¿Probióticos contra la depresión? Un estudio analizó su efecto en los trastornos del ánimo en adultos mayores

Un ensayo evaluó a personas de 60 más de años con depresión moderada para medir el impacto de esas bacterias beneficiosas como terapia complementaria. Qué hallaron

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Los 58 participantes fueron asignados al azar a recibir probióticos diarios o placebo durante 12 semanas, con un seguimiento posterior de otras 12 semanas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un pequeño ensayo clínico sugirió que el consumo diario de probióticos podría asociarse a una mejora adicional de los síntomas de depresión y ansiedad en adultos mayores con depresión moderada cuando se usa como complemento del tratamiento antidepresivo habitual. El trabajo, publicado en el Journal of the American Geriatrics Society, describió ventajas generales modestas frente a placebo y pidió confirmación en estudios más amplios.

El ensayo piloto PRODG evaluó a 58 adultos mayores en India, todos con 60 años o más y diagnóstico de depresión unipolar moderada. Los participantes continuaron con su tratamiento antidepresivo estándar y recibieron durante 12 semanas un suplemento probiótico diario con Lactobacillus helveticus y Bifidobacterium longum o un placebo; luego fueron seguidos durante otras 12 semanas. Aunque ambos grupos mejoraron, el grupo probiótico registró puntajes generales más bajos de depresión y ansiedad que el placebo.

Los investigadores midieron la evolución con escalas clínicas validadas y con un biomarcador vinculado a la salud neuronal. También analizaron cambios en la microbiota intestinal para explorar un mecanismo compatible con el eje microbiota-intestino-cerebro, la hipótesis que sostiene que los microorganismos del intestino pueden influir en procesos biológicos asociados al estado de ánimo.

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Qué encontró el ensayo en adultos mayores y qué significa

El ensayo piloto PRODG evaluó probióticos como complemento del tratamiento antidepresivo estándar en adultos de 60 años o más con depresión unipolar moderada (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio se diseñó como un ensayo piloto multicéntrico, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo. La asignación fue 1:1 entre probióticos diarios y placebo, siempre como complemento de la atención estándar para la depresión, sin suspender ni reemplazar los tratamientos indicados.

El resultado primario fue la respuesta en depresión, definida como una reducción ≥ 50% en la puntuación de la Escala de Calificación de Depresión de Montgomery-Åsberg (MADRS). Entre los resultados secundarios se incluyeron ansiedad, cognición, calidad de vida, niveles séricos de un factor neurotrófico y el perfil de microbiota intestinal.

Los modelos de efectos mixtos mostraron una mejora significativa a lo largo del tiempo tanto en síntomas depresivos como en ansiedad en el conjunto de participantes. En el análisis general, las puntuaciones fueron más bajas en el grupo de probióticos que en el grupo placebo en MADRS y en la escala GAD-7, aunque las interacciones grupo × tiempo no fueron significativas, un punto clave para interpretar el tamaño real del efecto.

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Conexión intestino-cerebro: el marco biológico que guía esta línea de investigación

La suplementación evaluada incluyó las cepas Lactobacillus helveticus y Bifidobacterium longum (Imagen Ilustrativa Infobae)

El ensayo se enmarca en una línea de investigación que explora cómo la microbiota intestinal puede relacionarse con funciones cerebrales y conductuales. Esa conexión, conocida como eje microbiota-intestino-cerebro, se apoya en mecanismos propuestos como la modulación de la respuesta inmune, la inflamación sistémica, la producción de metabolitos y la señalización neuroendocrina.

En ese marco, la hipótesis de trabajo es que modificar la microbiota con cepas específicas podría influir, en algunos pacientes, en procesos biológicos vinculados a síntomas depresivos y ansiosos. El estudio PRODG no planteó a los probióticos como reemplazo de terapias establecidas, sino como un complemento potencial dentro del tratamiento estándar.

Cómo se midieron los cambios: escalas clínicas y un biomarcador

La ansiedad se midió con el cuestionario GAD-7, una escala de siete ítems utilizada en estudios clínicos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores usaron cuestionarios para medir depresión, ansiedad y calidad de vida, y también consideraron si las personas tomaban ciertos medicamentos.

En el grupo que recibió probióticos, encontraron niveles más altos de BDNF, una sustancia relacionada con el bienestar del cerebro, en comparación con el grupo que recibió placebo. Además, detectaron una mayor presencia de las bacterias del probiótico en quienes las tomaron, lo que muestra que siguieron el tratamiento y que esto se reflejó en los resultados.

