Beber té se asoció en estudios con posibles beneficios para la salud intestinal y la reducción de la inflamación, y su relación con la salud cardiovascular fue objeto de investigación científica. En el caso del té verde, especialistas lo mencionan como una opción a considerar por su aporte de antioxidantes como el EGCG (epigalocatequina galato), vinculado a menor inflamación y a cambios favorables en marcadores como el colesterol y la presión arterial. En el marco del Día Internacional del Té, un repaso por la evidencia.
Entre las infusiones más estudiadas, el té verde aparece con frecuencia como la opción principal cuando el foco está puesto en el corazón. La dietista registrada Dawn Menning explicó que su elección se apoya en su riqueza en antioxidantes, en especial en uno llamado EGCG, que puede ayudar a disminuir la inflamación y, con ello, reducir el riesgo de enfermedades cardíacas.
De acuerdo con un repaso de literatura científica, el beneficio potencial se vincula con componentes como flavonoides, polifenoles y catequinas, compuestos bioactivos presentes en el té verde y asociados a cambios en marcadores cardiovasculares relevantes.
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Qué dice la evidencia sobre colesterol LDL, presión arterial y vasos sanguíneos
“Algunos estudios han demostrado que el té verde puede estar asociado con niveles más bajos de colesterol LDL, una presión arterial reducida y una mejor función de los vasos sanguíneos”, detalló Menning. El colesterol LDL, conocido como colesterol “malo”, puede favorecer la formación de placa en las arterias y aumentar el riesgo de enfermedades cardíacas.
En ese marco, consumir té verde se asoció con una reducción del LDL y, al mismo tiempo, con un aumento del HDL, el colesterol “bueno”, según la especialista. En la misma línea, un trabajo publicado en Food Science and Human Wellness señaló que el té puede tener un efecto protector modesto sobre la salud cardiovascular, con los flavonoides como principales responsables de esa acción.
Los autores de ese estudio advirtieron que todavía hacen falta más datos para elaborar recomendaciones para la población general, sobre todo acerca de las dosis adecuadas y las formas de administración.
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El compuesto clave: EGCG, estrés oxidativo e inflamación crónica
Además del impacto en colesterol y presión arterial, el té verde se destaca por el rol del EGCG en procesos biológicos vinculados al daño vascular. Menning indicó que este antioxidante “puede ayudar a reducir el estrés oxidativo que potencialmente daña los vasos sanguíneos y puede contribuir a las enfermedades cardíacas”.
La inflamación crónica también forma parte del mapa de riesgo cardiovascular. En ese sentido, Menning sostuvo que el té verde tiene efectos antiinflamatorios que pueden ayudar a reducir marcadores inflamatorios. En términos generales, el estrés oxidativo se describe como un desequilibrio en la capacidad natural del organismo para neutralizar radicales libres, y los antioxidantes del té verde se asocian con un mayor control de ese proceso.
Cuántas tazas recomiendan
Sobre la cantidad diaria, Menning señaló que “la mayoría de los estudios sugieren que de dos a cuatro tazas de té verde al día pueden aportar beneficios”. También subrayó un punto práctico: “El té verde sin azúcar puede ser un hábito saludable, sobre todo si sustituye a las bebidas azucaradas”.
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Un artículo divulgado por Harvard Health Publications recomendó beber un par de tazas de té verde por día para obtener beneficios, y hasta tres según la cultura. A su vez, la Universidad de Maryland en Estados Unidos sugirió una ingesta diaria de 240 a 320 miligramos de polifenoles, equivalente a 2 a 3 tazas, aunque esa cifra puede variar según la marca.
En una nota previa de Infobae, se indicó que en estudios clínicos la ingesta se ubicó entre 3 y 4 tazas diarias y que los mayores beneficios se observaron cuando el consumo se sostuvo durante más de tres meses.
Cómo preparar té verde para aprovechar sus propiedades
La preparación influye en el sabor y en la extracción de compuestos. En el caso del té verde, fuentes especializadas señalaron que los aminoácidos se disuelven a 60°, mientras que los taninos se disuelven a 80°, lo que incide en la amargura y la astringencia.
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Para una infusión estándar se recomendó verter agua caliente entre 70 y 80° sobre una cucharadita de hojas secas o una bolsa individual y dejar reposar entre tres y cinco minutos. En té de hojas se sugirió experimentar con un rango de 1 a 3 minutos para evitar un sabor excesivamente amargo: en tés verdes japoneses suele funcionar 1–2 minutos y en versiones chinas 2–3 minutos.
La doctora en nutrición Qianzhi Jiang indicó que la mayoría de los polifenoles se liberan en los primeros cinco minutos de infusión, por lo que ese tiempo de reposo puede ayudar a maximizar la concentración de antioxidantes por taza.
Té verde vs té negro: qué cambia con el procesamiento de la hoja
Una diferencia central entre el té negro y el té verde está en el procesamiento. En el caso del té verde, las hojas frescas se secan, se prensan y se enrollan. Su composición incluye aminoácidos, minerales, compuestos volátiles, alcaloides como la cafeína o la teína, y otros fitoquímicos, según un trabajo publicado en la revista Chinese Medicine.
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En términos de producción, gran parte se concentra en China, Japón y la India, con exportación a Europa y América.
Ideas para incorporarlo sin azúcar y reemplazar bebidas azucaradas
Además de sus posibles beneficios, el té verde puede funcionar como alternativa práctica cuando se busca una bebida con cafeína sin azúcar agregada. Menning indicó que puede aportar un impulso de energía sin recurrir al azúcar añadido de cremas para café u otros edulcorantes.
Algunas variantes para integrarlo a la rutina incluyen tomarlo frío tras preparar varias tazas y enfriarlas, sumar limón, menta, jengibre o rodajas de naranja, o usar matcha como versión en polvo. En todos los casos, evitó recomendar azúcar refinada y sugirió, para quienes prefieren un toque dulce, optar por miel o edulcorantes naturales.
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