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Los niños, por su propia naturaleza, son "monstruos morales", escribió el periodista Jeffrey Kluger en su informe sobre "Pequeños narcisistas" para Time. Según describe, son codiciosos, exigentes, violentos, egoístas, impulsivos y absolutamente implacables. Luchan constantemente con compañeros de juego y hermanos, pero gritan de dolor e indignación si son atacados. Esperan ser adorados, pero no disciplinados, recompensados pero nunca penalizados, atendidos y servidos por los padres y familiares sin importar o ser recíprocos.

Los primeros psicólogos hicieron foco en el mismo punto. En un ensayo de 1914 titulado apropiadamente "Su majestad el bebé",

describió que

la primera etapa de la vida de un bebé se define por lo que llamó "narcisismo primario"

. Freud, que podría encontrar sexualidad en un plato de sopa de pollo con fideos, la encontró aquí también. "Llamamos a esta condición 'narcisismo' y a esta forma de obtener satisfacción 'autoerotismo'".

"Es un imperativo evolutivo que los bebés sean egoístas y narcisistas al nacer con el fin de obtener sus necesidades cubiertas", dijo el psicólogo Marcos Barnett, de la Universidad Estatal de Kansas. "La vida está establecida para que consigan lo que necesitan para sobrevivir."

Los bebés no se mueven por la codicia y la astucia, sino por la necesidad primordial para sobrevivir al día siguiente, quizás una buena razón para comportarse de forma egoísta.

Pero eso no significa que las semillas del comportamiento que se convierten en verdadero narcisismo no se encuentran dispersas en el temperamento del bebé, al igual que las semillas de otros trastornos de la personalidad- los 'berrinches' que, de no entrar en vereda, se convierten en el trastorno histriónico de la personalidad más adelante; con la profunda necesidad de amor y atención, y la rabia ante su ausencia, que en un adulto se llama el trastorno límite de la personalidad.


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La Empatía

La falta de empatía es sin duda el más importante de los rasgos del bebé que luego puede convertirse en una característica del narcisista, y en muchos sentidos es la más difícil de superar. No sólo la mente del niño no sondea los sentimientos de los demás; sino que no comprende aún plenamente que las personas o las cosas continúan de existir una vez que pasan fuera de la vista o el oído del bebé.

A los 6 meses de edad, deja caer una cuchara desde una silla alta y no la busca en el suelo debido a la suposición de que si ha pasado fuera de la vista, pasó fuera del mundo. Por la misma razón, los bebés no experimentan ansiedad de separación de la misma manera que lo hacen los niños pequeños. Los adultos son perecederos, intercambiables, como partículas subatómicas en el momento que salen de la habitación.

Cuando los niños empiezan a comprender el concepto de objeto o persona permanente, por lo general alrededor de los 6 meses, se muestran a menudo los primeros brotes verdes de la empatía -la comprensión de que otra persona está triste o tiene un sufrimiento-. Sin embargo, el bebé se comportará egocéntricamente. "Un niño pequeño va a tratar de consolar a su madre de la misma manera que él desea ser consolado", aseguró Barnett. "Eso puede significar darle su osito de peluche o algún otro juguete que le gusta."


El bebé quiere lo que quiere

La falta de control de los impulsos es otra gran parte tanto del bebé como del temperamento narcisista. La capacidad de desear algo y no tenerlo -o al menos postergar eso que se desea- es algo con lo que se lucha toda la vida. Primero el trabajo después el juego. Lecciones que algunos nunca aprenden..

La idea de que el deseo es igual al libertinaje viene cargado de fábrica en todos. El psicólogo de la Universidad de Stanford, Walter Mischel mostró a partir de la década de 1960 "The Marshmallow test" (La prueba del malvadisco). Allí tabajó con un grupo de niños de 4 años, y les ofreció un trato: podrían tener una golosina de inmediato o, si esperaban 15 minutos, podrían tener dos. Luego salió de la habitación.

Dos tercios notablemente pudieron salir a los 15 minutos, pero no fue fácil. Tal vez los niños que tuvieron éxito en la prueba eran innatamente de carácter fuerte, o tal vez ellos tuvieron suerte, pero si se tratara efectivamente de suerte, la experiencia les enseñará una lección imborrable. Cuando Mischel y sus colegas siguieron con los mismos niños 14 años más tarde, se encontraron que los que habían hecho bien la prueba del malvavisco lograron mejores resultados en pruebas de comportamiento que miden la eficacia social y la capacidad de hacer frente a la frustración. También notaron, en promedio, 210 puntos más en sus exámenes SAT (exámenes de admisión a las universidades) que los niños que se había ido con una sola golosina muchos años antes.


"Oh My"

Un elemento final e indispensable del narcisismo es la falta de remordimiento. Es difícil ser un glotón de golosinas o un manipulador de la gente si luego vendrá el arrepentimiento. Es mucho mejor permanecer insensible a las malas conductas, si estas van a continuar.

Un estudio realizado en 2009 por la Universidad de Iowa explora cuán temprano los niños empiezan a mostrar remordimiento y lo que hacen para manejar ese sentimiento. Grazyna Kochanska y sus colegas reunieron a un grupo de muestra de 57 niños, todos más o menos de 2 años, y dieron a cada uno un juguete. A los niños se les dijo que el juguete era muy especial, que pertenecía a la investigadora y que lo había tenido desde que era una bebé. Eso no era cierto. El juguete fue especialmente manipulado para romperse en pedazos apenas el niño lo toque. Cuando esto sucedió, la dueña del estudio exclamó con angustia: "¡Oh no!".

Durante los siguientes 60 segundos, se dedicó a observar. Algunos de los niños parecían imperturbables. Otros estaban visiblemente molestos, cubriendo sus ojos, dándole la espalda, abrazándose a sí mismos para darse contención. Era en cierto modo lo más desagradable de la investigación, aunque el largo minuto de sufrimiento terminó y fue seguido por el perdón. Kochanska recogió las piezas del juguete y salió de la habitación con la promesa de que lo arreglaría. Ella regresó luego con un juguete duplicadoen perfecto estado de funcionamiento. Al igual que con los resultados de seguimiento para la prueba del malvadisco, los niños que mostraron más molestias durante el ejercicio mostraron menos problemas conductuales y académicas más tarde en la vida que quienes le restaron importancia al juguete roto.

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