Qué dicen estudios previos: microbiota distinta en depresión y búsqueda de intervenciones

El estudio también analizó el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) como biomarcador vinculado a procesos neuronales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La idea de que la microbiota podría aportar información relevante para comprender la depresión ya había sido explorada en investigaciones previas. Como antecedente, un equipo español de la Universidad Complutense de Madrid y grupos clínicos del CIBER de Salud Mental publicaron en Translational Psychiatry un estudio que describió diferencias entre la microbiota intestinal de pacientes con depresión y la de personas sanas.

En ese trabajo previo, los investigadores observaron una mayor presencia de los géneros bacterianos Bilophila y Alistipes, y una menor presencia de Anaerostipes y Dialister en pacientes con depresión frente a individuos sanos. También informaron variaciones asociadas a la gravedad del trastorno, como una mayor abundancia relativa de Alistipes y Anaerostipes y la ausencia completa de Dialister en pacientes con cuadros más graves, según describieron.

Los autores de ese estudio previo plantearon que identificar una composición microbiana característica y su relación con la inflamación generalizada presente en pacientes con depresión podría contribuir a aproximaciones terapéuticas. En ese marco, remarcaron el potencial de intervenciones sobre dieta y estilo de vida como estrategias añadidas al tratamiento antidepresivo habitual en determinados casos, sin sustituirlo.

Qué resume la evidencia previa

El ensayo piloto PRODG evaluó probióticos como complemento del tratamiento antidepresivo estándar en adultos de 60 años o más con depresión unipolar moderada (Imagen Ilustrativa Infobae)

En paralelo a los ensayos clínicos, revisiones de la literatura científica han intentado sintetizar la evidencia sobre probióticos y salud mental en el envejecimiento. Una revisión sistemática desarrollada por la Universidad Europea examinó la utilización de probióticos en trastornos depresivos y de ansiedad durante el envejecimiento a través del eje microbiota-intestino-cerebro.

Ese trabajo académico consultó bases de datos como PubMed, Dialnet, Web of Science y Cuiden, y seleccionó 16 artículos bajo criterios definidos. El balance que reportó fue que la administración de determinados probióticos se asoció con efectos positivos sobre el estado de ánimo y con reducción de sintomatología depresiva y ansiosa, además de cambios en anhedonia y respuesta al estrés en algunos contextos, con mecanismos propuestos como regulación inmune, reducción de inflamación y modulación de neurotransmisores y factores neurotróficos.

La misma revisión remarcó un punto central: los resultados dependen de variables como las cepas empleadas, las poblaciones estudiadas y los desenlaces medidos, por lo que la evidencia no permite generalizaciones simples. Su conclusión fue que se necesitan más investigaciones para definir eficacia y condiciones de uso en población envejecida.

Los límites de los hallazgos

Los autores del ensayo PRODG plantearon que se necesitan estudios más amplios para estimar con mayor precisión qué pacientes podrían beneficiarse de esta estrategia complementaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores del ensayo PRODG destacaron que se trata de evidencia preliminar. El estudio fue un piloto y, por diseño, no puede cerrar preguntas sobre efectividad clínica a gran escala, duración óptima, selección de pacientes y posibles diferencias por esquemas farmacológicos concomitantes.

Un dato metodológico relevante fue la tasa de abandono: el ensayo reportó una deserción > 50% durante 24 semanas, un factor que limita la interpretación de resultados y refuerza la necesidad de diseños con mayor tamaño muestral y estrategias que reduzcan pérdidas en el seguimiento.

En términos de resultados, el ensayo también dejó en claro un límite: aunque se observaron ventajas generales modestas en síntomas depresivos y de ansiedad, no hubo mejora adicional en calidad de vida más allá de la mejora habitual observada en ambos grupos, lo que sugiere que el potencial beneficio, de existir, podría concentrarse en síntomas y no necesariamente traducirse en cambios funcionales amplios.

En declaraciones incluidas en el reporte, el coautor Saibal Das sostuvo: "Los resultados de nuestro estudio son novedosos, y ahora estamos planificando un ensayo clínico a mayor escala debido a estos hallazgos alentadores“. El equipo también señaló su interés en desarrollar soluciones de salud accesibles, en línea con la relevancia de intervenciones complementarias en poblaciones que envejecen y en contextos con recursos limitados.

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