La NASA identificó un aumento inusual de agua cálida frente a las costas de Perú, lo que anticipa la formación de un nuevo episodio de El Niño y genera alerta entre científicos y sectores productivos de Sudamérica.
El hallazgo se logró gracias al satélite Sentinel-6 Michael Freilich, operado en conjunto con la Agencia Espacial Europea (ESA), que registró una onda Kelvin de gran magnitud desplazándose en el Pacífico oriental.
De acuerdo con un reporte internacional, la observación satelital reveló una masa de agua más cálida y elevada en el Pacífico oriental, considerada una señal inequívoca de que El Niño se encuentra en proceso de gestación.
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La medición de la altura del mar, determinada por el calentamiento y la expansión del agua, permitió anticipar este desarrollo meses antes de que sus efectos se manifiesten en el clima global.
Josh Willis, investigador de la NASA y científico del proyecto Sentinel-6, explicó que el episodio actual “comenzó algo más tarde que los grandes El Niño de 2015 y 1997, pero está empezando a tomar impulso”.
Según los registros analizados por la agencia, en mayo el nivel del mar frente a Perú superó en más de 15 centímetros el promedio de largo plazo, lo que indica una significativa acumulación de calor en la región.
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El rol de los vientos
El seguimiento de la NASA muestra que las ondas Kelvin suelen originarse tras alteraciones en los vientos alisios, que normalmente desplazan las aguas superficiales del Pacífico desde América hacia Asia. Cuando estos vientos pierden intensidad o cambian de dirección, grandes volúmenes de agua cálida migran hacia las costas sudamericanas.
Este proceso desencadena la sucesión de ondas cálidas y la acumulación de agua elevada frente a países como Colombia, Ecuador y Perú. La vigilancia satelital permite no solo observar la evolución del fenómeno en tiempo real, sino también mejorar las previsiones sobre eventos meteorológicos extremos y brindar herramientas para preparar a las comunidades costeras.
Impacto y escenarios
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina confirmó, con más del 80 % de probabilidad, que El Niño se consolidará entre junio y agosto de 2026, afectando la campaña agrícola y ganadera 2026/27. Los especialistas advierten que este fenómeno amplifica la variabilidad climática regional y puede generar tanto oportunidades como riesgos.
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Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, señaló que los excesos hídricos tienden a concentrarse en determinadas cuencas, mientras que otras áreas pueden experimentar condiciones favorables para la agricultura.
Por su parte, la meteoróloga Natalia Gattinoni anticipó que durante el invierno austral las precipitaciones acumuladas podrían ubicarse en valores normales o superiores al promedio en el centro y norte de Argentina, aunque algunas zonas de la región Pampeana y Cuyo podrían registrar lluvias normales o inferiores. Además, existe mayor probabilidad de temperaturas medias por encima del promedio en todo el territorio.
Consenso y advertencias
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) coinciden, según Infobae, en que la probabilidad de desarrollo de El Niño supera el 80 % para el trimestre mayo-julio de 2026 y alcanza el 96 % para el invierno del hemisferio norte 2026-27.
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Aunque las condiciones actuales siguen siendo neutras, los modelos muestran una expansión de temperaturas superficiales superiores a lo normal en el Pacífico central, lo que confirma que el fenómeno está avanzando.
El concepto de “super El Niño” se aplica cuando la temperatura en la región Niño 3.4 del Pacífico central supera los 2 °C por encima del promedio durante varios meses. La NOAA y el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo (ECMWF) estiman una posibilidad del 25 % de que el episodio alcance esta magnitud en 2026.
El ECMWF prevé anomalías que podrían llegar a 3,3 °C hacia septiembre, aunque la intensidad final dependerá de la interacción entre océano y atmósfera en los próximos meses.
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La OMM recordó que los super El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 provocaron impactos severos en sistemas climáticos y económicos globales, con pérdidas superiores a USD 30.000 millones y cerca de 24.000 víctimas.