(NA) -- Un magnífico gesto de grandeza del piloto inglés Peter Collins le posibilitó hace 50 años al argentino Juan Manuel Fangio ganar la cuarta corona en la Fórmula Uno, en el único título conquistado por el piloto con la marca Ferrari. "Siga usted maestro. Vaya y salga campeón", le dijo el joven Collins a Fangio y le cedió la máquina número dos al argentino, quien minutos antes había abandonado el Gran Premio de Italia por desgaste en sus neumáticos.
El 2 de septiembre de 1956 -ayer se cumplió medio siglo de este hecho- Fangio terminó segundo en el autódromo de Monza y se alzó con su cuarto título mundial en la máxima categoría del automovilismo, y el tercero consecutivo luego de las conquistas de 1951, 1954 y 1955.
Eran las épocas en las cuales los pilotos de una misma marca podían cederse el monoplaza, según las necesidades del equipo y la importancia del competidor. Así, el balcarceño, por la enorme gentileza de su admirador inglés, pudo finalizar una carrera e imponerse en el campeonato mundial sobre el propio Collins, el inglés Stirling Moss y el francés Jean Behra.
Ese mismo día el "Chueco" cumplió su palabra y anunció su retiro de la emblem tica casa Ferrari, luego de una temporada de constantes choques con el dueño de la escuderia, Don Enzo Ferrari, producto del carácter protagónico de ambos ídolos del automovilismo internacional.
Para alcanzar este título Fangio sumó 30 puntos en el campeonato -tres m s que Moss y cinco m s que Collins- producto de tres victorias (Argentina, Inglaterra y Alemania), dos segundos puestos (Mónaco e Italia), un cuarto lugar en Francia, el abandono en Bélgica y la no participación en Indian polis, escenario de la tercera fecha del certamen de ese año.
Fangio fue contratado por Ferrari, tras haberse desvinculado de la escuderia Mercedes Benz, que se retiró del automovilismo deportivo luego de la tragedia ocurida en 1955 en las 24 horas de Le Mans.
Además, el "mago de Maranello" tenía la obligación de reemplazar en Ferrari la ausencia del ídolo de la marca, Alberto Ascari, quien se mató en la edición del Gran Premio de Italia de 1955.
Luego de ganar en Argentina con pol?mica, Fangio consiguió la "pole" en Montecarlo, pero en la carrera sufrió un choque en las primeras vueltas. Por decisión del equipo se subió al coche de Collins y alcanzó un meritorio segundo lugar, detrás de la Maserati de Stirling Moss.
En Indinápolis no corrió, y en la cuarta prueba de la temporada, Bélgica, Fangio era el líder absoluto hasta que al Lancia-Ferrari D50 se le rompió la trasmisión y lo dejó fuera de la competencia.
En el autódromo francés de Reims, el "Chueco" fue cuarto y se colocó primero en el campeonato, ya que había ganado dos grandes premios seguidos Silverstone (Inglaterra) y Nürburgring (Alemania), dos circuitos en los que Fangio disfrutaba competir.
A la última carrera de la temporada, el argentino llegó con ocho puntos de ventaja sobre Collins y Moss y sólo necesitaba terminar en los primeros tres puestos para disfrutar el título. Luego de la "pole", Fangio prefirió ser cauto y dejó el protagonismo a otros, en una pista muy mojada por la lluvia, y desde el cuarto lugar intentó mantenerse en pista con una Ferrari muy inestable.
Los problemas mec nicos no tardaron en aparecer y en la vuelta 30 abandonó. De nada sirvió que desde los boxes el equipo intentara detener a Musso -iba segundo- para que le cediera el coche a Fangio, porque el italiano se negó.
El auto de Eugenio Castellotti y el español Alfonso De Portago no estaban en condiciones y nadie pensó en Collins, que iba tercero y tenía chances de ser campeón.
Mientras Fangio miraba la prueba desde los boxes, el inglés sorpresivamente se detuvo y le dio su Ferrari para que el argentino alcanzara el segundo lugar, detr s de Moss, y convertirse en campeón mundial por cuarta vez.
En los boxes, en medio del festejo, Fangio abrazó a Collins en forma paternal, mientras el inglés le dijo al oído: "No se proocupe maestro. Soy joven y ya tendré otras posibilidades". Esas palabras nunca pudieron cumplirse, ya que seis meses después el talentoso londinense se mató en el Gran Premio de Alemania de 1957.
El argentino ganó y cumplió su palabra: se fue de Ferrari, donde siempre sospechó de una "mano negra" para que no ganara en esa marca el título, sin embargo, el talento del balcarceño y la grandeza de Collins pudieron m s que los celos del gran constructor.
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