
El 15 de junio pasado se cumplieron 66 años de la fundación de la petrolera Pecom, propiedad de los hermanos Perez Companc, que luego abrió caminos en otros mundos, como el de la construcción, y que tuvo una notable influencia en la economía argentina durante varias décadas.
Gregorio Perez Companc –fundador de la petrolera, quien falleció el pasado 14 de junio– fue, sin duda, una de las figuras empresariales más prominentes de Argentina. A lo largo de los años, Perez Companc transformó la compañía en un conglomerado de diversos intereses, incluyendo alimentos, energía, y finanzas. En 2002, finalmente, Gregorio vendió Pecom Energía a Petrobras por una suma cercana a los 1.000 millones de dólares, lo que fue una de las transacciones más grandes en la historia empresarial de Argentina.
Pero si nos remontamos a la década de los ‘50, cuando comenzaba la promisoria historia de Pecom, vale la pena destacar que, por entonces, el impuesto a las ganancias tenía apenas 20 años, y en Argentina no existían el IVA (creado en 1973). El impuesto a los bienes personales (1991) y el impuesto al cheque (2001) tampoco habían sido creados. Mucho menos el impuesto país, establecido en 2019, y aumentado y expandido sustancialmente entre 2023 y 2024.
¿A qué voy con todo esto?
Esta reflexión se despertó después de leer –en muchos comentarios de estos días– la necesidad de que en Argentina existan más “Goyos” (por Gregorio Perez Companc). Entiendo que el espíritu de estos comentarios tiene que ver con el recorrido que hizo este empresario en el país y con la forma en la que desarrolló su empresa. Lo comprendo y la receta es muy simple.
Sí, mucho más simple de lo que nos quieren hacer creer.
Si lo dicen en serio, si de verdad quieren ver más “Goyos” en nuestro país (algo que me encantaría) la clave es la que les he repetido hasta el cansancio: bajar los impuestos y ofrecer seguridad jurídica, algo que los gobiernos argentinos -lamentablemente- no parecen estar dispuestos a hacer, ¿verdad?
Emprender en Argentina, en el contexto actual, es casi un disparate. De hecho, son muchas las personas con ganas de emprender y con buenas ideas que prefieren no hacerlo. Y tiene sentido. El miedo es lógico, es racional. Y estamos hablando de lo que implica dar el primer paso.
Emprender en Argentina y sobrevivir, ya es una maravilla, algo muy poco probable.
Emprender en Argentina y alcanzar un patrimonio del tamaño del de Perez Companc, o similar, es una quimera. Lisa y llanamente, una quimera. Lamentablemente. Y lo va a seguir siendo mientras que quienes decidan sigan sin apostar por un país que no baja los impuestos –y que es cada día un infierno fiscal más grande– que tampoco prioriza la seguridad jurídica.
Es triste, pero es real. Los “Goyos” hoy son solo un sueño.
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