La muerte de Willie Colón, leyenda de la salsa y uno de los grandes arquitectos de la música latina, ha dejado una huella profunda en el mundo artístico.
En diálogo con el programa Siempre en casa de RPP, el sonero peruano Melcochita compartió sus recuerdos sobre el trombonista, evocando anécdotas personales que desmontan la imagen de un artista de carácter duro y revelan el lado más generoso y creativo de la estrella neoyorquina.
Melcochita, referente de la salsa peruana y testigo directo de la era dorada del género, describió en exclusiva cómo fue trabajar junto a Colón en los escenarios y en los momentos íntimos de camaradería musical.
“Willie Colón era bien chome, una persona liberal. Parábamos siempre con Papo Pepín y José Mangual Junior. Yo solo he hecho coros con él, cuando recién llegué con mi primo Vargas. Cuando me veía cantar y frasear, me decía: ‘Mira, ‘remolacha’, eso no se estudia, ni hay universidad. Eso nace. Lo tuyo es innato. No hay que ser cubano ni puertorriqueño, la persona nace con ese don para cantar la música con el swing que tú tienes’”, recordó el artista, resaltando el impulso que el propio Colón le dio para perseverar en la música.
“Willie Colón era muy sencillo”
Frente a la pregunta recurrente sobre el supuesto temperamento irascible de Colón, Melcochita desmintió la versión popular: “Eso siempre la gente habla, pero él era bien bonachón, chévere. Por supuesto, cuando ensayaba y faltaba alguien, se ponía bravo, pero era muy humano y sencillo”, puntualizó, añadiendo matices a la imagen pública del músico.
En el mismo espacio, Melcochita profundizó sobre el aporte de Willie Colón a la salsa global. Para el sonero peruano, Colón fue “una persona muy creadora, con composiciones bravas”.
Subrayó que, a diferencia de cantantes con voces potentes como Héctor Lavoe, Adalberto Santiago o Pete ‘Conde’ Rodríguez, Colón poseía una voz comercial, distinta, que conectaba con el público por el sabor y la autenticidad que transmitía. “él no era un cantante profesional al estilo típico, pero lo que cantaba, pegaba, porque le daba ese sabor a la salsa, inventó su propio estilo y muchas de sus canciones se convirtieron en clásicos”, afirmó Melcochita.
El sonero también envió un mensaje a los peruanos salseros para mantener viva la memoria de Colón “como una leyenda, como un ícono, igual que se recuerda a Héctor Lavoe, Johnny Pacheco y Pete ‘Conde’ Rodríguez”. “Que me lo recuerden a Willie como un grande, como una leyenda que ha sido en el mundo de la salsa”, expresó.
Hasta siempre, Willie
El fallecimiento de Willie Colón el 21 de febrero en Nueva York, a los 75 años, fue confirmado por su familia a través de un comunicado: “Partió en paz esta mañana, rodeado de su amada familia. Aunque lloramos su ausencia, también nos regocijamos con el regalo eterno de su música y los recuerdos que creó”.
La muerte del artista se produjo tras varios días de rumores sobre su estado de salud, luego de que fuera hospitalizado de urgencia el 18 de febrero por complicaciones respiratorias. Aunque la familia no detalló la causa exacta del deceso, solicitó privacidad para sobrellevar el duelo.
La noticia de la partida de Colón generó una ola de homenajes y muestras de gratitud en el Perú. La cantante Daniela Darcourt publicó en sus redes: “Una estrella más que iluminará el corazón de todos los salseros en el universo... Que su música y legado viva eternamente. Hasta siempre, maestro”.
Por su parte, Willy Rivera señaló en vivo a RPP: “Willie Colón es como un familiar que estuvo en la cocina, en la sala, forma parte de la vida de muchos de nosotros, en especial en el Perú, en el Callao. El primer binomio, Willie Colón y Héctor Lavoe, nos impactó. Después, Willie Colón y Rubén Blades. Siempre fue el maestro, un genio y un hacedor de éxitos”.
Las redes sociales y medios peruanos se llenaron de mensajes de despedida: “La salsa hoy llora al más grande exponente de toda su historia”, “Ha fallecido uno de los pilares más grandes de la salsa, descansa en paz”, y “Que hoy suenen sus canciones y su trombón en todos lados. Guapea eternamente”. En el Callao, epicentro de la salsa nacional, la comunidad rindió homenajes espontáneos y reafirmó el compromiso de mantener vivo el legado del “Malo del Bronx”.
Del Bronx para el mundo
William Anthony Colón Román, nacido el 28 de abril de 1950 en el Bronx, hijo de padres puertorriqueños, se inició en la música desde niño y a los 17 años ya grababa con Fania Records. Junto a Héctor Lavoe, forjó una sociedad legendaria que dio vida a álbumes emblemáticos como El Malo (1967), The Hustler (1968), Cosa Nuestra (1969) y La Gran Fuga (1970).
A finales de los años 70, la colaboración con Rubén Blades originó discos fundamentales para la salsa, como Metiendo Mano (1977) y Siembra (1978), considerado el álbum de salsa más vendido de la historia.
Colón destacó no solo como trombonista y compositor, sino también como productor y narrador de historias urbanas, convirtiéndose en voz de los migrantes y de los barrios latinos de Nueva York, Lima y San Juan.
Su legado institucional fue reconocido con grados honorarios de universidades estadounidenses y su ingreso al International Latin Music Hall of Fame en 2000, además del Latin Songwriters Hall of Fame en 2019. Paradójicamente, nunca obtuvo un Grammy competitivo, aunque fue nominado en alrededor de diez ocasiones.
Temas como Idilio, Gitana, Oh, Qué Será, Talento de Televisión y El Gran Varón siguen sonando en celebraciones y calles, manteniendo vivo el pulso de la salsa. Con su partida, Willie Colón se une a la galería de leyendas cuya música trasciende generaciones y fronteras.