a crear confianza.
Putin aún no ha dado su respuesta a las propuestas occidentales, pero sus diplomáticos han advertido que será difícil avanzar en esos aspectos si Occidente sigue aplicando tácticas de dilación frente a los reclamos principales.
El impasse ha provocado temores de hostilidades inminentes y en una llamada telefónica la semana pasada el presidente estadounidense Joe Biden advirtió a su colega ucraniano que hay una “clara posibilidad” de que Rusia invada en febrero.
Por el momento, Moscú parece haber optado por una vía diplomática y últimamente los funcionarios estadounidenses han reducido su retórica acerca de la “inminencia”, pero Washington no cede en cuanto a la urgencia de sus temores.
Hace una semana, el canciller ruso Serguei Lavrov, en cartas a sus contrapartes occidentales, respondió al argumento de la OTAN de que cada país tiene derecho a elegir sus alianzas. Dijo que la expansión de la alianza contradice su obligación de no fortalecer su seguridad a expensas de Rusia.
Lavrov dijo que Estados Unidos y sus aliados juraron respetar la “indivisibilidad de la seguridad” en documentos firmados en las cumbres de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE por sus siglas en inglés), la principal agrupación trasatlántica de seguridad.
“Debe haber seguridad para todos, o no habrá seguridad para nadie”, escribió Lavrov. Dijo que su ministerio esperará las respuestas formales a su carta antes de asesorar a Putin sobre las próximas medidas.
El intercambio de cartas podría preparar el escenario para una larga serie de argumentos sofísticos sobre las interpretaciones contrapuestas de los documentos de la OSCE. Putin se declaró dispuesto a mantener esas discusiones.
En sus primeras declaraciones públicas sobre el enfrentamiento desde fines de diciembre, el mandatario ruso observó el martes que, aunque Occidente rechaza los reclamos claves rusos, las gestiones diplomáticas deben continuar. “Espero que finalmente podamos llegar a una solución, aunque comprendemos que no será fácil”, afirmó Putin.
Ese alarde de paciencia contrasta con la declaración de Putin en diciembre de que quiere una respuesta rápida y que podría ordenar “medidas técnico-militares” no especificadas si Estados Unidos y sus aliados siguen ignorando los intereses de Moscú.
Putin no habló de tales medidas en sus declaraciones de esta semana y dijo que “debemos encontrar la manera de garantizar los intereses y la seguridad de todas las partes, incluidas Ucrania, las naciones europeas y Rusia”.
Por otra parte, Rusia mantuvo negociaciones sobre un acuerdo de paz de 2015 para el este de Ucrania. Una reunión en París con enviados presidenciales de Rusia, Ucrania, Francia y Alemania no dio resultados inmediatos, pero acordaron volver a reunirse en Berlín en las próximas semanas.
El presidente francés Emmanuel Macron, que ha hablado tres veces con Putin desde el viernes pasado, irá a Moscú y Kiev el lunes y martes para tratar de distender la situación y el canciller alemán Olaf Scholz irá a Ucrania y Rusia el 14 y 15 de febrero.
Lukyanov dijo que Rusia seguirá flexionando sus músculos militares para demostrar su firmeza. Observó que para Rusia no es gran esfuerzo mantener sus tropas cerca de Ucrania por mucho tiempo y que realizará ejercicios para mantener la presión sobre Occidente.
“Las tropas pueden ir y venir”, dijo Lukyanov. “Es relativamente barato y dentro del presupuesto ya asignado al entrenamiento para el combate”.
Los ejercicios incluyen grandes operaciones con el aliado Bielorrusia, lindante con Ucrania hacia el norte, y Lukyanov dijo que Rusia podría reforzar sus lazos de defensa con el país.
El presidente autoritario de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, ya ha ofrecido recibir armas nucleares rusas. “Bielorrusia será un elemento importante en este juego”, dijo Lukyanov.
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Lee informó desde Washington, D.C.
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