Conocida por sus boliches, bares y la movida nocturna, esta ciudad balnearia es sin duda la preferida para vivir las noches más divertidas durante la temporada de verano. Pero hay mucho por ver y descubrir en este destino que cautiva también a quienes buscan algo más que sólo entretenimiento de enero y febrero. Gesell tiene historia y muchos sitios para descubrirla que permanecen activos durante todo el año. Hay buena gastronomía, paseos al aire libre, playas recónditas y sitios con un encanto especial, que recuerdan a sus primeros pobladores, esa colonia alemana que se instaló siguiendo el sueño de un aventurero.
Carlos Idaho Gesell fue quien literalmente inventó esta villa, el artífice primario que vio la posibilidad de que un gran médano pudiera convertirse en un lugar para vivir. Nacido en una acomodada familia germana, se educó en los mejores países y sin duda tenía un talento especial para los inventos. De su amistad con la Familia Guerrero, dueña de todos los campos de la costa, surge la idea de comprarles este montón de arena, razón por la que todos lo llamaban "el loco del médano", en alusión a su perseverancia para lograr que allí crezcan pinos y plantas. Su primer casa, construida en 1931, todavía está allí, en uno de los mejores terrenos y funciona como museo. Una visita obligada para entender cómo nació este lugar tan particular.
En 60 kilómetros que hay de playas en todo el territorio, el paisaje cambia notablemente, hacia el norte lleno de dunas y bosques, ideales para ir en 4x4 o cuatriciclo a divertirse. Incluso las cabalgatas pasan por allí a diario a la hora del atardecer. Hacia el sur, pasando Mar de Las Pampas, Mar Azul y Las Gaviotas, la playa vuelve a ser un desierto total donde sólo se agrupan las gaviotas y algunos pescadores. El terreno llano pasa por una playa nudista y mucho más allá el faro Querandí, una belleza digna de visitar. Se puede llegar sólo en vehículos todoterreno y allí sus cuidadores abren las puertas para ver por dentro este gran tubo. Un esqueleto de delfín gigante, una baliza (igual a las que hay en su punta) e imágenes de otros faros de la zona hacen a la recorrida. Luego un poco de sandboard en las dunas altas y suaves que se levantan a su lado, completan una tarde fabulosa para disfrutar a pleno. Hay algunos tours incluso que hacen la recorrida de noche con asado en el bosque incluido para el grupo de amigos.
Hacia el centro, donde se desarrolla la ciudad, las caminatas de mañana y al atardecer son las mejores gracias a una rambla de madera de unas 20 cuadras de extensión que va paseando por todos los balnearios y permite las mejores vistas del mar. Hay lugares notables que son parada obligada para tomar algo, como El Náutico, imposible de no ver con su gran velero clásico en la entrada, y Windy, el líder indiscutido de todas las salidas. Este gran barco pirata existe desde los años '80 y tiene por lejos la mejor oferta gastronómica siempre mirando el inmenso mar en primer plano.
Siguiendo esta sintonía de buenos sitios, la villa tiene toda una tradición de restaurantes y casas de té al mejor estilo europeo. La Austríaca, La Holandesa, Las tortas de Hans, La Casa del Hobbit, son algunos de los que existen de toda la vida siempre brindando calidad en sus productos, pero además un buen lugar temático donde pasar un almuerzo o cena inolvidable. Otros imperdibles y clásicos que no pierden vigencia son La Vieja Jirafa en el centro, un punto de encuentro desde los años '60 cuando los primeros hippies coparon Villa Gesell. Luego en medio del bosque Las Cortaderas o La Casa de Antonia en la zona norte, deleitan en un escenario de pinares añosos.
Sobran también paseos para los atardeceres o los fanáticos de las caminatas. El gran bosque reserva que rodea la casa "del viejo Gesell", con senderos que nos internan en lo más profundo del pinar, entre tamariscos, laureles y otras añosas especies. La rambla, que comienza en la calle 115 y culmina en la 203, serpentea todos los balnearios y playas más vistosos, que gracias a una renovación han recuperado el médano original y se llenaron de vegetación. Por último, algo nuevo para los turistas es "la calle de las artes", un camino que recorre la calle 304 desde la playa hasta el boulevard y nos lleva por los talleres de cinco artistas locales dedicadas a la escultura, la pintura o la joyería, tal es el caso de Talismanes Naturales que esconde en sus collares tesoros de la naturaleza reciclados para usar. Directamente desde la Casa Museo Gesell, se baja a este circuito tan único y nuevo en la villa.
Hay mucho por descubrir fuera de temporada en Villa Gesell, cuando los turistas del verano ya se vuelven y los boliches se apagan hasta la próxima temporada. Las postales de una ciudad que quiso ser un reducto exclusivo de los amantes de la naturaleza todavía están ahí inmutables y conviven con la oferta turística clásica. Un destino que no tiene desperdicio y nos propone bucear en su rica historia.
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