El despido de unos 150 empleados de la Dirección General de Fabricaciones Militares desnudó los modos con que el interventor Santiago Rodríguez, vinculado a La Cámpora, manejaba el organismo con fines netamente políticos. Uno de esos aspectos era la comunicación, un área que dirigía su esposa, donde se editaban un diario y tres revistas de propaganda política, además de contar con una red de tuiteros al servicio del proyecto nac & pop, un estudio de televisión y una radio.
Una de las primeras decisiones de Rodríguez fue nombrar a su inexperta y joven novia, Bárbara Grané, como directora de Comunicación, Relaciones Institucionales y TIC's, que en ese momento sólo tenía 5 empleados. En poco tiempo, floreció la militancia, los trabajadores se multiplicaron y el sector se convirtió en un centro de propaganda kirchnerista.
El objetivo era triple: hacer propaganda a favor del Gobierno, adoctrinar a los empleados –que cada semana recibían en su escritorio el diario y las revistas– y promover la carrera de Rodríguez, de quien Grané decía que era "ministeriable" y soñaba con ser ministro de Defensa en lugar de Agustín Rossi, que tenía una pésima relación con La Cámpora.
Grané, a quien llamaban la "emperatriz" por sus caprichos, comió salmón en los almuerzos, tuvo un chofer a su disposición y realizó numerosos viajes al exterior. Fue una de las encargadas de llenar de militantes el organismo. "Íbamos por los pasillos y los ascensores, y no conocíamos a nadie", le contó a Infobae un empleado de carrera, que definió a la ex directora como "una sociópata que sonreía todo el tiempo, pero que cuando se enojaba se ponía loca y no paraba de gritar". Tenía un sueldo que rondaría los 60 mil pesos por mes, pese a que los empleados antiguos del organismo aseguran que sólo puede ostentar un título de perito mercantil. Y no le fue nada mal: según su declaración jurada, le bastaron tres años en el cargo para comprarse un departamento de un millón de pesos.
El centro de operaciones y propaganda se instaló en el cuarto piso de la sede que Fabricaciones Militares tiene en el barrio porteño de Belgrano, sobre el viaducto Carranza, donde nace la avenida Cabildo. Trabajaba de 17 a 24 horas, incluso los sábados y domingos, algo para nada común en la administración pública.
Allí Grané adquirió grandes equipos, desde cámaras de filmación y de fotografía de primera calidad, hasta un drone. No tuvo problemas en que el interventor le aprobara las compras, porque su actual esposo decidió que el área de Abastecimiento pase a la órbita de la directora de Administración, Laura Sarafoglu, una amiga de sus padres.
En el estudio de televisión trabajaban diseñadores, editores, camarógrafos y técnicos audiovisuales que realizaban videos promocionales de alta calidad, con los que buscaban exaltar la gestión de Rodríguez. La lógica era la misma que aplicaba el Gobierno a nivel nacional: todo lo anterior era un desastre. Entonces, Fabricaciones Militares, que tenía prestigio internacional por sus productos, pasó a ser parte de la recuperación del país. Poco importó que el déficit rondara los mil millones de pesos.
Una de las principales compras de Grané fue la maquinaria necesaria para imprimir. Hasta ese entonces, las publicaciones de Fabricaciones Militares eran folletos de propaganda que se solían repartir en congresos y ferias, y una revista que tiraba 2 mil ejemplares por mes y se mandaba a imprimir afuera. El cambio fue radical: el organismo empezó a editar un diario llamado Hecho en fábrica, y tres revistas de primera calidad, impresas con papel ilustración de alto gramaje.
Los títulos grafican la impronta militante. "Kirchner, el nombre del cambio", rezaba, por ejemplo, un artículo. "Día histórico. No más sujetos a privatización", encabezaron la nota sobre la ley que declaró "estatal" a las fábricas de Fabricaciones Militares.
También siguieron haciendo folletos de propaganda, pero durante la última campaña electoral se sumaron los que tenían la cara de Mariano Recalde, candidato a jefe de Gobierno porteño. Más de un empleado se pasó un sábado entero repartiéndolos en la esquina de Cabildo y Federico Lacroze.
En su edición número 15, la tapa de la revista FM Comunicación tituló "Reparación histórica". Se refería a la ley impulsada por el kirchnerismo para indemnizar a las víctimas de las explosiones de Río Tercero en 1995. La iniciativa fue finalmente ley recién en septiembre de 2015. Pero el ejemplo es útil para conocer la dinámica del relato: nunca se publicó nada vinculado a las explosiones que hubo durante la gestión de Rodríguez, como la explosión en la fábrica de Luis Beltrán o la de Villa María, entre otros incidentes de gravedad, en los que hubo un muerto y varios heridos. El pasado era el mismísimo diablo y el presente, recorte mediante, una obra de Dios.
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