La presencia de fechas de vencimiento en los envases de alimentos es un elemento cotidiano en la vida de los consumidores, pero su origen y función suelen generar interrogantes. Estas fechas, impresas en productos tan variados como lácteos, conservas y carnes, responden a una necesidad de orientar tanto a quienes compran como a quienes venden sobre el periodo en que la comida mantiene sus características óptimas. Su finalidad principal es ofrecer una referencia clara sobre el momento en el que el producto exhibe la mejor calidad que el fabricante puede garantizar.
El proceso para definir el límite no es uniforme ni universal, ya que cada empresa alimentaria determina este dato a partir de criterios propios y metodologías diversas. Algunas compañías realizan pruebas específicas con sus productos, evaluándolos bajo diferentes condiciones de almacenamiento, temperatura y humedad, o sometiéndolos a la acción de microorganismos para medir la resistencia de su frescura y sabor.
La realidad es que en muchos casos es seguro comer alimentos o beber bebidas después de la fecha impresa si hubo una conservación adecuada y no aparecen moho, mal olor, cambios de textura u otros signos de descomposición. No obstante, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) precisa que, salvo la fórmula infantil, esas fechas no indican seguridad.
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Kristin Kirkpatrick dietista registrada de Cleveland Clinic resumió esa diferencia: “Las fechas de caducidad tienen más que ver con la calidad que con la seguridad alimentaria”. El USDA coincide y añade que, salvo en la fórmula infantil, la ley federal no obliga a incluir esas fechas. Eso no significa que cualquier producto vencido sea apto. La experta advirtió que una persona puede enfermarse por comer alimentos vencidos, sobre todo si son perecederos como huevos o carne.
Qué alimentos exigen más precaución
La excepción más clara es la fórmula infantil. El USDA indica que la regulación federal sí exige fecha en ese producto y advierte que no debe comprarse ni usarse después de ese día, aunque conserve buen aspecto.
Las fuentes también piden más cuidado con los productos perecederos. Kirkpatrick citó huevos y carne como ejemplos de alimentos que requieren mayor vigilancia, y The New York Times, al recoger comentarios de especialistas, incluyó entre los más sensibles la carne y el pescado, el queso, la leche sin pasteurizar, los alimentos para bebés y las comidas preparadas en tienda.
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Meredith Carothers especialista en seguridad alimentaria del USDA citada por The New York Times subrayó que la fecha en la carne cruda no “garantiza” cuánto durará en casa. Añadió que las aves conviene usarlas en uno o dos días y las carnes rojas crudas en cuatro o cinco.
Señales de que hay que desechar un alimento
Algunos alimentos requieren especial atención debido a su naturaleza perecedera y a los riesgos asociados a su consumo fuera del periodo recomendado. Entre estos, destacan los productos de origen animal como la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos. Según la dietista registrada Kirkpatrick de la Clínica Cleveland, aquellos que ofrecen un entorno propicio para el crecimiento de bacterias son los que más cuidados demandan, ya que la probabilidad de enfermarse tras consumirlos aumenta considerablemente cuando superan su fecha de caducidad.
Las carnes crudas, en particular, deben manipularse con extrema precaución. Meredith Carothers, especialista en seguridad alimentaria del Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria del USDA, señala que la fecha de vencimiento impresa en la carne no garantiza que el producto permanezca en buen estado una vez que llega al hogar, ya que muchos refrigeradores domésticos no alcanzan temperaturas tan bajas como las de los supermercados. Por ello, recomienda consumir aves en uno o dos días y carnes rojas en un plazo de cuatro a cinco días desde la compra, siempre manteniendo el freezer por debajo de los 4 ℃.
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Los huevos también figuran entre los productos a vigilar. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, pueden conservarse en buen estado de tres a cinco semanas, pero, como ocurre con otros alimentos perecederos, es fundamental comprobar que no presenten cambios en el olor, la textura o el color antes de consumirlos.
El caso de la leche de fórmula infantil merece un tratamiento aparte. Tanto el Departamento de Agricultura como la FDA subrayan que la fecha límite es estrictamente obligatoria y que no debe consumirse bajo ninguna circunstancia después de vencida, sin importar el aspecto o el olor del producto. Esta excepción se debe a que los nutrientes y la calidad de la fórmula pueden verse comprometidos, poniendo en riesgo la salud de los lactantes.
En productos preparados en locales, como comidas listas para consumir, quesos frescos y alimentos sin pasteurizar, los expertos recomiendan un monitoreo cercano, ya que estos productos pueden deteriorarse rápidamente y ofrecer menos garantías de seguridad una vez superada la fecha impresa.
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Cuánto pueden durar algunos alimentos después de la fecha
Los plazos cambian según el producto y dependen de la conservación. Existen productos con vida útil mucho más larga. Según el USDA, las conservas con alto contenido de ácido, como tomates y frutas, mantienen mejor calidad entre 12 y 18 meses, mientras las de baja acidez, como carnes y verduras, pueden durar entre dos y cinco años. The New York Times añadió que muchos congelados se conservan bien hasta un año.
WebMD suma otros ejemplos: los fiambres duran unas dos semanas antes de abrirlos y de tres a cinco días después, y el arroz o la pasta secos pueden mantenerse de uno a dos años en la despensa. Los expertos enfatizan en que si un alimento queda a temperatura ambiente más de dos horas, conviene desecharlo.
Ante etiquetas que siguen siendo poco uniformes, la revisión del refrigerador exige menos alarma automática ante la fecha y más atención al tipo de alimento, a cómo se guardó y a su estado real. La decisión práctica pasa por distinguir entre pérdida de calidad y señales concretas de que ese producto ya no debe comerse.
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