Un preso político venezolano recuperó su casa tras ser tomada por el régimen, pero encontró la vivienda desvalijada y sin pertenencias

El ex detenido intentó vender una foto que había tomado de las oficinas de un supuesto grupo islamista en Caracas, tras el inicio de la guerra entre Israel y Hamas, pero la venta derivó en una emboscada

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El preso político uruguayo-venezolano, José Breijo, de 73 años, descansa en su casa tras recuperarla, en Caracas (Venezuela) (EFE/ Ronald Peña R.)
El preso político uruguayo-venezolano, José Breijo, de 73 años, descansa en su casa tras recuperarla, en Caracas (Venezuela) (EFE/ Ronald Peña R.)

El regreso de José Breijo a su casa en el noreste de Caracas marcó el final de una espera de más de dos años, pero no así el cierre de su calvario. El preso político, de nacionalidad venezolana y uruguaya de 73 años, encontró su departamento vacío, salvo por unos pocos objetos ajenos y la solidaridad de sus vecinos.

Breijo había sido detenido en 2023 tras tomar una fotografía a una bandera con inscripciones árabes, lo que lo llevó a pasar por varias cárceles, incluida la de Tocuyito, hasta su reciente excarcelación de la mano de la Ley de Amnistía, promulgada en febrero. Sin embargo, ahora debe cumplir un arresto domiciliario en el mismo lugar que fue invadido por un funcionario policial relacionado con su detención.

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La recuperación de su casa se produjo de manera inesperada. Según relató a EFE, fue de madrugada cuando un hombre “distinguido” se presentó en el edificio mientras él dormía en el pasillo. “Me apartó eso que estaba acá y me dijo: ‘Mira, compañero, las soluciones para estas cuestiones son radicales, tome la llave, este es su apartamento’”, recordó Breijo.

Actualmente, el recientemente liberado duerme en la casa, pero la tarea de reconstruir su hogar apenas comienza. Tras la invasión policial a su domicilio, solo le queda una mesa, un mueble, una heladera—todos pertenecientes al funcionario— y una cama que le donaron los vecinos.

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José Breijo debe además enfrentar un desafío urgente: tratarse un edema pulmonar que le provoca hinchazón en las piernas. Debido a esta condición, depende de la ayuda de una vecina para limpiar las vendas que usa todos los días.

El preso político uruguayo-venezolano, José Breijo, de 73 años, descansa en su casa tras recuperarla, en Caracas (Venezuela) (EFE/ Ronald Peña R.)
El preso político uruguayo-venezolano, José Breijo, de 73 años, descansa en su casa tras recuperarla, en Caracas (Venezuela) (EFE/ Ronald Peña R.)

El excarcelado recibió la visita de funcionarios del Consulado de Uruguay, quienes le transmitieron que “recibieron a un montón de gente” interesada en ayudarlo. Sin embargo, remarcó que necesita atención médica y un teléfono, ya que permanece incomunicado. “A mí me salvan ustedes (los medios) que son los que me hacen ver”, afirmó.

Según su propio testimonio, Breijo no cuenta con familiares directos en el país caribeño. Su hijo reside en Buenos Aires y, aunque intentó viajar tras conocer la detención de su padre, el propio hombre de 73 años le pidió que no lo hiciera por temor a represalias por parte del régimen.

El apoyo cotidiano proviene de un círculo de amigos que le brindan alimentos, medicamentos y ropa. “Acá tengo un grupo de amigos que son los que me apuntalan con comida, con ropa, con medicamentos, con todo ese tipo de cosas”, explicó.

La invasión domiciliaria en Caracas

En Venezuela, los presos políticos y sus familiares sufrieron el saqueo o la confiscación de sus casas por parte de autoridades mientras estaban, o siguen estando, encarcelados o exiliados.

El ex detenido intentó vender una fotografía que había tomado de las oficinas de un supuesto grupo islamista en la capital venezolana, luego del inicio de la guerra entre Israel y Hamas. Según relató a la agencia AFP, la persona interesada en comprar la imagen lo citó en una panadería.

Fotografía que muestra una habitación de la casa del preso político uruguayo-venezolano, José Breijo, de 73 años, tras recuperarla, en Caracas (Venezuela) (EFE/ Ronald Peña R.)
Fotografía que muestra una habitación de la casa del preso político uruguayo-venezolano, José Breijo, de 73 años, tras recuperarla, en Caracas (Venezuela) (EFE/ Ronald Peña R.)

“Pedimos un café y la persona que vino a entrevistarse me preguntó qué es lo que tenía. Le dije que tenía una foto, se la mostré y luego me puso las esposas”, describió el hombre, quien explicó que la detención marcó el inicio de un periodo de reclusión en “los peores calabozos, donde reina la droga”.

El liberado sostuvo que armó la reunión ya que necesitaba 1.500 dólares para un cateterismo y pensó que podría vender la imagen para costear la cirugía. No obstante, terminó imputado por terrorismo, un cargo que —según su testimonio— fue empleado para encarcelar tanto a venezolanos como a extranjeros.

Gracias a la presión ciudadana, el miércoles recuperó el departamento donde vivió por más de dos décadas. De acuerdo al relato, el policía que ocupaba la vivienda la desalojó durante la madrugada del mismo día. Por la mañana, Breijo abandonó el colchón y los pocos recipientes que utilizaba para sus desechos, y regresó a su hogar, donde encontró un panorama desolador: “Aquí no hay nada mío (...) el departamento vacío por completo”, contó sentado en un viejo sillón. “Nada de esto es mío”, agregó, mostrando los escasos muebles que dejó el policía.

(Con información de EFE y AFP)

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