¿Cada cuánto se tienen que lavar las sábanas? Los secretos del bioma de la cama y sus efectos en el descanso

La acumulación de bacterias, ácaros y hongos en la ropa de cama puede perjudicar la salud respiratoria y la piel. Consejos simples de expertos que marcan la diferencia al conciliar el sueño, según Science Focus

Dormir en una cama con alta carga microbiana incrementa el riesgo de alergias, asma y problemas cutáneos, según expertos (Freepik)

La cama, tradicionalmente asociada al descanso, es en realidad un entorno repleto de vida microscópica. De acuerdo con expertos entrevistados por Science Focus, el bioma de la cama —compuesto por bacterias, hongos, ácaros y otros microorganismos— puede afectar tanto el sueño como la salud general si la higiene no es la adecuada.

Aunque suele destacarse la importancia de la higiene del sueño, la limpieza física de la cama resulta igualmente crucial para evitar riesgos innecesarios y garantizar un descanso óptimo. Más allá de los gustos personales, algunos expertos advierten que es suficiente lavar las sábanas cada 24 días en personas sanas, pero aclaran que es clave la higiene personal y el uso de pijama.

¿Qué es el bioma oculto en la cama?

El bioma de la cama engloba todos los microorganismos presentes en sábanas, almohadas y colchones. Estos incluyen bacterias, hongos, ácaros del polvo y, en ocasiones, virus. La acumulación ocurre por la constante deposición de piel muerta, sudor y aceites corporales, residuos liberados mientras dormimos.

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Ante esto, el doctor Primrose Freestone, de la Universidad de Leicester, subrayó: “Los asientos del metro y los baños públicos se limpian todos los días. Las sábanas de tu cama no”. Si hay mascotas o convivientes, la diversidad microbiana aumenta, ya que cada uno aporta su propio conjunto de organismos.

El bioma de la cama, formado por bacterias, hongos y ácaros, puede afectar la calidad del sueño y la salud general (Imagen Ilustrativa Infobae)

Riesgos para la salud y el sueño

Dormir en una cama con alta carga microbiana puede afectar la salud, sobre todo en personas alérgicas, asmáticas, con problemas cutáneos o sistemas inmunológicos debilitados. Los ácaros del polvo, que se alimentan de células muertas y bacterias, pueden provocar síntomas similares a la fiebre del heno y agravar el asma.

El Dr. Chris Callewaert, de la Universidad de Gante, advirtió que bacterias asociadas al acné y eccema también se transfieren a las sábanas, empeorando estas afecciones. La humedad por sudor favorece la proliferación bacteriana y fúngica, y si hay enfermedades en casa aumenta la transmisión de patógenos.

Por su parte, el Dr. Matthew J Reid, de la Universidad Johns Hopkins, alertó que la acumulación de microorganismos en la zona de respiración empeora la calidad del aire y puede elevar el riesgo de apneas nocturnas o reacciones alérgicas.

La acumulación de humedad y falta de ventilación en la habitación pueden favorecer la aparición de acné y eccema (Freepik)

Factores que agravan la contaminación de la cama

Ciertos hábitos incrementan la carga microbiana en la cama. Compartir el lecho con mascotas o convivientes multiplica la cantidad de residuos biológicos. Los animales domésticos, aunque no salgan de casa, pueden portar bacterias y hongos; su saliva puede contener hasta 700 tipos diferentes de microorganismos.

Los niños, con su sistema inmunológico en desarrollo y hábitos de higiene menos rigurosos, también contribuyen a la dispersión de patógenos. Comer en la cama, usar ropa de calle o dejar maletas sobre el colchón facilita la entrada de bacterias e incluso chinches.

El especialista Freestone recordó que estos insectos pueden llegar a través del transporte público o de hoteles, y una vez instalados, resultan difíciles de eliminar. La falta de ventilación y la acumulación de humedad crean un entorno ideal para el crecimiento bacteriano y fúngico.

La presencia de niños y macotas en el dormitorio aumenta la diversidad de microorganismos y residuos biológicos en la cama (Imagen Ilustrativa Infobae)

Técnicas y recomendaciones para mantener la cama limpia

Los expertos coinciden en que la frecuencia y el modo de limpieza deben adaptarse a cada caso. Freestone recomendó cambiar las sábanas al menos una vez por semana, aunque en situaciones de calor extremo, sudoración abundante o problemas de salud aconseja hacerlo cada dos o tres días.

Callewaert estimó suficiente lavar las sábanas cada 24 días en personas sanas, pero subrayó la importancia de la higiene personal y el uso de pijama para reducir la transferencia de residuos al lecho. El lavado ideal se realiza a 30–40℃ (86–104℉) con detergente enzimático, aunque en caso de enfermedad debería aumentarse a 55℃ (131℉) o más.

En cambio, Primrose Freestone señaló que añadir un desinfectante en lavados fríos. Ventilar la habitación y dejar la cama deshecha al menos 30 minutos contribuye a disipar la humedad y reduce la proliferación microbiana.

Las almohadas requieren lavados mensuales y sus fundas con una frecuencia mayor, ya que suelen acumular aceites, lágrimas y saliva. Retirar la ropa de cama de la lavadora y secarla de inmediato reduce la carga bacteriana y previene los malos olores.

Cambiar las sábanas semanalmente y ventilar la habitación son claves para reducir la proliferación de microorganismos en el dormitorio (Freepik)

Mitos y realidades sobre la limpieza extrema

Aunque la limpieza regular es esencial, los especialistas alertaron sobre el exceso de esterilización. Callewaert explicó en Science Focus que “no nos enfermaremos por dormir en una cama sucia… Puede incluso protegernos, al favorecer el crecimiento de bacterias beneficiosas y entrenar el sistema inmunológico”.

Un entorno moderadamente expuesto a microorganismos puede fortalecer las defensas del organismo, mientras que la esterilidad excesiva favorece bacterias más agresivas. Por eso, lo recomendable es un equilibrio: una cama limpia, pero no totalmente libre de vida microbiana.

Las encuestas muestran una gran variedad de hábitos respecto a la limpieza de la cama. Según una encuesta de YouGov, el 36% de los británicos cambia las sábanas cada dos semanas, el 28% semanalmente y el 20% cada tres o cuatro semanas.

En Estados Unidos, un estudio de 2017 indicó un promedio de lavado cada 24 días. Las costumbres varían según cultura, edad y género. Además, las prácticas cotidianas se presentan como factores influyentes en el aumento de carga microbiana.

A pesar de las distintas opiniones y rutinas, la sensación de bienestar de acostarse en sábanas limpias tiene un peso psicológico. Si la frecuencia de lavado es suficiente para mantener la salud y el confort, no hay motivo para cambiarla, salvo que las sábanas muestren suciedad visible o un olor desagradable.

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