La interna libertaria en “zona electoral”

Las disputas por fondos, asistencia social y reglas de votación complican los planes del Ejecutivo hacia 2027

Javier Milei, Karina Milei y Patricia Bullrich
Javier Milei, Karina Milei y Patricia Bullrich
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Mientras el gobierno nacional enfrenta un escenario complejo en materia económica y social que ya tiene un correlato más que evidente en el humor social y en la imagen y niveles de aprobación que miden diversas encuestas, nuevos “errores no forzados”, manifiestos déficit en la comunicación y una llamativa improvisación política rayana con la torpeza, complican la agenda de reformas del oficialismo en el Congreso de la Nación.

Con un oficialismo ya lanzado de lleno a un proyecto reeleccionista que a esta altura no se avizora tan sencillo, se trata de una inoportuna combinación que genera nuevos frentes de tensión, tanto con la oposición como con los aliados e incluso con algunos alfiles propios, todo ello con potencialidades asimismo de movilizar a importantes sectores de la opinión pública.

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Si bien es cierto que el termómetro que medirá las posibilidades electorales de Milei dependerá de la evolución de los indicadores económicos, su impacto en el bolsillo de los ciudadanos y la recreación de expectativas que reviertan el cada vez más deteriorado humor social, el oficialismo tiene cifradas importantes expectativas en la agenda de reformas pendientes de tratamiento en el Congreso de la Nación.

Aún sin garantías de reelección, la eliminación o suspensión de las PASO sigue siendo un objetivo prioritario para el gobierno, que entiende que remover dicha instancia de selección de candidaturas no solo complicaría las chances de reorganización del peronismo u obturaría intentos de una confluencia amplia de sectores opositores en una suerte de frente anti-Milei, sino que también resulta vital para no exponer al gobierno a una temprana erosión de confianza y clima de incertidumbre que, como le ocurriera a Mauricio Macri en 2019, acabe complicando el escenario de cara a las elecciones generales y, luego, al ya inevitable ballotage.

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Sin los votos ni siquiera para sacar dictamen favorable en la comisión de Asuntos Constitucionales del Senado que preside el oficialista Agustín Coto, y con la resistencia de senadores aliados del PRO, la UCR y el peronismo disidente, que en muchos casos responden a los designios de gobernadores aliados, el tiempo ya comienza a apremiar al oficialismo. Es que quedan apenas 70 días para la finalización del periodo de sesiones ordinarias del Congreso, en un escenario donde resuenan además las advertencias de la Cámara Nacional Electoral respecto a la inconveniencia de modificar las reglas electorales en años electorales.

En este panorama ya de por si complejo se cuela una discusión del Presupuesto 2027 que comenzó complicada y atravesada por torpezas o tozudeces del equipo económico y la mesa política del gobierno, y que complica el tratamiento de la ley de leyes, tensiona la relación con los gobernadores y aliados, y complejiza aún más el abordaje de la reforma política.

Sobre estos nubarrones se recorta la figura de Patricia Bullrich que, como lo hiciera con la candidatura de Espert, el affaire Adorni, el crecimiento de la morosidad o los resultados de la macro en los bolsillos de la gente, volvió a desafiar la pretensión de unanimidad de Milei, esta vez por la inexplicable inclusión en el presupuesto del recorte a la asistencia de personas con discapacidad. Un tema, por cierto, que no solo generó un alto impacto en la opinión pública, sino que condujo a una sucesión de seis derrotas legislativas del oficialismo.

Lo cierto es que esta renovada polémica, que el oficialismo pretende por estas horas minimizar anunciando que se introducirán cambios en el sentido que se venía acordando con sectores dialoguistas y aliados, potencia otras discusiones asociadas con un Presupuesto que el gobierno necesita aprobar para proyectar estabilidad ante el establishment local, los mercados y el FMI. Entre ellas, los recortes universitarios, las demandas presupuestarias que exigiría el giro libertario en la cuestión Malvinas, los intempestivos recortes en la Asignación Universal por Hijo (AUH), las urgencias de las provincias y otros tantos tópicos que harán emerger en las semanas venideras una puja distributiva que recrudece en tiempos de mantas cortas.

En este escenario, el nuevo desmarque de la principal figura libertaria fuera de Milei no solo no es novedad, sino que es más síntoma de los problemas y las dificultades del gobierno, que de las propias y evidentes ambiciones de la senadora por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Como es previsible para un gobierno desde siempre atravesado por internas, desconfianzas mutuas y teorías conspirativas, estas actitudes de Bullrich multiplican las suspicacias y sospechas que anidan en el círculo más cercano a Milei, sobre todo por sus advertencias respecto a que no están los votos para avanzar con la eliminación de las PASO.

Así las cosas, con nuevos frentes de conflicto y una situación económica caracterizada por una estabilidad macro que no alcanza a aliviar ni las cada vez más ingentes necesidades de los ciudadanos ni abordar las demandas de las provincias, ni contener las expectativas de otros sectores económicos ajenos al boom extractivista, es previsible que ante un proceso electoral cuyos contornos ya comienzan a recortarse en un horizonte de incertidumbre y volatilidad, afloren dentro y fuera del oficialismo posicionamientos diferentes que se erijan en nuevos desafíos para los planes reeleccionistas de Milei.