Contra la inseguridad, el Gobierno socialista francés restaurará la policía barrial

François Hollande quiere reeditar la política de inmersión en el vecindario, que Sarkozy cerró. Alain Frapolli, ex oficial, contó a Infobae América cómo fue aquella "policía inteligente"

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A diferencia de otras fuerzas y gobiernos progresistas del mundo, que eluden los temas de seguridad por considerarlos preocupaciones de la "derecha", el socialismo francés siempre incluyó la violencia generada por la delincuencia entre sus preocupaciones, al punto que el Partido de François Hollande tiene un secretario de Seguridad. Además, el presidente electo, que asumirá sus funciones el próximo 15 de mayo, designó un responsable del tema en su equipo de campaña, el senador François Rebsamen.

Existe un antecedente no demasiado lejano de política socialista de seguridad. Durante la gestión del primer ministro socialista Lionel Jospin -de 1998 a 2002, bajo la presidencia de Jacques Chirac, centroderecha- se llevó a cabo en Francia una experiencia  original y exitosa: la Policía de Proximidad.

En esos tiempos, Alain Frapolli, hoy retirado de la Policía, estaba a cargo de la comisaría de la Paillade, un barrio "difícil" de Montpellier, ciudad del sur de Francia. En esta entrevista recuerda esos años de fuerte presencia entre los vecinos, cuando la policía no hacía "una amalgama" entre el delincuente y sus vecinos. Hoy, espera que realmente se produzca un retorno a esa política, pero advierte que no será fácil, dado que implica un cambio de mentalidades.

¿Qué trabajo hacía la Policía de Proximidad?

Era un trabajo de prevención y represión del delito al mismo tiempo. En un primer momento, debíamos identificar a los niños y adolescentes, entre los 12 y 14 años más o menos, en situación de riesgo y trabajar con ellos a fin de evitar que cayesen en la pequeña delincuencia, es decir, el hurto, el arrebato, el robo en vehículos. Esos menores pasaban luego a hacer de vigilantes para avisar a los dealers cuando el terreno estaba libre de policías, por ejemplo. Y así, mediante esa plata fácilmente ganada, se iniciaban en el delito mayor. Nuestra misión era mantener a esos muchachos alejados de estos peligros y por eso buscábamos tenerlos ocupados la mayor parte del tiempo. La herramienta principal eran las actividades deportivas fuera del horario de clases, sobre todo el fútbol, que es el deporte rey aquí, y que les da a estos niños una enorme posibilidad de expresión, les permite hacerse conocer, insertarse socialmente, además del discurso formativo que aprovechábamos para bajar, a través del fair play, por ejemplo.

¿Y cómo resultó esa experiencia?

Tuvimos tanto éxito con esto que luego creé un Centro de Recreación, con respaldo del Intendente de Montpellier, George Frêche, abierto todos los días del año, con acceso libre y al cual los jóvenes podían venir con sus amigos. Entonces, con presencia policial en la calle, en la escuela, en el centro y también en la casa, porque yo visitaba a las familias, podíamos contener a todos esos muchachos que, en otra situación, hubieran caído fácilmente en la pequeña delincuencia.

¿Cómo surgió esta política?

Fue una orientación dada por el ministro del Interior de la época (Jean-Pierre Chevènement, 1997-2000) para que la Policía se comprometiese más en los llamados "barrios difíciles", los barrios muy populosos, con fuerte componente de población inmigrante. Yo estaba como jefe de un sector, la Paillade, y disponía de varios equipos de policías que circulaban de a dos y recorrían todos los lugares donde pasaba algo. Nuestra fuerza en ese entonces se vinculó con todo lo que tuviera que ver con la calle: grupos, asociaciones, escuela, hospital, ONG como Médicos sin Fronteras, etc. De este modo, los vecinos nos conocían, sabían qué hacer en caso de problemas, y nosotros conocíamos el ambiente. Esto nos permitía una acción represiva contra la delincuencia bien calibrada. Si actuábamos, era sobre seguro y no había un efecto negativo sobre nuestra imagen. No había quema de automóviles por vecinos enfurecidos ante arrestos que podían ser arbitrarios. Nosotros no hacíamos una amalgama entre el delincuente y los vecinos. Haciendo prevención sobre los pequeños infractores, podíamos identificar mejor a los verdaderos delincuentes, a los traficantes de droga.

¿Qué situación se vivía en materia de inseguridad antes de la implementación de esta política?

Cuando esto empezó, la seguridad estaba muy degradada por la pequeña delincuencia que mencioné antes y que generaba un fuerte sentimiento de inseguridad en los vecinos. Ese ambiente facilitaba el accionar de los grandes traficantes de estupefacientes, era la plataforma que les permitía operar. No hablo de drogas como la heroína o la cocaína, sino las basadas en hierbas que provenían fundamentalmente del Magreb (norte de Africa). Nuestra finalidad era impedir que los niños y los jóvenes cayeran en eso. Y la Policía de Proximidad nos permitió reducir el delito menor en un 40% en el primer año.

Siendo ministro del Interior, el presidente saliente, Nicolas Sarkozy, desarticuló esa policía. ¿Por qué?

Lo que pasa es que él retomó los temas del Frente Nacional (el partido de extrema derecha francés, fundado por Jean-Marie Le Pen) que identifica la delincuencia con determinadas franjas de la población, en particular los inmigrantes o los nativos de ascendencia extranjera. No es una actitud correcta si se es Presidente de todos los franceses. Sarkozy desmontó esta política, rompió todo, pero lo peor fue que desacreditó a la Policía. Dijo que la policía no estaba para organizar campeonatos de fútbol sino para perseguir delincuentes. Pero nosotros habíamos demostrado que se podían hacer las dos cosas en paralelo y que hacerlas así era mejor. Él, en cambio, instauró una prima de entre 15 y 16 euros para los policías que mostraran más éxito en los arrestos. Imagínese lo que eso produce...

¿Qué piensa de un retorno a esa Policía de Proximidad?

Espero que (el presidente electo) François Hollande lo haga, realmente lo espero. Que volvamos a una policía inteligente. Pero es difícil, porque nos tomó años cambiar la mentalidad de los efectivos. Y hace 10 años que eso se terminó. Ahora hay que empezar de nuevo de cero, desde las escuelas donde se forman los oficiales. Y, al mismo tiempo, por los ahorros que el nuevo gobierno estará obligado a hacer, habrá fuertes limitaciones. De todos modos, espero que se haga. Porque sé que en la Paillade, por lo que me cuentan, ya que no he vuelto, la comisaría, que en mis tiempos estaba abierta a cualquiera que quisiera entrar, hoy tiene sus puertas blindadas. Entonces, si los policías no se sienten seguros en su cuartel, ¿qué queda para la gente?

¿Y qué fue del Centro que usted creó?

Sigue funcionando pero sólo para hacer animación deportiva en período de vacaciones. Nada que ver con aquellos tiempos: yo hasta había firmado convenios con el ministerio de Educación nacional.