La aventura de Ricardo Fort en la Miami de los ‘90: la pelea con su padre, el apoyo de su madre y su show perdido en televisión

Al terminar el colegio y lejos de continuar la tradición familiar, el chocolatero luchó por ser famoso en su tierra prometida. Encuentros con Madonna y Elton John, entrevistas con el torso desnudo y la carrera frustrada en el mercado latino

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Ricardo Fort en su juventud, cuando ya pensaba más en el artista que en el empresario
Ricardo Fort en su juventud, cuando ya pensaba más en el artista que en el empresario

“Cuando se murió sentí alivio, ahí empecé a ser Ricardo Fort y no ‘el hijo de’, y alivio por la carga tan fuerte que había aguantado por 40 años, es horrible lo que estoy diciendo, pero era así”.

Ricardo Aníbal Fort nunca dudó en detallar, cada vez que era consultado, sobre cómo era la relación que tenía con su padre, el hombre que al hacerse cargo de la fábrica de chocolates y golosinas familiar la llevó a un punto de popularidad nunca antes ocurrido.

La visión de negocios de ese hombre, Carlos, no estuvo en discusión en ningún momento, pero su hijo, el protagonista de nuestra historia, tenía en mente otras cosas, más volcado a Marta, su adorada madre, la artista de la familia. La mujer cantaba, soñaba con otra vida en la que era cantante lírica y era habitué del Teatro Colón, donde la familia tenía un palco.

Ricardo Fort en tiempos de su lanzamiento como cantante, en Miami
Ricardo Fort en tiempos de su lanzamiento como cantante, en Miami

Hombre poco expresivo, la forma de llegar a sus hijos y compartir sus vivencias era inculcándoles el trabajo y tratar de que sean lo más independientes posibles y no necesitar de otras personas. Por ejemplo, cuando Ricardo tenía 8 años le explicó cómo debía hacer para cambiar una canilla. Y el niño ya se preguntaba si no sería más fácil llamar a otra persona para que lo haga.

“Desde cambiar un enchufe, porque en casa todo lo hacía él, hasta cambiar un azulejo, él había hecho cursos de todo, era un hombre muy culto, muy sabio, y trataba de enseñarnos”, explicaba Fort. Y siempre tuvo presente esos momentos clave que lo signaron: “Con mi padre peleaba, discutía... bueno, en realidad no llegaba a eso porque le tenía terror, sabía que podía llegar el sopapo. Era muy autoritario”.

Carlos llevaba a sus hijos al colegio a las 8 de la mañana y volvía a su casa recién a las 10 de la noche. A Ricardo, escuchar el sonido de las llaves en la puerta le erizaba la piel. Al cruzar esa puerta, los hijos eran los responsables de poner la mesa y rezar para que nada se hayan olvidado. Si al sentarse faltaba algo, su primera reacción era preguntar quién había sido. “Traémelo”, era la directiva a Marta. Allí continuarían las discusiones de hasta dos días donde cuestionaba por qué sus hijos no podían poner bien la mesa bien.

Felipe, hijo de Ricardo Fort, compartió en el último tiempo algunas de las imágenes que aún estaban guardadas
Felipe, hijo de Ricardo Fort, compartió en el último tiempo algunas de las imágenes que aún estaban guardadas

Marta, por su parte, intentaba ejercer como mediadora aunque poco podía hacer. El punto de quiebre llegó a los 14 años de Ricardo. Marta entendió que el hijo sobreprotegido no tenía relación con su padre, así que se corrió a un costado a la espera de que logren acercar posiciones. Así describió Fort ese momento familiar: “Allí me encuentro con que estoy acéfalo, porque mi protección era mi madre y con mi padre me llevaba mal”.

A los 16 años, Ricardo sintió la necesidad de moldear su cuerpo y comenzó el gimnasio en GEBA. A esa edad sucedió otro hecho capital en su vida: el primer viaje familiar a Miami. “Me encantó, me gustaba todo lo que veía, el movimiento, la salsa, lo latino, el caribe”. Ya tenía entonces su próximo destino, sólo había que esperar el momento justo. Marcó en el calendario el día que terminara el colegio secundario. Ni un día más, ni un día menos.

“Como su papá no le quería dar más dinero, se fue a Los Ángeles porque un señor de plata, Gabriel, se lo llevó prometiéndole que sería cantante. Ahí audicionó por todos lados, se presentaba en todos los castings y no tuvo suerte por su carácter”, contó al respecto Guido Suller, expareja del chocolatero.

Ricardo Fort estaba más apegado a su madre que a su padre
Ricardo Fort estaba más apegado a su madre que a su padre

Su primer destino en el gran país del norte fue Los Ángeles, aunque le resultó tan fría que armó las valijas y cruzó de costa a costa: “Apenas arribé a Miami, sabía que debía quedarme”. Comenzaba la época de drogas, alcohol, noche y el deseo de ser un gran cantante. Llegaron luego sus amistades con Gianni Versace, las cervezas con Madonna, los champagnes en los boliches con la crema de la cultura clubber de los 90.

