Procrastinación: qué nos dice nuestro cerebro de las actitudes dilatorias y cómo superarlas

Dos especialistas dijeron que esa acción muestra una incomodidad emocional y no pereza. Detallaron sugerencias para identificar qué significa para cada uno y así evitarla

El desafío es identificar el tipo de incomodidad que se está experimentando a menudo y hallar la forma de abordarlo y, al hacerlo, eliminar el deseo de seguir postergando la tarea  (Getty Images)
El desafío es identificar el tipo de incomodidad que se está experimentando a menudo y hallar la forma de abordarlo y, al hacerlo, eliminar el deseo de seguir postergando la tarea (Getty Images)

Por definición la procrastinación es el hábito de aplazar una obligación o un trabajo. Asociada siempre a una pérdida de tiempo y a una escasa productividad, es obvio que se trata de una actitud que no tiene buena prensa. Pero dos especialistas observaron que no se la debe vivir con culpa ya que, en verdad, se trata de un síntoma de incomodidad emocional y no de pereza, indisciplina o incompetencia. Lejos de convocar a ejercerla sin límites, las expertas impulsan a observar algunos aspectos del trabajo cotidiano para encontrar qué nos está queriendo decir nuestro cerebro cuando procrastinamos.

El desafío es identificar el tipo de incomodidad que se está experimentando a menudo y hallar la forma de abordarlo y, al hacerlo, eliminar el deseo de seguir postergando la tarea, afirman Liz Fosslien y Mollie West Duffy, que se dedican a entrenar equipos y líderes para desarrollar habilidades y hábitos para desbloquear el potencial personal y coautoras de Big Feelings: How to Be Okay When Things Are Not Okay (Grandes sentimientos: cómo estar bien cuando las cosas no están bien).

Más allá de ambas autoras, hay un cuerpo importante de trabajo en el área de la psicología que advierte sobre el perfeccionismo y al miedo como las razones detrás de la postergación de las tareas. “Un tema constante para las personas que han comenzado a combatir la procrastinación es dejar de lado la idea de que todo lo que publican debe ser un trabajo A+. En realidad, es un músculo que la gente necesita desarrollar”, dijo Fosslien.

En su libro, las autoras hacen una pintura con anécdotas y textos académicos que reflejan los sentimientos incómodos que genera la procrastinación y delinearon dos tipos de acciones dilatorias y qué utilidad se les puede sacar al ser consciente de ello.

Uno se siente tan nervioso con lo que los demás pensarán de nuestro trabajo que es difícil terminarlo e incluso, a veces, comenzarlo (Getty Images)
Uno se siente tan nervioso con lo que los demás pensarán de nuestro trabajo que es difícil terminarlo e incluso, a veces, comenzarlo (Getty Images)

1- Problemas para comenzar

Según las autoras este primer tipo tiene tres causas fundamentales.

A- No saber por dónde empezar

Es difícil comenzar una tarea cuando no se tiene idea de cómo dar el primer paso. A veces se trata de tareas muy poco precisas o intimidantes para quien deben encararla. Por ejemplo, el líder le dice a un integrante de su equipo: “haz algo con respecto a los puntajes de satisfacción de nuestros clientes” y luego sale corriendo a su próxima reunión. Es lógico que quede preguntándose qué sería “hacer algo”, qué tipo de presupuesto tiene a su disposición y muchas otras preguntas sobre el enfoque que debe adoptar. Entonces, acercarse al jefe con todas estas preguntas para las que, aparentemente, ya deberías haber sabido las respuestas puede resultar intimidante. O la tarea puede ser tan grande que resulte abrumadora y genere una parálisis. Tal vez la persona se sumerja en un trabajo más pequeño, como de costumbre, que le permita ignorar el problema sin dejar de sentirse justificadamente productivo.

B-Sentirse inadecuado

En ocasiones nos ponemos metas, pero sentimos que es un lugar que no nos corresponde y eso frena el inicio. Fosslien se puso a ella misma como ejemplo: “cuando estaba empezando a poner cosas en Internet, tenía problemas con las ilustraciones”. Y precisó: “Estudié matemáticas y economía. Sentí que estaba jugando a fingir creando mis propias ilustraciones y eso me hizo tener miedo de mostrarlas al mundo”.

