¿Solución milagrosa o quimera imposible para luchar contra el cambio climático? Las técnicas de captura y almacenamiento de carbono interesan mucho a los industriales, pero esta tecnología tiene que superar todavía muchos obstáculos técnicos y financieros así como las críticas de las oenegés.
La captura y almacenamiento de carbono (CCS en inglés) implica capturar el CO2 en plantas de producción de energía que utilizan combustibles fósiles, o bien en instalaciones industriales del sector de la siderurgia, el cemento, la química o la petroquímica.
Una vez capturado, el CO2 puede ser transportado y reinyectado en depósitos geológicos herméticos (por ejemplo antiguos campos de petróleo) para su almacenamiento definitivo.
En algunos casos, también puede ser reutilizado (en este caso se llama CCUS).
El proceso no es nuevo y la primera instalación se puso en marcha en Texas a principios de los 1970.
Pero a pesar del interés en esta tecnología, solo hay unas 20 instalaciones en todo el mundo, según el Global CSS Institute.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) cree que tiene un enorme potencial y que es una tecnología "crítica" para alcanzar los objetivos de neutralidad carbono en la lucha contra el cambio climático.
"Tras años de lentos progresos, los nuevos incentivos a la inversión y el fortalecimiento de los objetivos climáticos están volviendo a dar impulso a la CCUS", indica.
La AIE contabilizó más de 30 proyectos en los últimos tres años, una cifra relativamente pequeña.
Según la agencia, la CCUS responde al problema de las industrias pesadas, difíciles de descarbonizar, como las de producción de cemento.
- Ventajas -
Los productores de hidrocarburos ven esta técnica como una forma de mejorar el uso del gas natural para producir electricidad o hidrógeno.
La llamada Oil and Gas Climate Initiative (OGCI), que reúne a grandes compañías del sector, puso la CCS entre sus prioridades.
Las grandes compañías petroleras como BP, Equinor, Shell y Total son pioneras en el desarrollo de esta tecnología. Las tres últimas están asociadas en un proyecto gigante en Noruega para almacenar CO2 bajo el mar del Norte.
"La industria petrolera tiene ventajas respecto a otras industrias para operar en actividades de CCUS", señala Moez Ajmi, de la consultora EY.
"La actividad de captura de CO2 es similar en tamaño y complejidad a la del refinado y a la petroquímica; el transporte de CO2 es similar al transporte de gas; y el almacenamiento requiere un conocimiento geológico que las industrias de exploración y producción de petróleo ya poseen", detalla.
Además los viejos yacimientos agotados de petróleo y gas son depósitos potenciales.
- "Falsa solución" -
Pero estos depósitos geológicos no son infinitos. El primer obstáculo para el desarrollo de esta tecnología es "la limitación de lugares donde depositar el carbono", dice Nicolas Berghmans del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI).
Una escasez relativa que obligaría a concentrarse en las industrias más difíciles de descarbonizar.
El otro obstáculo es el costo: "Haría falta un marco regulador, con un precio mucho más alto y estable del carbono a lo largo del tiempo para que los fabricantes inviertan en las infraestructuras necesarias", dice Nicolas Berghmans.
A fin de cuentas, estas limitaciones reducen el posible ámbito de aplicación de la CCS.
Las oenegés ambientales, por su parte, son escépticas ante lo que consideran una quimera y una "falsa solución".
Sus críticas van del riesgo de fuga del CO2 almacenado hasta la energía adicional necesaria para hacer funcionar esta tecnología.
"La ayuda financiera pública debe dirigirse principalmente a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en su origen", apunta Cécile Marchand, de la organización de Amis de la Terre.
jmi/cho/aue/pc/af
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