Las mujeres del chacal de Austria están en guerra

La hija de Josef Fritzl, encerrada 24 años, vive con los 6 hijos que tuvo con su padre. Al salir del encierro, supo que él estuvo preso por violación y que su madre lo había aceptado de nuevo. ¿Se pudo evitar ese infierno? 

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En nueve días, el chacal de Austria o "el monstruo de Amstetten" conocerá su suerte, cuando los jueces del pequeño pueblo de St. Poelten den el veredicto sobre Josef Fritzl, quien superó los horrores del incesto. Violó, encerró, torturó y robó la vida de su hija Elisabeth durante 24 años para usarla como esclava sexual personal, al punto que los legistas calcularon que la pudo violar unas tres mil veces a lo largo de todo ese tiempo, en un lugar donde no podían caminar erguidos y convivían con ratas, delante de los niños.

Según nuevas revelaciones del diario británico The Daily Mail, Elisabeth ahora tiene 42 años y vive con los seis hijos de su padre. Tres fueron criados por el chacal y su esposa, Rosemarie, la madre de Elisabeth, en la casa. Y otros tres chicos vivieron, hasta que los liberó la Policía el año pasado, toda su vida en un sótano.

Es posible que Fritzl no salga nunca más de la cárcel, pero la guerra ahora se trasladó a otro frente: la relación de Elisabeth con su madre Rosemarie, pieza clave del horror. Cuando Elisabeth tenía dos años, en 1967, Fritzl atacó y violó a una enfermera de una casa cercana, a punta de cuchillo. "Su padre se fue a trabajar al extranjero", le dijo Rosemarie a los niños, cuando en realidad había ido a la cárcel. Rosemarie lo acogió de nuevo en su casa, aunque sabía que era un violador.
 
Cuando Elisabeth tuvo 11 años, su padre le dejaba bajo la almohada revistas pornográficas y se masturbaba delante de ella. En 1984 Elisabeth fue drogada y llevada al sótano que el padre había cavado en la casa de Amstetten.

Atroces revelaciones
La esposa de Fritzl, Rosemarie, ahora vive sola en la ciudad de Linz y es recibida en la casa de Elisabeth como visita. Nunca se va sin dar la mano y raras veces da un abrazo a la hija, sobre quien su esposo dijo había huido con una secta.
 
Elisabeth no la culpó nunca a su madre, porque pensó que también estaba brutalizada por el tirano, pero haber continuado con él luego de la sentencia por violación es algo que la mujer supo al salir del cautiverio, y la enfureció.

Los médicos creen que el vínculo madre-hija podría recuperarse pero no creen que sea fácil, sobre todo por las condiciones físicas y emocionales de Elisabeth, quien lleva la peor carga. La mujer vive con los niños "de arriba" y con los "de abajo".
 
Monika, Lisa y Alexander -cuyo gemelo murió en el sótano- tienen 16, 15 y 12 años, y vieron a su madre hace meses. Kerstin, de 20, Stefan, de 18, y Felix, de 5 años, son los ex cautivos. La mayor es la que más comprometida tiene su salud por el encierro, mientras que el pequeño es quien mejores perspectivas tiene de olvidarlo todo. Pasa horas mirando el cielo y los árboles, pues no había visto jamás nada excepto esas cuatro paredes.

Ahora todos asisten a distintas escuelas para minimizar el riesgo de identificación. Tienen nuevas identidades y están bajo constante vigilancia de sus maestros, advertidos de su situación. Todos se relacionan de modo superficial con los demás, y no se sabe cuándo termine todo eso, porque aunque en nueve días sentencien al chacal, la vida sigue para ellos.