Empezar el día con hábitos matutinos que cuidan la salud cerebral puede contribuir a la prevención de la demencia, según especialistas citados por EatingWell. Acciones simples practicadas al despertar se destacan por su impacto acumulativo en el bienestar mental a largo plazo.
Adoptar una rutina matutina breve y constante puede favorecer la salud cerebral y, con el tiempo, reducir el riesgo de demencia, de acuerdo con el equipo de expertos consultado por EatingWell y con recomendaciones de salud y envejecimiento saludable difundidas por Harvard.
El equipo citado por EatingWell señaló que existen factores de riesgo no modificables, como la edad o la genética. Aun así, indicó que incorporar hábitos cotidianos puede sumar beneficios con el paso de los años y reforzar la salud cerebral al envejecer.
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1. Luz natural al despertar y su relación con el sueño y la cognición
Salir al aire libre unos minutos después de levantarse ayuda a regular el ritmo biológico y a consolidar el ciclo de sueño y vigilia. El neurólogo Jon Stewart Hao Dy, consultado por Eatingwell, explicó que la exposición temprana activa los centros retinohipotalámicos, asociados con la preservación de la calidad del sueño, la mejora del rendimiento cognitivo y el mantenimiento de la salud cerebral a largo plazo.
La recomendación práctica citada por EatingWell fue dedicar entre 10 y 20 minutos fuera de casa tras despertar para favorecer la alerta mental y preparar al cerebro para procesos de aprendizaje y memoria.
2. Hidratación: un vaso de agua y el rendimiento mental
Beber agua al inicio del día puede contribuir a la concentración y a la memoria desde las primeras horas. El neuropsicólogo clínico Wilfred G. van Gorp, consultado por el medio, sostuvo que el cerebro humano está compuesto aproximadamente por un 75% de agua y advirtió que, si la cantidad disminuye por deshidratación, se ralentiza la velocidad de procesamiento cognitivo y cae la memoria de trabajo.
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Como la deshidratación nocturna es frecuente, tener un vaso de agua cerca al despertar puede favorecer la circulación sanguínea y la atención. A largo plazo, esta pauta se asoció con un menor riesgo de cambios cerebrales vinculados con la demencia, según EatingWell.
3. Movimiento temprano y estímulos para la memoria y la atención
Moverse unos minutos al comenzar el día puede elevar la energía y estimular el cerebro. El texto indicó que la actividad física favorece la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), relacionado con la reparación y el desarrollo neuronal, con efectos sobre la memoria y la atención.
No hace falta una rutina extensa: caminar, estirarse o realizar tareas sencillas puede ser suficiente para cortar la inactividad. El grupo de especialistas citado por EatingWell recomendó evitar largos periodos sentado frente a pantallas en las primeras horas.
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4. Planificar tres actividades positivas y su efecto en el bienestar mental
Organizar tres actividades que generen expectativa puede reforzar el bienestar emocional y sostener una rutina con propósito. Allison B. Reiss, mencionada en el texto como integrante de la Fundación Estadounidense del Alzheimer, afirmó: “Las emociones positivas son buenas para el cerebro y el cuerpo”.
El artículo sostuvo que el afecto positivo y el sentido de propósito se asociaron en investigaciones recientes con menor riesgo de demencia. Además, planificar actividades implica un ejercicio mental activo y puede ayudar a reducir el estrés cotidiano, un factor ligado a la salud cerebral.
Otros hábitos que se suman a la prevención
Además de las acciones de la mañana, EatingWell incluyó otras pautas que suelen aparecer en estrategias de prevención del deterioro cognitivo y la demencia: seguir una dieta mediterránea, dormir bien y mantener actividad cognitiva y social.
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En la práctica, esto implica priorizar verduras, legumbres y pescado; sostener un descanso nocturno suficiente; y reservar tiempo para socializar o aprender, con el objetivo de apoyar la memoria y el funcionamiento mental con el paso de los años.
El texto también subrayó que no todos los riesgos se pueden modificar, pero que las decisiones diarias sí influyen en variables que sostienen la salud cerebral. Con el tiempo, integrar prácticas simples puede mejorar el descanso, la hidratación, la circulación sanguínea y la regulación del estado de ánimo, factores asociados con la preservación de la atención y la memoria durante el envejecimiento.
A ese esquema se suman conductas de base que suelen recomendarse en guías de envejecimiento saludable: mantener controles médicos periódicos, gestionar el estrés, limitar el alcohol, evitar el tabaquismo y sostener la actividad física a lo largo de la semana.
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En conjunto, la lógica preventiva apunta a reducir la carga de factores que afectan al cerebro de manera indirecta, como la mala calidad de sueño, el sedentarismo, el aislamiento social y algunos riesgos cardiovasculares.