Aquí, la calidad de su trabajo no es el problema. Se trata más de lo que la gente pensará de uno por entrar en un espacio que se supone de otras personas. Este sentimiento es especialmente común entre los grupos históricamente subrepresentados o marginados. Es muy parecido al síndrome del impostor.

En ocasiones nos ponemos metas, pero sentimos que es un lugar que no nos corresponde y eso frena el inicio (Getty Images)
En ocasiones nos ponemos metas, pero sentimos que es un lugar que no nos corresponde y eso frena el inicio (Getty Images)

C-No desear hacer una tarea

En nuestra vida profesional, nos resistimos al trabajo que consideramos poco valioso, por ejemplo, escribir informes de estado que nadie realmente leerá. O podría ser un proyecto que crees que está mal concebido o que está llevando a tu equipo en la dirección equivocada. Por fuera, puede parecer que estás holgazaneando en el trabajo. Pero por dentro, existe un conflicto y es por eso que cuesta iniciar la tarea.

2- Problemas para terminar

Las dos especialista señalan que cuando existe suficiente tiempo para realizar una tarea, pero resulta muy difícil llevarla a la meta, la raíz del problema puede ser simplemente el miedo.

Miedo a que a los jefes, los clientes, el público, las personas en general no les guste ese trabajo así que el cerebro busca formas de evitar esa mala experiencia. “Te estás poniendo tanta presión (para que sea perfecto) que la idea de sacarlo a la luz puede ser muy aterradora”, aseguró Fosslien.

Nos resistimos al trabajo que consideramos poco valioso (Getty Images)
Nos resistimos al trabajo que consideramos poco valioso (Getty Images)

El ejemplo que dieron las autoras fue el de un fotógrafo aficionado que pasó horas y horas retocando con Photoshop los dientes de la persona retratada, pixel por pixel y, cuando finalmente, la enseño, el único que se dio cuenta fue el sujeto de la foto. Nadie más prestó atención al detalle. Para Fosselien y Duffy se trata de una táctica dilatoria muy habitual.

Embellecer demasiado un trabajo antes de mostrarlo al mundo lo hace menos abierto a la retroalimentación. Pasar tanto tiempo trabajando en un proyecto que concuerde con la definición que uno tiene de la perfección hará que luego, hasta una observación trivial, se sienta como personal, dijeron.

Otra de las tácticas dilatorias más habituales es trabajar en todo lo que no sea aquello que se debería estar terminando. Las autoras consideraron que esto es algo así como la típica excusa de los escolares: “el perro se comió la tarea”.

Cambiar el monólogo interno de “necesito ser perfecto en X” a “soy una persona que está aprendiendo a X”. El progreso es más importante que la perfección (Getty Images)
Cambiar el monólogo interno de “necesito ser perfecto en X” a “soy una persona que está aprendiendo a X”. El progreso es más importante que la perfección (Getty Images)

La utilidad de la procrastinación

Para Fosslien y Duffy la dilación es un síntoma de incomodidad emocional y esa es la forma en que el cerebro indica lo que se necesita en ese momento. El truco está en reconocer e interpretar la procrastinación de cada uno de la manera correcta.

Las autoras revelaron varias pistas para decodificarlo

-Si se siente miedo

Suele ser un signo de perfeccionismo. “Muchas personas dijeron que nunca se dieron cuenta de que eran perfeccionistas hasta que su terapeuta se lo señaló”, dijo Fosslien. “Pero cuando pensaron en ello, todo hizo clic”.

Aquí es necesario aclarar algo: El perfeccionismo no se trata de la calidad del trabajo, sino de la presión que uno mismo se impone. Uno se siente tan nervioso con lo que los demás pensarán de nuestro trabajo que es difícil terminarlo e incluso, a veces, comenzarlo.

