Los integrantes de la Orquesta Infantil y Juvenil de AMIA "Arnoldo Fiedotin" no tienen que ser judíos. Es un proyecto que agrupa a más de treinta niños de entre diez y quince años con el propósito de estimular la producción artística en grupos minoritarios de la sociedad: integrantes de la comunidad judía o chicos provenientes de contextos vulnerables. El motor es la inclusión social y el contacto multicultural. Tocaron en la sexta edición del Rosh Hashaná Urbano, una festividad judía abierta, disponible, plural.
No es una coincidencia. Muchos familiares de esos niños participaron de la celebración del año nuevo judía sin serlo. Esa es la consigna: compartir. Leo Naidorf, director ejecutivo de Limud Buenos Aires, la organización sin fines de lucro encargada de la organización, describió el espíritu del encuentro: "El objetivo es celebrarlo en compañía de todos los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires. Es un evento que se hace hace quince años, pero es el sexto que hacemos desde Limud. La idea es hacerlo abierto para compartir las tradiciones con todos porque queremos que sea diverso, que sea plural, que sea claro, que todos lo puedan entender y disfrutar".
Según Cynthia Cuculiansky, una de los 200 voluntarias, reveló que son los únicos que desarrollan un evento abierto a la ciudadanía. Limud, una iniciativa nacida en Inglaterra en 1980 como fuente de estudio, encuentro y aprendizaje no formal sobre judaísmo, es una organización con presencia en 44 países y en más de treinta ciudades del mundo: la argentina es la única que se celebra en un espacio público con entrada libre.
"La comunidad judía vivió en los noventa una época difícil a raíz de los atentados -reconstruye Leo Naidorf-. Eso impulsó durante algún tiempo a vivir una vida más cerrada por temas de miedo e inseguridad. Esta es una iniciativa que nos lleva a vivir nuestra identidad como algo común, de todos. En ese sentido las autoridades nos han acompañado porque entendieron el mensaje de que todos podemos ser miembros de esta sociedad, cada uno con su identidad y particularidad".
Más de 50.000 personas asistieron la Plaza Seeber, en el cruce de las avenidas del Libertador y Sarmiento, al festejo que se anticipa al inicio del año 5780 del calendario hebreo, a cumplirse entre el 29 y el 30 de septiembre cuando salga la primera estrella. Rosh Hashaná significa "cabeza del año" y alude a la creación de Adán y Eva, el primer hombre y la primera mujer en existir sobre la faz de la tierra.
El recurso para fomentar la convivencia religiosa es la comida. Aunque no existan cifras definitivas, se presume que la mitad de los visitantes no pertenece a la comunidad. Los atrae el shawarma, el hummus, los knishes, la popular tradición gastronómica que devela las raíces del pueblo judío. Esta propuesta de encuentro también interpela a los propios judíos. "Además de comida y música, abrimos espacios de debate y disertación porque sabemos que dentro del judaísmo hay un montón de matices y un montón de opiniones para escuchar", analizó el director ejecutivo de Limud Buenos Aires.
Por eso, los colores de la asociación representan el arco iris. Su gen es la diversidad: en el Rosh Hashaná Urbano había judíos ortodoxos, judíos gays, judíos sin participación institucional, judíos de clubes deportivos. Cynthia Cuculiansky lo definió como un espacio de encuentro y como un paraguas que congrega a todas las versiones del sentimiento judío. "Esa es precisamente la meta: que todos los colores estén presentes, que todas las voces puedan ser escuchadas", reza en la página web de Limud.
Hubo bandas en vivo, talleres de cocina, de feminismo. Hubo bebidas, sabores, artesanías, recuerdos, libros, objetos típicos, un espacio infantil. Hubo más de cincuenta stands en una feria gastronómica que sirvió de excusa para convivir.
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