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Expertos alertan que comer mirando el celular no solo distrae: cuáles son los efectos sobre el hambre, la saciedad y la ingesta

El uso de pantallas durante las comidas no solo influye en la forma de alimentarse: también puede favorecer hábitos automáticos y potenciar el estrés y la ansiedad. ¿Existe el FOMO alimentario? Qué dicen los especialistas

Comer frente al celular puede dificultar el registro de hambre y saciedad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Comer mirando el celular puede alterar la forma en que regulamos la ingesta, afectar el registro del hambre y la saciedad, y empujar a una relación más automática con la comida.

Según nutricionistas consultados por Infobae, el problema no pasa solo por los nutrientes del plato, sino por el contexto en el que se come, la atención disponible y el estado emocional con el que una persona llega a la comida.

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La médica especialista en Medicina Interna y Nutrición y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), Marianela Aguirre Ackermann (MN 151.867), comenzó por plantear que “una alimentación saludable no se define solamente por sus nutrientes” sino que se trata de “un patrón que incluye alimentos, cantidad, timing, velocidad, regularidad y contexto de la ingesta”.

Las pantallas pueden favorecer una relación más automática con la comida (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa misma línea, el médico especialista en Nutrición y Obesidad e integrante del Grupo de trabajo en Obesidad de la SAN, Martín Giannini (MN 114.711), sostuvo que “comer saludable no depende únicamente de elegir verduras, proteínas o alimentos de buena calidad porque la velocidad con la que comemos, la atención que prestamos, el estrés, las pantallas e incluso aquello que vemos en las redes sociales pueden modificar nuestra relación con la comida”.

Los dos especialistas coincidieron en que el “cómo” no reemplaza al “qué”, pero sí cambia sus efectos. “Lo que comemos es fundamental, pero hoy sabemos que no alcanza para definir una alimentación saludable”, señaló Aguirre Ackermann.

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En tanto, Giannini lo resumió así: “Podemos tener un plato nutricionalmente adecuado y, al mismo tiempo, comerlo apurados, mirando el teléfono, trabajando, contestando mensajes o prácticamente sin registrar que estamos comiendo”.

Qué pasa en el cerebro y en el cuerpo cuando comemos distraídos

La atención durante las comidas influye en la forma en que el cerebro procesa la ingesta (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los puntos centrales es el papel de la atención. “Participa en la regulación de la ingesta”, explicó Aguirre Ackermann. Remarcó que cuando una persona come frente al celular presta menos atención a las propiedades sensoriales del alimento y a algunas señales relacionadas con la saciedad. “Registramos peor cuánto y qué acabamos de comer”, afirmó.

Giannini describió un mecanismo similar: “Cuando nuestra atención está completamente puesta en un video, un mensaje o las redes sociales, prestamos menos atención a la experiencia de comer”. Y agregó que el cerebro se entera de lo que comemos por todos nuestros sentidos y si ellos están concentrados en otra cosa “el cerebro no se entera lo que ingerís”.

Para el especialista, esto no implica que el alimento cambie: “El plato no cambió. Sus calorías, proteínas, fibras y nutrientes siguen siendo los mismos. Lo que cambia cómo el cerebro procesa la experiencia de esa comida”.

¿Comer con el celular nos hace comer más?

La distracción durante una comida puede asociarse con un mayor consumo posterior (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aguirre Ackermann advirtió que el vínculo entre pantallas e ingesta no debe simplificarse. Y citó una revisión sistemática y metaanálisis de 2026 publicada en American Journal of Clinical Nutrition que evaluó qué ocurre cuando las personas comen distraídas, incluido el uso del celular. Según detalló, durante la misma comida, considerando todas las formas de distracción juntas, el aumento de la ingesta fue pequeño. Sin embargo, “las personas que habían comido distraídas consumieron más en una ingesta posterior”.

Ese punto también aparece en la explicación de Giannini. “Estudios experimentales llevan años mostrando que distraerse durante una comida puede deteriorar su recuerdo y favorecer el consumo posterior”, sostuvo. La clave, otra vez, es el registro de la experiencia alimentaria y la memoria de lo que se comió.

