De vez en cuando, un robo rompe el manual del hampa.
El domingo pasado a fines de la tarde, cinco delincuentes se disfrazaron de policías federales y de agentes de Migraciones para asaltar un supermercado chino en la calle Bartolomé Mitre al 600 en la localidad bonaerense de Florencio Varela. Los falsos policías llevaban handies en su mano, incluso colgantes con placas. Ataron a los cajeros y a los responsables del lugar con precintos, pedían por el dinero. Lo encontraron en una sala en el fondo del lugar, 300 mil pesos, según reconocieron las víctimas. Los falsos policías se llevaron algunas joyas, incluso fiambres. Cargaron el botín en una Peugeot Partner color gris y se alejaron. Supuestamente, según una empleada del lugar, un llamado del 911 alertó a personal de la Comisaría 1° de la jurisdicción, que inició un acta de procedimiento.
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La performance fue captada en video por las cámaras de seguridad, una actuación, al parecer, sumamente convincente. El vestuario no es tan difícil de conseguir: algunos trajes baratos y camperas rompeviento de la PFA que pueden comprarse en cualquiera de los locales de indumentaria de la fuerza cercanas a la central de la calle Moreno.
Tampoco es la primera vez que falsos policías atacan un comercio de la comunidad china en Varela. En octubre de 2018, una banda de actores cayó por golpear otro local en la esquina de Tirana y Holanda: se habían llevado la caja y el monto que los dueños tenían en su vivienda en la planta alta del comercio, así como mercadería. Sin embargo, no simularon un allanamiento. Asaltaron y listo.
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Todo el resto de la trama del robo de este último domingo es oscuridad total. Nada encaja.
El sumario policial que llegó a la UFI N°1 de Varela a cargo del fiscal Darío Provisionato, uno de los funcionarios más experimentados de la zona sur, a cargo de investigar el caso, muestra a una mujer china de 37 años, comerciante, con un domicilio en Almagro y un alta en la AFIP en el rubro de supermercados como la principal damnificada. Sin embargo, todavía ningún testigo se presentó a ratificar sus dichos en la fiscalía: la comerciante fue citada para la semana próxima.
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Por otra parte, el supermercado que los cinco actores atacaron no es cualquier supermercado tampoco: es un Market Plaza, parte de una cadena muy conocida en Quilmes y Florencio Varela, con varios locales del mismo nombre, vinculada a una acaudalada familia. Hace años que el submundo del delito entiende una regla sencilla: con los chinos no se jode. Los rateros que atacan supermercados de la comunidad suelen ser desesperados que toman lo poco que hay en la caja y huyen.
Los ladrones, según declaraciones televisivas de una empleada, aparentemente sabían lo que buscaban, fueron directamente hacia una sala en el fondo donde, sospechaban, estaba el dinero.
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De cara a lo que se sabe, expertos coinciden en tres variables sobre los delincuentes: ex policías y ex empleados de Migraciones que se lanzaron a un dato traidor; delincuentes comunes con dotes actorales, despistados que no sabían en lo que se metían; o una propia venganza interna de la comunidad.
La idea de una venganza interna es la más floja: una mexicaneada no es el estilo usual de las tríadas, que envían barrabravas y sicarios para disparar e irse, un gesto mucho más adusto. La empleada que recibió a los delincuentes aseguró en América Noticias que la banda tenía hasta información de empleados con libretas sanitarias, datos sensibles que no se encuentran precisamente por Internet, que solo podrían venir de fuentes municipales o de un ministerio. Migraciones, por otra parte, ya había realizado inspecciones legales en la zona, según confirmó la fiscalía del caso. Que llegara Migraciones parecía incluso previsible.
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Sin embargo, los delincuentes atacaron al borde del horario de cierre, un horario inusual para un allanamiento o inspección, que ocurren a primera hora del día para evitar confrontaciones. También, se robaron algo que un delincuente de carrera no roba: un celular, un gesto de ratero descuidado. Al encontrar que un teléfono tenía rastreo por GPS lo arrojaron a la vereda.
En el medio, descuartizamientos por venganzas comerciales y barrabravas contratados son parte de la historia reciente de los supermercados chinos, como insectos alrededor de la lámpara de una de las mayores cajas de dinero de la Argentina.
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