El peronismo ya se prepara para gobernar, y también para ser oposición

Está a un paso de quedarse con todo: la presidencia, la mayoría de las gobernaciones y el control de los sindicatos más tradicionales

Alberto Fernández y Axel Kicillof junto a los gobernadores del PJ

El peronismo se prepara para recuperar el poder. El macrismo se lo arrebató en 2015 y parecía encaminado a conservarlo por un largo tiempo. Ahora, de la mano de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, y gracias a la sucesión de errores del Gobierno, el peronismo está a un paso de quedarse con todo: la presidencia, la mayoría de las gobernaciones, el control de los sindicatos más tradicionales y, también, una parte importante de la oposición.

Sucede que muchos de los dirigentes que, al menos en principio, no tendrían lugar en el armado que está terminando de definir Alberto Fernández, provienen de cuna peronista y se imaginan disputándole el poder más adelante al próximo gobierno.

Horacio Rodríguez Larreta sumó esta semana el respaldo de José Luis Espert

Uno de ellos, como ya se escribió varias veces después de las PASO, es el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta. Hoy parece dedicado full time a reforzar la gestión y la campaña con un único objetivo: derrotar a la fórmula que componen Matías Lammens y Gisela Marziotta en primera vuelta. Pero la misma obsesión que antes de las primarias parecía solo fruto del narcisismo, en las últimas semanas se transformó casi en un desafío de supervivencia extrema. Y esto es porque nadie se anima a predecir lo que podría suceder el 24 de noviembre en un balotaje entre el candidato de un Macri perdedor (como intentará instalar el peronismo) y un Lammens subido al carro de la victoria de Alberto Fernández. Sólo ese temor explica la foto que se difundió esta semana junto a José Luis Espert.

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En caso de superar esa prueba que cada día que pasa parece algo más complejo, Rodríguez Larreta quedaría posicionado como uno de los principales referentes de la oposición. Y tanto por sus orígenes como por la forma en la que acostumbra a hacer política, el peronismo tendría un espacio mayor al que logró alguna vez la pata peronista del PRO. En esa tarea, por lo pronto, también está embarcado su vice, Diego Santilli.

El presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, es uno de los peronistas que el actual jefe de Gobierno porteño quisiera tener a su lado en la construcción de un espacio opositor que llegue en condiciones de disputar la Presidencia en 2023. Y Monzó se muere de ganas de volver a salir a la calle a hacer política. "Hace 3 años y medio que estoy encerrado en un edificio", se quejó ante un dirigente que lo visitó en su despacho del Congreso hace algunas semanas. También le aseguró que no recibió ningún ofrecimiento de Alberto Fernández para sumarse al gabinete, pero reconoció que en ese caso lo pensaría.

Monzó, como la mayoría de los funcionarios del Gobierno, piensa en unas largas vacaciones de verano. En su caso, el destino elegido sería su pueblo, Carlos Tejedor. Pero inmediatamente después de un tiempo de descanso aparece la idea de avanzar en un armado político de corte generacional que, curiosamente, incluiría los nombres de varios peronistas, como Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo o Sergio Massa.

Urtubey le contó hace poco a un amigo que después de las elecciones sueña con tomarse dos años sabáticos, pero su interlocutor no lo tomó demasiado en serio. Randazzo por ahora no dio ninguna señal pública de estar interesado en volver al primer plano de la política. Pero, al parecer, sí lo habría hecho en algunas conversaciones privadas.

Sergio Massa viajó con Alberto Fernández a Tucumán

Massa se muestra cada vez más cómodo en el Frente de Todos. En una reunión contó hace poco que siente que su palabra es tenida en cuenta para definir los ejes de la campaña. Y que eso lo hace feliz. ¿Qué lugar ocupará a partir del 10 de diciembre?

"Yo estoy para sumar donde sea mejor. El lugar será el que Alberto disponga. No estoy en puja por ningún lugar en particular y no voy a caer en la boludez de las peleas de espacios. Mi partido y yo tenemos muy claro nuestro rol y nuestras capacidades, pero primero hay que ganar. Los que pelotudean hoy con peleas de espacios son unos imbéciles que no entienden nada. Hoy cada tipo que pelea un cargo desalienta la apertura. Y hoy solo hay que sumar para ganar", es el mensaje que transmite a quienes le preguntan por su futuro. En su entorno están los que preferirían verlo como jefe de Gabinete. No les convence ni siquiera la presidencia de la Cámara de Diputados.

Ese lugar era el que tenía reservado otro dirigente de origen peronista: el actual ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo. Para eso, Mauricio Macri debería lograr la reelección. En un gobierno de Alberto Fernández, Ritondo debería conformarse con algún cargo de menor exposición y presupuesto. En el lugar que sea, no es difícil imaginar que tendrá una relación fluida con esa mayoría de alrededor de 140 legisladores que alcanzará el PJ en Diputados.

María Eugenia Vidal y Cristian Ritondo

Entre tanto hombre peronista podría haber lugar para una mujer, la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, una incondicional de Rodríguez Larreta. Los dirigentes del PRO más refractarios al PJ, en cambio, quedarían marginados de cualquier espacio futuro en caso de una derrota. Lo mismo sucedería con Elisa Carrió y su Coalición Cívica.

La Unión Cívica Radical, el centenario partido, volverá a poner a prueba su resiliencia. Esta vez más por historia que por presente. Le quedan pocas figuras de peso. Sólo los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy), Gustavo Valdés (Corrientes) y Alfredo Cornejo (Mendoza), que dentro de dos domingos buscará asegurar su sucesión en manos de otro radical, Rodolfo Suárez. Antes de imaginar el diseño de una nueva fuerza opositora, tienen como prioridad entablar una relación cordial con el Gobierno nacional para no ser excluidos en el reparto de fondos.

No es fácil el desafío que tienen por delante todos aquellos que con más o menos diferencias integraron Cambiemos. La expectativa generada cuando alcanzaron el poder en 2015 es directamente proporcional a la desilusión que provocan ahora. Y el peronismo, en todas sus variantes, no parece dispuesto a dejar pasar la oportunidad de quedarse con todo.

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