La desconexión con el hambre y la saciedad

Comer rápido y sin pausas puede dificultar la identificación de la saciedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La consecuencia más visible del celular en la mesa es la pérdida de registro. Aguirre Ackermann señaló que comer usando el teléfono “puede favorecer una mayor ingesta porque introduce distracción”. En su descripción clínica, una de las preguntas centrales es si la persona come por hambre o por otra razón. “Cuando una proporción importante de las ingestas aparece en ausencia de hambre —por aburrimiento, estrés, ansiedad, disponibilidad del alimento o simplemente porque ‘está ahí’— hay un mayor predominio de señales externas o hedónicas sobre las homeostáticas”.

Giannini propuso una escena cotidiana: “Terminar una comida y casi no recordar haberla comido”. También mencionó comer sistemáticamente frente a una pantalla, hacerlo muy rápido o tener dificultades para reconocer cuándo tenemos hambre y cuándo ya estamos satisfechos.

En ese marco, Aguirre Ackermann sumó otra pregunta clínica: “¿Terminás de comer porque estás satisfecho o porque se terminó la comida?”. El punto, según ambos, es que el celular puede correr a la persona del registro de hambre, saciedad y disfrute.

El celular como puerta de entrada al “ruido alimentario”

Las señales externas, como la disponibilidad de alimentos, pueden desplazar al hambre real (Imagen Ilustrativa Infobae)

El teléfono no solo acompaña la comida: también moldea el ambiente alimentario durante el resto del día. Aguirre Ackermann habló de una especie de “ruido alimentario externo”. Según explicó, estamos recibiendo señales diciéndonos qué deberíamos querer comer y “el algoritmo no responde a nuestras señales fisiológicas; responde a aquello que consigue mantener nuestra atención”.

Giannini coincidió en que el celular no solamente distrae: también nos muestra alimentos. En la pantalla aparecen publicidad, delivery, recetas y contenido de influencers de forma permanente. Esas señales visuales, según su mirada, “pueden despertar deseo de comer incluso independientemente de una necesidad energética inmediata”.

Redes sociales y comparación: ¿existe el “FOMO alimentario”?

El llamado “FOMO alimentario” puede aparecer ante productos, recetas o dietas virales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La exposición constante a contenido sobre comida, dietas y cuerpos puede tener efectos más amplios que una comida distraída. “Mirar continuamente contenido de nutrición y recetas puede influir en qué se come, cuánto se piensa en comida y cómo nos relacionamos con la comida”, dijo Aguirre Ackermann. También advirtió que algunas cuentas de nutrición saludable en redes sociales transmiten “todo el tiempo reglas sobre qué deberíamos comer, qué alimentos son ‘buenos’ o ‘malos’, cuánto deberíamos pesar o cómo debería verse nuestro cuerpo”.

En personas vulnerables, según la especialista, esa exposición “se ha asociado con mayor insatisfacción corporal y rasgos de ortorexia”, es decir, una preocupación rígida por comer “correctamente”. Sobre la lógica del miedo a quedarse afuera, planteó que se puede hablar de “algo parecido a un FOMO alimentario”, expresado en ideas como “todo el mundo probó esta receta o producto viral”.

Giannini desarrolló el mismo fenómeno en forma de preguntas: “¿Debería hacer ayuno?”, “¿Tendría que dejar los carbohidratos?”, “¿Por qué yo no como así?”, “¿Me estaré perdiendo algo?”. Y resumió: “No existe un diagnóstico médico llamado ‘FOMO nutricional’, pero sí podemos reconocer una lógica parecida al miedo a quedarse afuera”.

Estrés, ansiedad y salud mental: por qué el problema no empieza ni termina en la pantalla

Preguntarse por el hambre, la saciedad y el contexto ayuda a revisar la relación con la comida (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los dos nutricionistas ubicaron al estrés y al estado emocional en un plano más profundo. Aguirre Ackermann afirmó que “estrés, ansiedad, depresión y privación de sueño pueden modificar el comportamiento alimentario” y que el estrés “puede favorecer decisiones más automáticas o impulsivas y disminuir nuestra capacidad de autorregulación”.

Giannini señaló en este punto que las elecciones alimentarias no ocurren en un laboratorio, sino “después de un día agotador, con poco tiempo, preocupaciones, responsabilidades y emociones”. También recordó que el estrés puede favorecer “una mayor ingesta y una preferencia por alimentos altamente gratificantes”.