Fosslien admite que superar el perfeccionismo puede ser un proceso lento y sugiere practicar el hábito de “dejarlo ir”. Pero ¿cómo hacerlo? Primero conviene comenzar a mostrar pequeños trabajos a un colega o amigo de confianza cuando esté terminado en un 80 %. Compartir intencionalmente el trabajo incompleto le permite practicar la recepción de comentarios en un punto en el que está emocionalmente preparado para absorberlo porque, además, se estará a tiempo de generar correcciones y cambios de rumbo. En segundo lugar, cambiar el monólogo interno de “necesito ser perfecto en X” a “soy una persona que está aprendiendo a X”. El progreso es más importante que la perfección. Aquí recomienda tener una mentalidad de crecimiento.

Si la tarea es muy poco clara, es necesario pedir una aclaración. Las autoras admiten que, con frecuencia, esto puede ser una experiencia estresante y humillante
Si la tarea es muy poco clara, es necesario pedir una aclaración. Las autoras admiten que, con frecuencia, esto puede ser una experiencia estresante y humillante

-No se ve el valor de la tarea y se siente como apatía

Podría ser un signo de agotamiento. Hasta encontrar una forma de descansar (la mente y/o el cuerpo) sirve encontrar significado en el trabajo que se lleva adelante. Las autoras advierten “no tienes que salvar el mundo. El simple hecho de poner comida en la mesa de su familia o ahorrar para las vacaciones de sus sueños es significativo”.

-No se ve el valor de la propia tarea

Las especialistas consideran que esto es una señal de que se necesita tener una conversación con el jefe y/o el equipo. Ya sea que el problema sea un desacuerdo en la estrategia o que no se desea hacer una tarea por otros motivos. Recomiendan presentar el caso para dejar de hacerlo o cambiar la forma en que se lo está realizando utilizando datos para respaldar las afirmaciones siempre que sea posible.

El truco está en reconocer e interpretar la procrastinación de cada uno de la manera correcta (Getty Images)
El truco está en reconocer e interpretar la procrastinación de cada uno de la manera correcta (Getty Images)

-Sentirse inadecuado

Una vez más la procrastinación será un aviso para examinar de dónde provienen esos sentimientos de insuficiencia. Puede ser que se necesite un impulso de confianza. O bien, podría ser una señal de que se está trabajando en un entorno tóxico que genera ese sentimiento de inferioridad.

-Si la tarea es muy poco clara

Es necesario pedir una aclaración. Las autoras admiten que, con frecuencia, esto puede ser una experiencia estresante y humillante, según el entorno de trabajo del que se trate. De todas formas, indicaron, habrá menos presión por hacer preguntas que por entregar un trabajo incorrecto o no entregar nada.

-Si la tarea se siente abrumadora

Las autoras recomiendan que si una tarea es demasiado grande será mejor dividirla en partes más pequeñas. Esto contribuye en gran medida a desmitificar los trabajos muy grandes. Cuando lo ve dispuesto pieza por pieza, averiguar por dónde empezar es mucho más fácil.

-Si es una tarea creativa

Aquí, demorar el trabajo es una señal de la necesidad de encontrar inspiración y un enfoque propio. Las autoras recordaron que el compositor, actor, cantante, dramaturgo y productor estadounidense, Lin-Manuel Miranda es un postergador admitido. “La incubación es una parte importante del proceso creativo... No conozco otra forma de evitarlo”.

Abordar la incomodidad emocional que está en el centro del asunto y causa esa dilación. Si se puede identificar y modificar será más sencillo encarrillarse en las tareas
Abordar la incomodidad emocional que está en el centro del asunto y causa esa dilación. Si se puede identificar y modificar será más sencillo encarrillarse en las tareas

Escuchar lo que la procrastinación tiene para decir

Fosslien y Duffy advirtieron que lo habitual es que, cuando uno se siente demorando las tareas, tiende a etiquetarse a sí mismo de perezoso y sentirse mal por esto. Una respuesta más saludable, dijeron, es hacer una pausa y reflexionar: “¿Por qué estoy tan ansioso por dar el siguiente paso? ¿Qué es lo que realmente se interpone en el camino?”

Los importante ante la procrastinación es abordar la incomodidad emocional que está en el centro del asunto y causa esa dilación. Si se puede identificar y modificar será más sencillo encarrillarse en las tareas.

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