La vida entre casting y casting era una fiesta: “Cuando sos joven hacés cosas que en ese momentos disfrutás, no me arrepiento, pero nunca tuve adicción a ninguna droga, y cuando tuve que parar lo hice”, rememoró. Era el tiempo en que también trabajaba de noche como bailarín en los clubes nocturnos, con un cuerpo ya tonificado aunque todavía lejano al que tenía cuando se hizo popular en la Argentina. Lugares de moda donde le llenaban la ropa interior de dólares y donde se cruzó con estrellas globales como Liza Minelli o Elton John.

Pero claro, el dinero que recibía por esos bailes no alcanzaba, y ya no estaba Gabriel a su lado, por lo que Marta, a escondidas de su padre, le enviaba cheques todos los meses para que se pueda mantener. Mientras tanto, el sueño de convertirse en un cantante de fama internacional seguía en marcha.

Llegó a grabar unos demos con el reconocido productor Rudy Pérez, aunque no es una experiencia que le gustaba recordar. Según su testimonio, el hombre le cobró una fortuna con la promesa de darle el empujón suficiente para lanza su carrera. Sin embargo, no cumplió. Por este tiempo, también ocurrió una de sus anécdotas que más gustaba contar. Esa que cuando Ricky Martin abandonó Menudo e intentaba comenzar su carrera solista, ambos audicionaron para el mismo productor, quien finalmente se volcó por el cantante puertorriqueño.

Ricardo Fort y su madre, Marta Fort Campa.
Ricardo Fort y su madre, Marta Fort Campa.

Incluso, llegó a ser parte del programa A oscuras, pero encendidos, de la TV de Miami, en la que además de un reportaje interpretó dos temas. Andrea Salvo era productora del ciclo, y en una de esas noches de discoteca de South Beach, lo cruzó y quedó obnubilada. Veía a un morocho de cuerpo marcado, con el pelo negro, los ojos oscuros y todo el porte de modelo profesional.

Ricardo no dudó en explicarle que batallaba por ser cantante y ella se mostró dispuesta a darle un lugar en la pantalla chica de ese país, explicándole que todas las noche se cerraba con algún show en vivo. Por ese escenario habían desfilado Enrique Iglesias, Alejandro Sanz, Os Paralmas o Julieta Venegas. Fort se frenó, explicó que estaba a punto de firmar un contrato discográfico, pero no se sentía seguro de dar ese paso ante el público. Sin embargo, la insistencia de Salvo permitió que él logre presentarse en vivo en el ciclo.

En la siguiente reunión de producción, al presentar ante los demás responsables del envío el demo del nuevo cantante, además de sus fotos, todos quedaron embelesados. Así se presentó en el estudio y el presentador, Paul Bouche, lo saludó sin saber si esa mano que estrechaba era la de un modelo y cantante o la de Gastón, el personaje de La Bella y la Bestia.

Tímido, inseguro, vulnerable, todas esas fueron las sensaciones que generó en cada uno de quienes corrían a saludarlo antes de su debut en televisión. Para ese momento, Ricardo se había despegado de su familia y no decía cuáles eran sus orígenes, sino solo su sueño, había contactado a todos los medios de comunicación de Miami, y ninguno quiso abrirle la puerta.

Ricardo Fort y Guido Süller, en los años previos a su viaje a Miami
Ricardo Fort y Guido Süller, en los años previos a su viaje a Miami

Buen cantante, buen porte, pero los productores aún dudaban de cómo vender a este ignoto personaje argentino, algo que pudiera resultar impactante para el público del otro lado de la pantalla. Lejos de lo hablado y pautado, apenas ingresó al estudio, el conductor lo rettó a que la entrevista la realice con el torso desnudo. La vergüenza que sentía Ricardo era evidente, pero también sabía que esa era la carta de presentación por la que tanto tiempo luchó, así fue como comenzó a desabrochar los botones de su camisa negra.

Ricardo contó que Miami iba a ser el punto de partida de su carrera musical; que además de ser guapo, era necesario tener talento para poder apoyarse sobre eso, e interpretó dos temas. El primero, una versión en español de King of wishful thinking, del dúo Go West, retitulado como Yo te olvidaré, de la que aseguró que estaba dedicado a una exnovia. El otro, Lo siento, mi amor, tema clásico que en su momento interpretaran Lupita D’Alessio y Rocío Jurado, entre otros.

Ricardo prometió volver al programa con el disco ya grabado, pero nunca ocurrió. “Canté en varios lugares, grabé un disco que lo costeó mi madre, con un productor muy importante de los Estados Unidos y no pasó nada, no era el tiempo creo” recordó sobre ese momento.

Frustrado, regresó a la Argentina para trabajar en la empresa familiar, la fábrica de golosinas Felfort de la calle Gascón 329 en el barrio porteño de Almagro. Y muchos años después, se propuso construir el mismo su propio modelo de artista. “Siempre pensé que la fama sirve para enseñar algo, o para cambiar mentes, o abrir mentes. La fama para salir en las revistas o en la televisión es vacía. La fama te da la posibilidad de que la gente te escuche, de cambiar ideas, formas de pensar, y siempre pensé que quería ser famoso para eso”. Por eso luchaba.