Consultada sobre qué factor tiempo, estrés, compañía, uso de dispositivos influye más en las elecciones alimentarias, Aguirre Ackermann sostuvo que si hubiera que jerarquizarlos, los más potentes suelen ser el estrés/estado emocional y el contexto social-ambiental; el uso de dispositivos probablemente actúa más como modulador que como causa principal. Giannini coincidió en que tiempo y estrés funcionan como disparadores inmediatos, mientras que la relación con el cuerpo y la salud mental pueden actuar como factores más persistentes.

“¿Qué comemos?” El efecto de planear las comidas con el teléfono en la mano

El estrés, la ansiedad y la falta de sueño también influyen en las decisiones alimentarias (Imagen Ilustrativa Infobae)

La influencia del celular no se limita al momento de masticar. Aguirre Ackermann consideró que una persona ansiosa o preocupada por su peso puede empezar siguiendo cuentas para “comer mejor”, pero que luego “el algoritmo le muestra cada vez más contenido similar; aumenta la comparación, la preocupación por hacerlo perfecto; y termina pensando en comida mucho más de lo que pensaba inicialmente”.

Giannini añadió que, aunque aquí la prueba directa es menor, “si estamos cansados, estresados y simultáneamente respondiendo mensajes o mirando videos, es razonable que terminemos resolviendo la comida de una manera más automática”. Por eso, sostuvo, las redes sociales “ya pueden considerarse parte del ambiente en el cual tomamos nuestras decisiones alimentarias”.

Cuáles son las señales de alarma en la relación con la comida

Comer rápido y sin pausas puede dificultar la identificación de la saciedad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas aclararon que una conducta aislada no alcanza para definir un problema. Lo relevante es la frecuencia, el patrón y el impacto. En ese sentido, estas son algunas señales que describieron:

  • Comer muy rápido. Aguirre Ackermann dijo que es “probablemente una de las señales más simples de detectar”. Más que un número de minutos, importa si la persona “termina siempre antes que los demás, come sin pausa o llega a sentirse llena recién cuando ya consumió una cantidad importante de comida”.
  • Comer sin hambre real. Puede ocurrir “por aburrimiento, estrés, ansiedad, disponibilidad del alimento o simplemente porque ‘está ahí’”, explicó. El problema aparece cuando eso se vuelve frecuente.
  • Dificultad para parar al llegar la saciedad. Según la especialista, la persona puede reconocer que ya está satisfecha y continuar comiendo, o necesitar una plenitud excesiva para detenerse.
  • Pérdida de control. Aguirre Ackermann subrayó la importancia de la sensación de “‘una vez que empiezo, me cuesta parar’”, incluso cuando la cantidad ingerida no configura un atracón.
  • Comer distraído o en automático. Pantallas, manejo o comer directo del envase “pueden reducir la atención prestada a la experiencia alimentaria”. Giannini sumó otra señal cotidiana: “terminar una comida y casi no recordar haberla comido”.
  • Un patrón desorganizado. Saltarse comidas, pasar muchas horas sin comer y después hacer ingestas grandes, o concentrar gran parte de la comida al final del día, pueden indicar dificultades en la regulación.
  • Usar la comida para regular emociones. El “emotional eating” ocasional forma parte de la conducta humana, pero se vuelve relevante cuando comer es una estrategia frecuente frente al estrés, la tristeza, el enojo o la ansiedad.

Cómo recuperar una forma de comer más consciente sin caer en la obsesión

Recuperar la atención durante las comidas no implica seguir reglas rígidas ni buscar perfección. Los especialistas recomiendan "estar presentes mientras comemos” (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ninguno de los dos especialistas cree que la solución sea transformar cada comida en un ritual rígido. “No necesitamos transformar cada comida en una ceremonia”, dijo Giannini. Pero agregó que sí hace falta “recuperar algo que estamos perdiendo: estar presentes mientras comemos”.

Aguirre Ackermann también evitó una mirada extrema. “El concepto no es ‘no mirar pantallas’, sino cuánto registro consciente existe de la ingesta”, señaló. La meta, entonces, no es la perfección, sino sumar condiciones que permitan registrar hambre, saciedad, velocidad y contexto.

Al final, ambos propusieron volver a preguntas simples para revisar cómo estamos comiendo: ¿Estoy comiendo porque tengo hambre o porque estoy aburrido, ansioso o distraído? ¿Recuerdo realmente lo que acabo de comer? ¿Estoy prestando atención o mirando el celular? ¿Paré porque estaba satisfecho o porque se terminó la porción? ¿Estoy eligiendo esa comida o reaccionando al contexto?

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