El mes pasado, luego de más de dos años de golpes en la cara, amenazas de muerte y denuncias en comisarías y fiscalías sin recibir respuesta o solución alguna, Luis Rojas llegó al último recurso: pegar afiches por el barrio.
Lo hizo en Quilmes Oeste, con una leyenda muy simple: "Sergio Marcelo Delgado: violador. Buscá información en Infobae". El 5 de marzo último, este medio reveló la historia de Delgado, de 48 años, ex vigilador privado y hoy remisero. En 2011, el Tribunal Oral Criminal Nº5 de Quilmes, integrado por los jueces Juan Martín Mata, Gustavo Farina y Mónica Rodríguez de Piuma, condenó a Delgado a tan solo tres años de cárcel luego de un juicio abreviado por el delito de abuso sexual simple agravado por el vínculo.
Delgado, según la condena del Tribunal, había violado a sus hijas en repetidas ocasiones en 2005 cuando apenas tenían seis y nueve años. Las declaraciones en cámaras Gesell, sostenidas como válidas por los peritos, le sellaron la suerte. La menor reconoció "que su padre le había enseñado a tocarlo" y que "cuando la bañaba le tocaba la cola" mientras su madre salía por la mañana a trabajar. Además, una de las niñas dijo "que no le había dicho antes, porque pensaba que no le iban a creer".
Pero, de cara a estos crímenes aberrantes, el TOC Nº5 resolvió que la pena sea en suspenso, es decir, no fue a la cárcel inmediatamente. Nunca lo hizo, a pesar de un pedido de captura en el Registro de Reincidencia por no reportarse ante la Justicia. Nadie lo había ido a buscar.
Con crímenes probados y condenados por la Justicia, con una orden de arresto en su contra, siguió libre. Su hija mayor, luego de varios años, lo denunció por amenazarla de muerte. La causa recayó en la fiscal general Mónica Cuñarro.
Apenas dos horas después de que la funcionaria recibió el expediente Delgado quedó detenido en una dependencia de Quilmes.
El 8 de febrero de 2012, Delgado firmó un contrato de alquiler de dos años por una casa de tres ambientes propiedad de Luis Rojas en la calle Estanislao del Campo, Quilmes Oeste, la misma en la que fue detenido por la Policía Federal bajo órdenes de la fiscal Cuñarro.
Al leer la historia en Infobae, Luis Rojas quedó pálido. "Yo no tenía la más mínima idea", asegura.
Los problemas comenzaron a mediados del año siguiente, seis meses antes de que termine el contrato. Rojas afirma: "De un día para el otro, me dejó de pagar". Así, comenzaron los reclamos para que pague o se vaya, sin ningún tipo de éxito.
Hubo puntos peores. El 18 de julio de 2014, Rojas y su mujer, Nancy Avellaneda, sufrieron una brutal golpiza, afirman ellos, de parte de Delgado. "Me tiró al piso y se me vino encima, me rompió tres dientes", dice Rojas.
Su mujer terminó con los ojos morados y el tabique fracturado. El hecho fue denunciado ese mismo día en la Comsiaría 9 de Quilmes, caratulado como "lesiones recíprocas", a cargo del doctor Ariel Rivas, titular de la UFIJ Nº1 de la jurisdicción, de acuerdo a documentos policiales que presenta la pareja. Avellaneda todavía sufre secuelas, según su propio relato: "Me afectó la vista. Hasta el día de hoy no puedo leer un libro", afirma.
"Nunca pasó nada, nunca nos llamaron a ratificar", asegura Rojas.
Es irónico, en cierto punto. Rojas asegura exactamente lo mismo con respecto a toda la pila de documentación que trae a su encuentro con este medio. La primera denuncia contra Delgado, que fue por usurpar el inmueble de la calle Estanislao del Campo, data del 26 de junio de 2014. La última es con fecha del 14 de marzo de 2016, radicada en la Fiscalía General de Quilmes.
Avellaneda reportó que estaba en lo de su suegra, cuando vio a Delgado en un auto negro, con un arma de fuego, gritando "los voy a matar". Lo señaló, también, como el presunto usurpador de su domicilio.
Al día siguiente del hecho, un grupo de personas, entre ellos un hermano de Delgado, se presentaron en la casa de Rojas, al grito de "te vamos a recagar a tiros, vení que te vamos a cagar a trompadas".
El 26 de mayo del año pasado, tres meses después de que se presentó como particular damnificada y pidió medidas cautelares ante la Justicia, Avellaneda denunció a Delgado y a quien sería la pareja del condenado por abuso por lanzarles ladrillos y apuntarles con un arma de fuego y amenazarlos, un hecho que recayó en la UFIJ Nº4.
Hubo otro expediente por un hecho del 27 de abril, signado por piedras y botellazos, amenazas como "voy a matar a tu hija, me voy a quedar con tu casa". Avellaneda tiene una hija de una relación anterior, que sufre de epilepsia y retraso madurativo: la sola mención de Delgado le provoca pánico. El 27 de diciembre del año pasado, en otra presentación ante la Oficina de Denuncias de la Procuración bonaerense en Quilmes, Avellaneda reportó que oyó a Delgado decir: "Cuando los vea en la calle los voy a matar, a toda su familia".
De acuerdo al relato de la pareja, Delgado no solo estaría armado: también, tendría otras hijas biológicas hoy de pocos años de edad. Esto suma nueva sal a la herida judicial. Con un pedido de captura y una condena en suspenso por abusar de sus hijas, Delgado fue denunciado penalmente en repetidas ocasiones por Rojas y su pareja por ocupar su casa y amenazarlos de muerte. Así y todo, continuaba suelto.
Tras ser detenido por orden de la fiscal Cuñarro en la casa de Quilmes Oeste, "estuvo preso apenas seis días y lo soltaron", asegura Rojas.
A Delgado, su ex mujer, la madre de las dos niñas abusadas, lo había denunciado por violencia de género, formulando un pedido de exclusión del hogar en su contra. "Me golpeó ferozmente delante de mis hijas el 5 de octubre de 2005 tirándome de los pelos y golpeando a mi bebé de menos de 2 años contra la pared", admitió ante la Justicia. La actual pareja de Delgado también lo denunció por el delito de lesiones leves y amenazas en la Comisaría de la Mujer de Quilmes. Fue en marzo de 2011; la causa recayó en el Juzgado de Garantías Nº6 y el fiscal Hernán Bustos Rivas.
Hubo algo que inquietó profundamente a Rojas: "Delgado siempre alardeaba con que tenía contactos con la 'Brigada', o con personal de la Comisaría 9 de la zona, donde hice muchas de mis denuncias", dice.
En su mente, el cálculo fue obvio: la connivencia o la protección de efectivos de la Policía Bonaerense sería la única forma de explicarlo todo. Así, Rojas denunció al personal de la Comisaría 9 en la división Asuntos Internos de la fuerza por "irregularidades en instrucción de causas", según consta en el acta del 19 de febrero de 2015. Fue llamado luego a ratificarla.
Rojas no tuvo más novedades después.
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