Un estudio reciente publicado en Nature demuestra que la asistencia temprana a guarderías influye de forma significativa en el microbioma intestinal infantil. La investigación revela que el entorno social de estos centros no solo impulsa la socialización, sino que también incrementa la diversidad microbiana en los bebés, superando el impacto del entorno familiar durante los primeros meses de vida.
Influencia de la asistencia a guarderías en el desarrollo del microbioma infantil
El inicio en la guardería marca una transformación acelerada de la microbiota intestinal de los bebés. Los investigadores identificaron que gran parte de los microorganismos presentes en el intestino de los niños proviene de sus nuevos compañeros, incluso tras solo un mes de convivencia. El contacto diario con otros bebés aparece como un factor decisivo en la adquisición de nuevas especies bacterianas.
El estudio señala que estas experiencias colectivas aportan una diversidad microbiana beneficiosa a largo plazo. El contacto directo y la exposición a múltiples fuentes bacterianas amplían el repertorio microbiano del niño en la guardería, superando la transmisión que se produce en el entorno familiar inmediato.
Hallazgos clave sobre la transmisión de microorganismos en guarderías
La investigación analizó la evolución de la microbiota de los lactantes después de ingresar a la guardería. Los resultados muestran que la proporción de microorganismos compartidos entre los bebés aumentó de manera constante durante el año.
A los cuatro meses, los niños compartían entre el 15% y el 20% de sus especies microbianas, una cifra mayor que la adquirida desde el nacimiento a través de la convivencia familiar.
Nicola Segata, microbiólogo de la Universidad de Trento, explicó que este porcentaje supera lo que los bebés habían incorporado previamente en sus propios hogares.
Además, Segata destacó que, aunque la dieta en la guardería puede influir en ciertos cambios, la transmisión directa de cepas bacterianas entre los niños, facilitada por la interacción social cotidiana, resulta determinante.
Transmisión y factores implicados en la primera infancia
El desarrollo del microbioma humano comienza tras el nacimiento, ya que en embarazos saludables el feto carece de microbioma. Después del parto, la transmisión microbiana se produce principalmente desde la madre al bebé.
Estudios previos demostraron que las personas que conviven comparten cepas microbianas, aunque el proceso de cambio de la microbiota en los primeros años de vida no estaba completamente documentado.
La nueva investigación indica que la socialización en la guardería desempeña un papel central en este proceso. El contacto frecuente con otros bebés y adultos, junto a los cambios de dieta asociados al centro infantil, contribuye a la rápida adquisición de nuevas especies bacterianas.
De este modo, la interacción social en esta etapa es crucial para el desarrollo de un microbioma diverso y potencialmente más saludable.
Metodología y seguimiento del estudio en Trento, Italia
El estudio, dirigido por Segata y su equipo, incluyó a 43 bebés de una edad media de 10 meses que ingresaban por primera vez en una guardería en Trento.
El seguimiento fue exhaustivo, con recolección de muestras fecales tanto de los bebés como de 10 miembros del personal, además de convivientes en sus hogares: 39 madres, 30 padres, siete hermanos, tres perros y dos gatos.
Las muestras se recogieron semanalmente desde el ingreso hasta el receso navideño y, en algunos casos, hasta julio. Se realizaron controles adicionales un año después del comienzo, lo que permitió observar la evolución de la microbiota bajo diferentes condiciones de convivencia y alimentación.
Impacto de convivir con hermanos y otros miembros del hogar
El análisis mostró que los bebés con hermanos mayores incorporaban más microorganismos de estos que de sus padres, desarrollando una microbiota más diversa y adquiriendo menos cepas nuevas de sus compañeros de guardería.
Este fenómeno indica que la convivencia con hermanos, quienes ya han estado expuestos a diversos entornos, puede preparar el sistema intestinal del bebé para una mayor variedad microbiana.
Se consideró también la influencia de padres y animales domésticos, aunque el intercambio más intenso de microorganismos ocurrió entre hermanos y entre los propios niños de la guardería.
Así, el entorno familiar y el social interactúan en la configuración del ecosistema microbiano infantil.
Ejemplo de transmisión específica de una cepa bacteriana
El equipo de investigación cartografió la transmisión de especies bacterianas específicas. Un caso relevante fue el de Akkermansia muciniphila, una bacteria asociada a la salud intestinal. El seguimiento evidenció cómo una cepa se transmitió de una madre a su hijo, luego de ese niño a otro compañero de guardería y posteriormente a los padres de este segundo niño.
Este ejemplo ilustra la compleja red de intercambio microbiano que se genera en la guardería, donde las bacterias pueden circular entre diferentes familias y regresar al entorno doméstico, contribuyendo así a la diversidad general del microbioma de la comunidad infantil.