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Cómo superar el estancamiento después de perder peso, según la ciencia

Los cambios metabólicos, el aumento del hambre y la menor demanda energética explican por qué la balanza puede detenerse aun con hábitos sostenidos

El estancamiento tras adelgazar ocurre cuando las calorías ingeridas se equiparan con las que el organismo utiliza (Imagen Ilustrativa Infobae)

La pérdida de peso suele comenzar con cambios visibles en la balanza, pero el proceso puede desacelerarse hasta detenerse aunque se mantengan una alimentación planificada y una rutina de actividad física. El estancamiento tras adelgazar no implica necesariamente que los esfuerzos hayan dejado de tener efecto, sino que el organismo y los hábitos cotidianos pueden haber alcanzado un nuevo equilibrio.

Sostener el peso luego de adelgazar también puede resultar complejo. La reducción inicial suele incluir pérdida de agua vinculada al uso de glucógeno, una reserva de carbohidratos almacenada en músculos e hígado. Con el tiempo, el cuerpo pierde grasa y parte de su masa muscular, mientras disminuye la energía que necesita para funcionar y realizar las mismas actividades.

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Ese cambio ayuda a explicar por qué una estrategia que funcionaba al comienzo puede dejar de producir descensos. De acuerdo con Mayo Clinic, el estancamiento aparece cuando las calorías que se consumen se equiparan con las que el organismo utiliza, por lo que los kilogramos en la balanza dejan de variar.

Cómo superar el estancamiento tras bajar de peso

El primer paso consiste en diferenciar una meseta real de las fluctuaciones transitorias. Una revisión publicada en Health Science Reports define este proceso como la ausencia de cambios en el peso durante un mes o más. El trabajo también advierte que incluso puede haber variaciones durante el día por la cantidad de líquidos, los alimentos que permanecen en el sistema digestivo y, en algunas mujeres, los cambios vinculados al ciclo menstrual.

Una revisión científica define la meseta real como la ausencia de variaciones en la balanza durante un mes o más (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una vez identificada una meseta sostenida, Mayo Clinic recomienda revisar los registros de comida y actividad física. El objetivo es detectar modificaciones graduales, como porciones más grandes, mayor presencia de alimentos procesados o menor movimiento cotidiano. La institución señala que alternar períodos de mayor y menor adherencia a un plan puede contribuir al estancamiento.

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El ajuste de la actividad física es otra de las estrategias consideradas. Mayo Clinic indica que las pautas contemplan al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa, y que llegar a 300 minutos puede contribuir a la salud y al mantenimiento o la pérdida de peso. También plantea que los ejercicios de fuerza, como el levantamiento de pesas, ayudan a aumentar la masa muscular y el gasto energético.

La actividad fuera del entrenamiento programado también forma parte del gasto total de energía. El estudio de StatPearls identifica a la termogénesis de la actividad no relacionada con el ejercicio, conocida por la sigla NEAT, como la energía utilizada en acciones cotidianas como caminar, subir escaleras o realizar tareas domésticas. Según esa revisión, este componente puede reducirse durante la pérdida de peso y favorecer la aparición de una meseta.

Los cambios alimentarios requieren cautela y evaluación individual. Mayo Clinic plantea que una reducción adicional de calorías puede considerarse sin bajar de 1.200 calorías diarias, ya que una ingesta inferior podría incrementar el hambre persistente y el riesgo de comer en exceso. StatPearls sostiene que la revisión de la alimentación, la actividad y la evolución del peso puede facilitar decisiones ajustadas a cada caso.

Las pautas de actividad física plantean hasta 300 minutos semanales de ejercicio aeróbico junto con rutinas de fuerza (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión de Health Science Reports advierte, a su vez, que una restricción muy marcada puede dificultar la adherencia y profundizar algunas adaptaciones del organismo. El artículo concluye que las estrategias para manejar una meseta deben contemplar tanto los cambios fisiológicos como los conductuales, en lugar de basarse solo en una reducción mayor de la ingesta.

Mantener los hábitos y revisar las metas, claves para sostener el progreso

StatPearls explica que la pérdida de peso reduce el metabolismo basal, es decir, la energía que el cuerpo emplea en reposo. A la vez, pueden producirse variaciones hormonales que aumentan el hambre y reducen la sensación de saciedad, lo que vuelve más difícil sostener el déficit calórico inicial.

La misma revisión señala que la masa corporal más pequeña utiliza menos energía tanto en reposo como durante las actividades habituales. En ese contexto, el plan que permitió adelgazar puede servir para mantener el nuevo peso, aunque ya no alcance para seguir reduciéndolo. La adaptación metabólica describe justamente esa respuesta del organismo ante una menor disponibilidad de energía.

Las mesetas en el peso suelen aparecer entre los seis y ocho meses debido a la disminución del metabolismo basal (Imagen Ilustrativa Infobae)

La expectativa de un descenso lineal puede agregar frustración al proceso. Health Science Reports indica que las mesetas suelen presentarse entre los seis y ocho meses después del comienzo de un programa de pérdida de peso, aunque el momento varía entre personas. La publicación remarca que factores como la adherencia, la actividad física, la masa muscular, la historia de dietas y aspectos genéticos influyen en esa variabilidad.

Mayo Clinic plantea que, ante la falta de avances, también corresponde revisar si la meta de peso continúa siendo realista. La institución destaca que una pérdida moderada puede mejorar afecciones crónicas relacionadas con el sobrepeso y recomienda valorar los cambios ya logrados, sin volver a patrones previos de alimentación o ejercicio que puedan favorecer la recuperación de peso.

El acompañamiento profesional puede ser relevante cuando no es posible ajustar la alimentación o incrementar la actividad de forma segura. StatPearls contempla la intervención de médicos, nutricionistas, profesionales del ejercicio y especialistas en conducta para evaluar cada situación. También menciona que los tratamientos farmacológicos o la cirugía bariátrica corresponden a escenarios clínicos específicos y requieren indicación y seguimiento médico.

La continuidad de hábitos sostenibles ocupa un lugar central después de una meseta. Según Mayo Clinic, mantener una alimentación más saludable y una mayor actividad física sigue aportando beneficios aun cuando la balanza permanezca estable. El seguimiento de los cambios y la revisión de objetivos permiten encarar esa etapa como parte de un proceso de largo plazo.

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