Lo que comes hoy es la medicina que tomarás mañana

El mantenimiento del bienestar físico y mental depende, en parte fundamental, de los hábitos alimenticios adoptados desde etapas tempranas, aspecto respaldado por diversos estudios recientes del campo de la salud pública y nutricional

La nutrición adecuada es un determinante principal de la salud y puede prevenir enfermedades como obesidad, diabetes y cáncer. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El pasado 7 de abril se conmemoró el Día Mundial de la Salud, una fecha que desde 1948 nos recuerda que la salud no es un privilegio, sino un derecho fundamental de todo ser humano. Sin embargo, ejercer ese derecho implica entender la salud en su dimensión más amplia: no basta con no estar enfermo. La verdadera salud exige un estado de bienestar completo —físico, mental y social— que está moldeado, a su vez, por una compleja red de determinantes que van desde las condiciones personales y económicas de cada individuo hasta el entorno social y ambiental en el que vive. Alcanzar ese ideal, entonces, no depende únicamente de la voluntad individual, sino de cuánto nos acerca o nos aleja de él el contexto en el que cada uno desarrolla su vida.

En consulta, mis pacientes me preguntan cómo evitar la diabetes, cómo alejar el cáncer, cómo vivir más y mejor. La respuesta científica, aunque incómoda, suele empezar en el mismo lugar: en la mesa. La nutrición es uno de los determinantes más poderosos de nuestra salud, y sin embargo, es uno de los que más ignoramos.

La nutrición es considerada un determinante primordial de la salud. Una nutrición adecuada es un factor que por sí solo puede contribuir positivamente con el mantenimiento de la salud. La malnutrición, por otro lado, tanto por déficit como por exceso incrementa sustancialmente el riesgo de padecer enfermedades como la obesidad, diabetes o cáncer; la malnutrición también reduce exponencialmente las posibilidades que tiene una persona de enfrentar o recuperarse de una enfermedad.

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La malnutrición, tanto por déficit como por exceso, aumenta el riesgo de enfermedades crónicas y dificulta la recuperación de la salud.

La nutrición como estrategia de prevención y fortalecimiento de la salud

La nutrición como parte de un estilo de vida saludable que incluya ejercicio regular, sueño, ausencia de consumo de alcohol o tabaquismo es una de las estrategias más poderosas que existen para prevenir la enfermedad y fortalecer la salud.

Una alimentación balanceada, es decir, aquella que incluye todos los grupos alimentarios contribuye con el consumo de cantidades suficientes de proteína, grasa de buena calidad, hidratos de carbono, vitaminas, minerales y una amplia gama de pigmentos naturales que actúan como antioxidantes. La proteína acompañada de ejercicio fortalece la masa muscular; las grasas de origen vegetal fortalecen las membranas corporales y el cerebro; la fibra promueve el aumento en número y diversidad de las bacterias intestinales benéficas, conocidas como microbiota; las vitaminas y minerales fortalecen el sistema inmunológico y permiten el funcionamiento normal de todos los componentes corporales; los pigmentos encontrados en frutas y verduras reducen la concentración de sustancias tóxicas en la sangre, por tanto, el riesgo de padecer enfermedades como el cáncer.

La indicación nutricional sin supervisión profesional, tomada de redes sociales, puede agravar enfermedades y poner en riesgo la vida. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La nutrición es un pilar fundamental en la recuperación de la salud

La evidencia disponible ha demostrado categóricamente que la nutrición es una pieza clave la lucha del organismo frente a una enfermedad, así como la rehabilitación posterior a ella.

Las personas con malnutrición deben pasar hasta un 50% más tiempo internadas en comparación con aquellas que no presentan malnutrición. Los efectos secundarios de los tratamientos medicamentos son mucho más intensos y la recuperación posterior a una cirugía es mucho más larga en personas que presentan algún tipo de alteración nutricional. Los pacientes con problemas renales se benefician considerablemente de una alimentación y nutrición bien estructurada e incluso pueden reducir considerablemente la velocidad de progresión de la enfermedad. Del mismo, se pueden citar decenas de beneficios asociados con el manejo de infinidad de enfermedades cuando existe un tratamiento nutricional especializado.

Una balanza simbólica compara alimentos saludables con ultraprocesados, ilustrando el profundo impacto de la dieta en la salud. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ciencia de la nutrición ha acumulado décadas de evidencia que no deja lugar a dudas: una alimentación adecuada es determinante en la vida de las personas antes, durante y después de una enfermedad. No es un recurso complementario ni una recomendación opcional; es, en muchos casos, la diferencia entre la recuperación y el deterioro. Y sin embargo, persiste una brecha preocupante entre lo que la medicina sabe y lo que la sociedad práctica. Para demasiadas personas, nutrirse bien sigue reduciéndose a seguir una dieta descargada de las redes sociales, aplicada sin criterio, sin contexto y sin ninguna supervisión profesional.

Como nutricionista clínico, no puedo ignorar el riesgo que eso representa. Una indicación nutricional mal aplicada no es inocua: puede agravar enfermedades silenciosas, interferir con tratamientos médicos, profundizar deficiencias ya existentes y, en los casos más extremos, costar la vida. La nutrición es una ciencia seria, y merece ser tratada como tal. Confiarla al algoritmo de turno es, sencillamente, un lujo que nuestra salud no puede permitirse.

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