Por Wayne Cole
SÍDNEY, 21 ene (Reuters) - Australia seguirá siendo una nación dividida, ya que el vasto estado minero de Australia Occidental ha cancelado sus planes de reabrir sus fronteras el 5 de febrero, alegando los riesgos para la salud derivados del aumento de la variante ómicron de COVID-19 en los estados del este.
El país registró 86 muertes por el virus el viernes, según las cifras de las jurisdicciones estatales y territoriales que se han comunicado hasta ahora, su día más mortífero desde el inicio de la pandemia.
El estado más poblado de Australia, Nueva Gales del Sur (NSW), informó de 46 muertes de pacientes con COVID-19, también su peor día, incluyendo un bebé, mientras que el estado de Victoria registró 20 muertes. No obstante, el descenso de las hospitalizaciones en ambos estados ofrece la esperanza de que el último brote haya alcanzado su punto máximo.
Todos los estados y territorios, excepto Australia Occidental (WA), han reabierto sus fronteras interiores en virtud de una política de convivencia con el COVID-19, a pesar del aumento récord de casos. Australia Occidental iba a hacer lo mismo el mes que viene.
Sin embargo, el primer ministro del estado de Australia Occidental, Mark McGowan, hizo un sorprendente anuncio a última hora del jueves en el que afirmaba que sería "imprudente e irresponsable" abrir, dada la rápida propagación de ómicron.
En su lugar, la reapertura se retrasaría indefinidamente o, al menos, hasta que el porcentaje de vacunaciones de triple dosis alcanzara el 80%. Actualmente está en torno al 26%.
"Si siguiéramos con el plan original, estaríamos sembrando deliberadamente miles y miles de casos de COVID en WA y en este momento eso no es lo que voy a hacer", dijo McGowan a los periodistas.
Esa decisión llevó a Qantas Airways Ltd a reducir su capacidad de asientos en Australia en 10 puntos porcentuales más, hasta el 60% de los niveles anteriores a la pandemia para el trimestre de marzo.
McGowan dijo que el plan original de reapertura se basaba en la cepa delta, menos transmisible, y no en ómicron.
El estado, que tiene el tamaño de Europa occidental y una población de 2,7 millones de habitantes, lleva meses cerrado al resto del país y al mundo exterior, aprovechando su aislamiento natural para mantener los casos bajos.
Solo hay 83 casos activos en el estado, frente a los 550.000 del conjunto del país, y solo un puñado de ellos son ómicron.
Es probable que la decisión enfurezca al primer ministro Scott Morrison, que lleva tiempo instando a todos los estados a abrirse y aprender a vivir con el virus.
(Reporte de Wayne Cole; Reportaje adicional de Sam Holmes; Editado por Marguerita Choy, Michael Perry y Gerry Doyle, traducido por Tomás Cobos)
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