La lluvia no dio tregua en el norte del país. En Chulucanas, el agua avanzó por calles y veredas hasta concentrarse en los puntos más bajos de la ciudad. Uno de ellos fue la iglesia San José Obrero, un templo con peso histórico para la comunidad católica local y con un vínculo directo con el actual pontífice, el papa León XIV.
El desborde no llegó por un río cercano, sino por la propia configuración urbana. Las precipitaciones intensas saturaron las redes de drenaje y el caudal buscó salida hacia la parroquia. El agua ingresó al recinto y cubrió los pisos, mientras vecinos y miembros de la comunidad intentaban retirarla con baldes para evitar daños mayores.
La emergencia no quedó limitada al espacio religioso. Sectores vulnerables de la ciudad reportaron aniegos severos. Las escenas de calles convertidas en canales y viviendas afectadas marcaron la jornada en distintos puntos del distrito.
El templo anegado por el colapso del drenaje
La situación fue confirmada por Marina Ruiz Díaz, integrante del equipo parroquial, en declaraciones a TVPerú. Según explicó, la ubicación del templo resultó determinante. “Nuestra parroquia está en una zona baja donde todos los caudales de las calles desembocan aquí. Las lluvias han sido muy intensas y las redes no son de las mejores, lo que complica las inundaciones”, señaló.
El agua llegó desde las calles aledañas y terminó dentro del recinto. Las imágenes difundidas muestran a vecinos formando cadenas para sacar el agua con recipientes improvisados. El esfuerzo colectivo no logró contener por completo el aniego. Los pisos permanecen cubiertos y la infraestructura enfrenta riesgo si la humedad persiste.
La vereda elevada que rodea el templo tampoco funcionó como barrera. El nivel del agua superó esa protección e ingresó al interior. Ruiz Díaz advirtió que los recursos parroquiales resultan insuficientes frente a la magnitud del problema. “La parroquia hace grandes esfuerzos con recursos muy limitados; solo alcanzan para paliar la situación”, sostuvo.
La iglesia San José Obrero no es un templo más para la comunidad. En 1983, el entonces sacerdote Robert Prevost desarrolló allí una labor pastoral que dejó huella entre los fieles. Décadas después, ese sacerdote se convirtió en el papa León XIV, lo que otorga al lugar un valor simbólico adicional para la población.
Asentamientos humanos bajo el agua
La vocera precisó que la emergencia alcanza a varios asentamientos humanos y sectores vulnerables. Entre ellos mencionó 28 de Julio, Consuelo de Velasco y Carlos Mariátegui, además de las zonas de Viácara y Villa Mercedes. En estos puntos, las viviendas presentan inundaciones severas.
“Las familias sufren mucho con estas lluvias. Si el templo está así, imagínense cómo están sus viviendas”, expresó Ruiz Díaz. La comparación refleja la gravedad del panorama en zonas donde las construcciones suelen tener menos protección frente a fenómenos climáticos de este tipo.
Las calles convertidas en corrientes de agua dificultan el tránsito y complican la evaluación de daños. En varios sectores, el agua permanece estancada, lo que incrementa la preocupación de los vecinos por posibles afectaciones estructurales y problemas sanitarios.
Entre las necesidades urgentes, la representante parroquial mencionó la elevación del nivel del piso del templo, la reparación del techo que presenta filtraciones y la renovación de las redes de agua y alcantarillado. Estas mejoras formarían parte de un proyecto relacionado con la denominada “ruta del Papa”, comprometido por la municipalidad y la Caja Piura, aunque los trabajos aún no comienzan.
Ruiz Díaz pidió la intervención de las autoridades competentes. “Defensa Civil debe identificar a las familias afectadas y brindar apoyo urgente”, enfatizó. La solicitud apunta a una evaluación técnica que permita dimensionar el impacto real de las lluvias y canalizar ayuda para los damnificados.
Mientras el agua sigue marcando el ritmo de la ciudad, la comunidad intenta proteger lo que puede. En el interior del templo donde el entonces padre Robert Prevost ejerció su ministerio pastoral en la década de 1980, los vecinos continúan retirando el agua con medios básicos, a la espera de una respuesta que permita enfrentar no solo la emergencia actual, sino también las fallas estructurales que la hicieron posible.