La madrugada del viernes 10 de julio, la calle Loreto en el Centro Histórico de Cusco fue escenario de un incidente que movilizó a la Policía Nacional del Perú (PNP) y a especialistas en restauración.
Dos jóvenes, Joaquín Pacheco y Leonardo Villarejo Valdivia, ambos de 23 años, fueron detenidos tras realizar pintas con aerosol sobre el muro inca del templo Aqlla Wasi, a pocos metros de la Plaza Mayor. El hecho, registrado por las cámaras de videovigilancia, activó una rápida intervención de agentes municipales y personal policial.
Según el Centro de Operaciones de Emergencia Regional, los involucrados se encontraban acompañados de una mujer y, presuntamente, en estado de ebriedad al momento de la intervención. Las cámaras detectaron el atentado cerca de las 2:50 a. m., permitiendo que los serenos municipales cercaran a los sospechosos y los pusieran a disposición de la Unidad de Flagrancia de la Comisaría PNP Cusco.
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Restauración
El incidente provocó la aparición de tres grafitis: dos en el muro del templo Aqlla Wasi y uno frente al monumento arqueológico. Inmediatamente, especialistas del Ministerio de Cultura (Mincul) acudieron al sitio para iniciar tareas de recuperación.
Los trabajos contemplan limpieza en seco, aplicación de solventes en gel y líquido, y lavado con jabón negro, medidas que buscan preservar la integridad de las piedras incas.
El Mincul detalló que el proceso de limpieza tomará aproximadamente un día y se realizará bajo protocolos que eviten daños adicionales a los lienzos pétreos. La acción preventiva de las autoridades busca evitar el deterioro irreversible de uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad.
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La Municipalidad Provincial del Cusco emitió un pronunciamiento en el que condenó los daños ocasionados y solicitó que el caso sea investigado bajo la normativa vigente. “El patrimonio no se destruye”, enfatizó la entidad, exigiendo que se establezcan las responsabilidades correspondientes.
El suceso generó reacciones inmediatas en redes sociales y entre los ciudadanos, quienes consideran los muros de Cusco como memoria viva y símbolo de identidad colectiva. Este episodio le recuerda a las autoridades la importancia de reforzar la vigilancia sobre el patrimonio cultural, especialmente en espacios con alto flujo turístico como la Plaza Mayor y sus accesos.
Consecuencias legales
A nivel legal, estas acciones conllevan consecuencias muy severas. Según el Código Penal peruano, la alteración, daño o destrucción de bienes culturales prehispánicos es un delito que se castiga con penas privativas de la libertad de entre 3 y 8 años.
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Además de la inminente pena de cárcel, los infractores deberán afrontar drásticas sanciones civiles y administrativas, asumiendo el costo total de la reparación, enfrentando multas de hasta 1000 UIT y sufriendo el decomiso de los materiales utilizados.
“Los responsables podrían afrontar una pena de hasta ocho años de prisión por el presunto delito de afectación al patrimonio cultural, conforme a lo establecido en el Código Penal”, precisó el gerente del Centro Histórico del Cusco, Juvenal Zereceda.
La determinación de la sanción quedará en manos del Ministerio Público y el Poder Judicial. El operativo incluyó la incautación de una lata de pintura en spray blanca, empleada en las pintas.
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