En un acto cargado de simbolismo político y rodeado de militares, el presidente de Chile, José Antonio Kast, encabezó hoy el inicio de las obras del denominado “muro fronterizo” en la frontera con Perú, un sistema que busca frenar el paso de migrantes irregulares, así como combatir el narcotráfico y el crimen organizado.
Desde la línea limítrofe con Perú, Kast recalcó que esta intervención es una respuesta directa a la crisis migratoria que —según sus palabras— ha puesto en jaque la seguridad, la salud y la economía chilena en los últimos años.
El presidente chileno vinculó el avance del muro a una demanda nacional sin matices partidarios: “El narcotráfico, el crimen organizado, la inmigración ilegal no tienen color político. Los niños que son abusados o usados como pasaporte, y ustedes lo pueden ver en el centro fronterizo, están agradecidos de que un gobierno se preocupe de verdad de que no sean instrumentalizados.”
La promesa electoral
Kast subrayó que este muro no es solo una obra física, sino el cumplimiento de una promesa electoral y una decisión respaldada por autoridades locales y nacionales. “Lo planteamos en la campaña y hoy día podemos decir que comenzamos a frenar esa inmigración irregular que en los últimos años trajo más de ciento ochenta mil personas a Chile que entraron por la ventana. Y esta es la ventana que estaba abierta. La estamos cerrando”, sentenció.
El mandatario reconoció que muchos migrantes llegaban forzados, empujados por la falta de libertad en sus países de origen, pero enfatizó que el costo para Chile ha sido alto: “En salud, una salud que fue sobrepasada (...), en educación, ¿cuántos niños no han tenido posibilidad de una educación porque no hay espacio para ellos? En vivienda, la posibilidad de acceder a una casa o arrendar a un valor razonable se ha vuelto casi imposible.”
“Perú anhela la paz para su región”
Kast agradeció el respaldo de alcaldes, concejales, consejeros regionales, diputados y senadores, a quienes definió como “el motor de que esto comenzara”, y mencionó el trabajo previo de coordinación con autoridades peruanas: “Estuvimos en Perú también planteando que íbamos a hacer esto, porque para nuestros vecinos peruanos esto no es desconocido. Ellos también anhelan la paz para su región.”
El presidente fue enfático al señalar que la obra va más allá de un simple muro o zanja. “Esto no es solo una zanja, es mucho más, es un sistema. Si miran hacia arriba, verán puestos de observación. Si miran hacia el mar, también. Hay un sistema que se va perfeccionando y que viene desarrollando el ejército con trabajo anterior. Aquí hay barreras físicas, tecnológicas y humanas.”
Kast reconoció que el crimen organizado es capaz de sortear obstáculos físicos, por lo que insistió en la necesidad de una presencia permanente de las fuerzas de seguridad y una cooperación internacional sostenida. “Esto requiere una presencia permanente de las policías, hoy con el refuerzo de las Fuerzas Armadas, pero es un sistema integral que requiere conversación a nivel internacional, el trabajo con otras naciones. Este es solo el comienzo. Serán muchos kilómetros los que se bloquearán.”
El muro de la polémica que involucra a Perú
El despliegue de fuerzas de seguridad y la declaración de estado de emergencia en Tacna marcan la reacción inmediata del gobierno peruano ante la edificación de un muro fronterizo por parte de Chile. La medida, impulsada por la administración de José Antonio Kast y enmarcada en el denominado “Plan Escudo Fronterizo”, ha alterado la dinámica tradicional entre ambos países y ha situado la frontera en el centro de la agenda política y diplomática.
La barrera, que incluye muros de hasta cinco metros de altura y zanjas de tres metros de profundidad, apunta a frenar el ingreso irregular de migrantes a Chile. Esta construcción amenaza con originar un “efecto embudo” en el lado peruano, donde podría producirse una acumulación de personas, especialmente en la región de Tacna. El gobierno peruano ha respondido incrementando la presencia de la Policía Nacional y de las Fuerzas Armadas en la zona, para evitar alteraciones del orden y atender posibles emergencias humanitarias.
La frontera terrestre que comparten ambos países se extiende a lo largo de 169 kilómetros y se rige por el Tratado de Lima de 1929. Los trabajos de construcción se concentran en áreas próximas al Paso Fronterizo Chacalluta en Chile y Santa Rosa en Perú, puntos críticos para el tránsito y la economía regional. El despliegue de maquinaria pesada y fuerzas militares cerca del límite ha generado inquietud en las autoridades peruanas, que han advertido sobre la posibilidad de tomar medidas adicionales si la seguridad nacional se ve comprometida.
Postura oficial y respuesta diplomática de Perú
La Cancillería peruana, encabezada por Hugo de Zela, ha dejado claro su respeto por la soberanía chilena, aunque bajo estricta vigilancia del impacto que la obra pueda tener sobre la seguridad nacional y los derechos de las personas en la frontera. El gobierno ha asegurado que monitorea el avance de las obras y ha emitido respuestas oficiales para garantizar que no se vulneren los acuerdos bilaterales.
El Ejecutivo peruano, a través de la Presidenta del Consejo de Ministros, Denisse Miralles, ha comunicado que se están evaluando los decretos emitidos por el gobierno chileno. La funcionaria Denisse Miralles expresó que Perú no dudará en implementar “medidas propias” si la seguridad del territorio se ve amenazada por el despliegue militar o el avance de la construcción en el límite.
En cuanto a la gestión migratoria, tras reuniones entre el canciller De Zela y el presidente chileno, ambos países acordaron la creación de un Comité Binacional de Cooperación Migratoria. Este espacio reúne a las cancillerías y ministerios del Interior para coordinar acciones ante la presión migratoria en el eje Tacna-Arica, buscando evitar incidentes y garantizar la protección de los derechos de las personas en tránsito.
Efectos en la migración, la seguridad y la integración regional
Las autoridades peruanas han reforzado la vigilancia en el lado nacional con contingentes de la Dinoes, siguiendo de cerca tanto las excavaciones de zanjas como la edificación del muro bajo supervisión directa del presidente chileno en la zona de Arica. El incremento de controles pretende anticipar cualquier alteración en el flujo de migrantes y proteger la integridad de quienes quedan varados en la frontera.
El gobierno peruano declaró el estado de emergencia en Tacna como medida preventiva, con el objetivo de incrementar la presencia policial y militar. Esta decisión responde a la preocupación por el potencial aumento de migrantes en situación vulnerable, tras el cierre o la restricción del paso hacia Chile.
La construcción del muro también introduce desafíos para la economía y la integración entre las ciudades de Tacna y Arica, cuya relación tradicionalmente ha sido dinámica y fluida. Analistas advierten que la barrera física podría dificultar el comercio y el tránsito, alterando la vida cotidiana de ambas comunidades.