
La política poselectoral sumó en pocas horas dos señales fuertes, normales y por eso mismo llamativas en el clima de enormes tensiones que arrastra el país. Primero fue el encuentro de Javier Milei y Alberto Fernández, es decir, entre el presidente que ocupa Olivos y el que se instalará en la residencia dentro de pocos días. Después, la conversación telefónica -más que un saludo- con el Papa Francisco, que abriría finalmente la puerta a su demorada visita. Al menos por unas horas, el foco se corrió así de la expectativa por la integración del gabinete que será estrenado el 10 de diciembre y del interrogante sobre la gobernabilidad.
Por supuesto, las señales del equipo de Milei no son uniformes. Al revés, hay algunas que parecen a contramano, vestidas por interpretaciones de cálculo menor. Un caso notorio es el de las declaraciones de Alberto “Bertie” Benegas Lynch, integrante del círculo más próximo al presidente electo que llegará al Congreso en veinte días. Calificó como prioritario ir en contra de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Un planteo extemporáneo si, como se señalaba, lo que está sobre la mesa es voluntad de distensión y búsqueda de algún mecanismo que tienda a lograr consensos legislativos.
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Hubo, como si se tratara de un tema menor sometido a una jugada “táctica”, una interpretación que le asignaba a tales dichos el sentido de una pieza del puente tendido con el Papa. Casi tan elemental como suponer que la llamada que lo puso en contacto con el presidente electo fue producto de una repentización, un hecho inesperado. Por el contrario, los primeros indicios se produjeron incluso antes del balotaje y los mensajes fueron acelerados en las horas posteriores al contundente resultado del domingo.
Nada de eso, además, podría ser imaginado sin la participación medida de la jerarquía católica local. Según trascendió, hubo contactos desde la cercanía de Milei, como continuidad de conversaciones previas, ya en el final de la campaña. Se produjeron en un contexto delicado por la difusión de anteriores declaraciones del libertario y de nuevos gestos de su entorno, marcado también por la abierta posición de un sector de la Iglesia contra el entonces candidato.
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Cuando se repasa la crónica, la expresión inicial parece ser el pedido público de disculpas por parte de Milei. Tal vez haya sido efecto y no punto de partida del intento para mejorar las cosas. Nada indica que la relación vaya a transitar ahora un camino sin asperezas, en la perspectiva además de meses muy duros en materia económica. Pero la lectura política, más allá del sentido del perdón, indica que el intercambio mejora las chances de la visita papal, seguramente en el próximo otoño.
El presidente electo, a su vez, estaría despejando así uno de los frentes de tensión. La llamada llegó el mismo día en que comenzaba el proceso de transición. El encuentro en Olivos repuso en primera línea, formalmente, a Alberto Fernández. Hubo conversaciones previas entre operadores políticos frente a los recelos alimentados por Sergio Massa en la noche del domingo: dijo que la responsabilidad giraba desde ese momento hacia Milei, a la vez que trascendía su voluntad de dejar el ministerio de Economía.
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Massa revirtió después esa idea, que sólo podía agravar en extremo el efecto de la derrota, sobre todo en términos personales. Veinticuatro horas después, y aun antes de que estuviera acordada la concreción de la cita de presidentes en Olivos, fue difundido el armado de un equipo para la transición, con sus principales funcionarios. Casi en paralelo, Cristina Fernández de Kirchner hacía circular la decisión de suspender su viaje a Italia, previsto para esta semana. Y para completar, aun con una redacción que pretendía ser ácida, un comunicado informaba que CFK recibirá este miércoles a Victoria Villarruel.
Fueron, en conjunto, las primeras expresiones del oficialismo luego de la conmoción por la magnitud de la derrota electoral, que dejó a UxP más de once puntos por debajo de Milei. La crisis interna se expresa apenas por lo bajo, salvo la factura que casi al pasar les dedicó Alberto Fernández a Massa y a la vicepresidente, al tomar distancia de la responsabilidad de la caída.
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Con Massa golpeado y Alberto Fernández relegado desde hace rato, CFK y los gobernadores peronistas, además de algunas otras estructuras tradicionales del PJ, asoman como principales protagonistas para definir el perfil y el poder doméstico otra vez fuera del Gobierno. La ex presidente conserva porciones propias en el Senado y en Diputados, además del ascendente sobre Axel Kicillof y algunos intendentes del GBA. El peronismo perdió provincias, pero logró conservar nueve distritos.
Asoma además el juego para ganar espacio que viene mostrando, ya de manera marcada en la previa al balotaje, el peronismo no alineado con el kirchnerismo. Juan Schiaretti fue especialmente crítico del oficialismo -por ejemplo, frente al intento de juicio a la Corte Suprema- y Florencio Randazzo figura en los movimientos que, en breve, debe definir Milei como esquema de gobernabilidad, especialmente en el Congreso.
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Milei hasta ahora no dio a conocer los nombres de algunos ministros de peso -en primer lugar, Economía- lo cual es en sí mismo un tema para avanzar en las conversaciones de la transición. Pero, sobre todo, el armado del gabinete también definirá el modo en que piensa encarar el difícil ejercicio de gobierno que, de hecho, impone su escasa representación legislativa y en nulo poder territorial.
En ese punto, queda por verse si finalmente la sociedad con Mauricio Macri y Patricia Bullrich, luego del capítulo electoral, se expresa en un acuerdo de gestión, con funcionarios de peso, o sólo legislativo. En ese terreno, y una vez resuelto este punto crucial para el sentido de gobernabilidad que sea proyectado, también será relevante cómo termina de pararse lo que fue Juntos por el Cambio, ahora en estado de fractura.
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En cualquier caso, es un punto crucial el valor de las negociaciones en continuado como mecánica de poder, algo que entiende particularmente Guillermo Francos, con recorrido en ese terreno. Algunos otros integrantes de LLA mantienen la inercia de la campaña o de los momentos más duros de la pelea electoral. Operan, según algunos interlocutores, con soberbia o falta de comprensión sobre la partida que viene. La transición es breve y la demanda que genera la crisis, enorme.
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